13. Un desayuno agridulce
Un desayuno agridulce
OLIVIA
Subo corriendo a la habitación y me doy una ducha.
Me sorprende no encontrar a Serena, aunque a lo mejor volaba o está por ahí con Ben y no lo recuerdo.
Lo que también me sorprende es el lío de cojones en el que me he metido por bocazas y por picar a Andrew Jones.
Solo quería fastidiarle, ¿vale? No pensaba acabar desayunando con su millonaria y pija familia.
¿Qué pinto yo ahí? En cuanto he visto a su madre, me he quedado con la boca abierta.
Jamás había visto a una mujer de más de cincuenta tan elegante.
¡Y eso que iba en deportivas! Y su pelo…
, su pelo era perfecto. Ni liso ni rizado, de un rubio envidiable.
¿Cómo puede ser tan guapa? Su poder adquisitivo es obvio, y no sé por qué Andrew mentiría a sus padres diciéndoles que soy su novia. ¿No estaba con la tal Camila?
Miro la hora desde la ducha y salgo lo más rápido que puedo.
Faltan dos minutos para los veinte que me ha concedido.
A ver, me estoy dando prisa, pero no pienso perder el culo por él.
Joder, ¡ni siquiera sé por qué estoy haciendo esto!
Tengo que reconocer que ha sido divertido ver su agobio y dejarlo sin palabras.
Los chicos como él parece que siempre saben lo que hacen.
Me pongo lo primero que veo, pero intento escoger prendas medio decentes. Andrew me da igual, pero puedo oír las palabras de reproche que me dedicaría mi madre si me presentara a la cita demasiado desaliñada.
—Llegas tarde —me dice Andrew, de brazos cruzados, cuando nos encontramos en la recepción.
¿Cómo le ha dado tiempo a cambiarse tan rápido? Lleva unos pantalones de marca y una camisa Ralph Lauren azul cielo. En la mano sujeta un abrigo gris que se pone al tiempo que comienza a caminar.
Hay poco movimiento en la residencia. No sé si es porque la gente está trabajando o si está todo el mundo durmiendo.
Son las nueve y media de la mañana de un domingo.
Yo solo quería salir a correr, darme una ducha calentita, bajar a desayunar con calma y tomarme un día de relax.
Incluso había planeado proponerle a Serena que esa tarde podíamos ir a Dublín.
—Este es el plan, solo hoy —dice enfatizando las dos últimas palabras—. Esto es un mal trago que solo pasarás hoy.
—¿Quién dice que tiene que ser un mal trago?
Vuelve a morderse la lengua, y yo sonrío.
—¿Puedo saber por qué les mientes?
—Ha sido mi hermana.
Su hermana. Serena me ha hablado de ella. Y Carter también. Pero aún no la he conocido.
—Tú no hables, asiente, sonríe y di que todo está bien, ¿entendido?
—¿Qué pasa si preguntan cómo…?
—Yo responderé —me corta—. Cómo nos conocimos, cómo nos enamoramos y todo ese rollo de parejas.
—Es la primera vez que les presentas a una chica, ¿verdad?
Andrew asiente.
—No sirvo para tener relaciones serias.
—Ya veo.
—Vamos, están allí.
Me aferro a la bufanda y al chaquetón de plumas blanco que me compré antes de venir a Irlanda porque aún no me acostumbro al frío que hace aquí.
—¡Hijo! —exclama y sonríe el que debe de ser su padre, que abre los brazos. Parecen tener tanta vitalidad los dos… Andrew es muy distinto a ellos.
—Hola, papá. —Se abrazan, y me quedo en un segundo plano hasta que Andrew me presenta—. Ella es Olivia.
—Ya me ha dicho tu madre lo guapa que era, pero no sabía que tanto. —Se acerca a mí—. Encantado; soy Harry, el padre de Andrew.
—Bueno, ¿tenéis hambre? Vamos a por unas tortitas —dice la madre.
Caminamos por el pueblo hasta llegar a una cafetería.
—Bueno, hace mucho frío, ¿verdad? ¿Por qué has cambiado el clima de España por el de aquí?
Miro a Andrew de reojo, pero no dice nada. Supongo que puedo hablar.
—Sí, bueno, surgió la oportunidad de entrar en la compañía justo en un momento de mi vida en que me daba igual a qué parte del mundo ir. —Los tres me miran con atención, me siento observada—. Así que cogí las maletas y aquí estoy.
—Muy bien. En realidad, trabajar en la aviación es sobre todo tener flexibilidad para moverte a cualquier lugar —añade Harry—. He vivido en tantos países que he perdido la cuenta… —Se ríe al final de la frase.
—¿Pretendes volver con tu familia?
—De momento aquí estoy bien, aunque no me gusta estar tan lejos. En fechas señaladas voy a España a ver a mi madre. Le prometí que no estaríamos más de tres meses sin vernos.
Harry y Miriam me sonríen.
—La familia es tan importante…
Muchísimo. Y para ellos también lo parece.
Un camarero nos toma nota. Todos me miran, pero insisto en que pidan primero, y menos mal: un café irlandés para Harry, con extra de crema y dos gotas de whisky; un té matcha para Miriam… Y después estoy yo, que odio el café y el té, y lo que suelo desayunar es un maldito colacao.
—Esto…, pediré un zumo de naranja.
Sonrío nerviosa. Espero que sea natural, porque el envasado me provoca arcadas.
—Bueno, ¿a qué esperabas para contarnos que tenías novia, Andrew?
—Mira que enterarnos por tu hermana…
—Ya sabéis que soy celoso de mi intimidad —dice este por primera vez.
—¡Pero tienes novia!
—Sí, mamá, tengo novia. ¿Tan raro os parece?
—Tu hermana no era la única a la que no le gustaba que estuvieras con una chica distinta cada dos meses… ¿Cuál es vuestra historia de amor?
De pronto es como si volviera al pasado y estuviera empezando mi relación con Alejandro.
Cuándo nos conocimos, cuándo nos besamos la primera vez y comencé a sentir ilusión diaria por ver a una persona.
Me enamoré de él al instante, de la forma en que me hacía sentir plena, guapa…
Me enamoré de sus labios, y fue el primero que me hizo el amor.
Me enamoré… Está en pasado, pero lo sigo sintiendo.
Pensarlo me provoca un nudo en la garganta, y me siento arrollada por la avalancha de recuerdos, así que me excuso para ausentarme un momento.
Me niego a llorar delante de esta familia, en especial delante de Andrew. Seguro que lo utilizaría en mi contra.
—Disculpad, voy un momento al aseo.
Me levanto y corro a encerrarme en el lavabo de chicas.
Descargo todo el aire que sujetaban mis pulmones y me seco las lágrimas que comienzan a caerme por las mejillas.
Me siento más sensible que nunca y me frustra estar así, porque es un sentimiento nuevo para mí.
Siempre lo he tenido todo tan claro… Y ahora me he dado de bruces, una hostia tremenda contra la pared.
—Vamos, Olivia —me miro al espejo.
Tomo aire un par de veces hasta que me tranquilizo. Entonces salgo y sonrío como si nada hubiese pasado. He olvidado cuántas veces he podido hacer esto a lo largo de mi vida.
—¿Todo bien? —me pregunta Andrew por lo bajo.
Podría ser Alejandro y seguir respirando como si no hubiese otro corazón roto en el mundo. Es de los que fingen que les importan los sentimientos de los demás, pero solo es un truco para llevarte a la cama.
—Sí.
El resto del desayuno me limito a sonreír a la pareja de desconocidos que me miran como si fuese una estrella caída del cielo.
Sigo haciendo el paripé porque se lo he prometido a Andrew y porque Harry y Miriam son tan amables conmigo que no puedo fastidiarles la fantasía que su hijo ha creado para ellos.
Termina siendo un rato agradable durante el que intento intervenir lo mínimo posible.
Al final les digo que he olvidado que tenía una cita urgente y que no puedo quedarme el resto del día, pues han empezado a insistir para que vaya a comer a su casa.
—¿Qué te pasa? —me pregunta Andrew cuando salimos de la cafetería.
—Como te he dicho antes, has dado con la persona equivocada.
Vuelvo a la residencia.
De camino pienso en muchas cosas. Pienso en llamar a mamá, en apoyarme en ella.
No todos los días son buenos, y necesito hablar con alguien, pero no quiero preocuparla, porque ya tiene suficiente.
Echo de menos que todo vuelva a ser como antes, pero luego recuerdo lo que ha pasado, que Alejandro me ha engañado y que necesito darme cuenta de una vez por todas de que…
Me llega una notificación al móvil. El corazón se me encoge. Es él. No lo puedo creer, ha escogido el peor momento. Trago saliva.
¿Podemos hablar?
Mi respiración se agita, y necesito…, necesito…
Hago un esfuerzo titánico para no responderle, aunque me muera por hacerlo. Apago el móvil.
Pausa.
—No va a volver a tu vida —dice Serena cuando me ve aparecer con las mejillas empapadas—. Es algo que duele, pero tienes que saberlo para curarlo.
Estallo en un mar de lágrimas y me hago un ovillo a su lado en la cama. Serena me abraza con fuerza, y cierro los ojos para que este dolor pase lo antes posible.