Bésame antes de volar 8. Nuevos amigos
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8. Nuevos amigos

Nuevos amigos

OLIVIA

De pronto, la puerta de la habitación se abre y aparece una chica de mediana estatura que arrastra una de las maletas de la compañía. Va uniformada y lo primero que hace es descalzarse y rebufar algo en otro idioma. No se ha dado cuenta de que estoy aquí, y me incomoda asustarla.

—Hola —digo desde mi cama.

— Che spavento! —exclama sobresaltada, y no la entiendo—. Perdón, ¡qué susto me has dado! No sabía que llegabas hoy. —Cambia la expresión por completo cuando me ve. Parece cansada—. Disculpa, vengo de volar y estoy muerta… ¡Me he levantado a las tres de la madrugada! Tú debes de ser Olivia.

Me levanto y la saludo con dos besos. Ya llevo un par de horas aquí, y las he utilizado para deshacer la maleta y dar mi toque personal a mi parte de la habitación. Tengo que admitir que me siento algo mejor.

—Encantada de conocerte. Eres Serena, ¿verdad?

— Corretto.

—Vengo de España. —Es lo primero que se me ocurre decir.

Al tenerla delante, me doy cuenta de que es más bajita de lo que pensaba.

Me imaginaba que sería una azafata de metro ochenta con piernas kilométricas y piel y pelo perfectos que me haría sentir…

¿inferior, intimidada? Serena no es más alta que yo, pero es guapísima, sus rasgos son muy atractivos.

Me fijo en sus enormes gafas de pasta de color negro y en la forma en que se las quita con cansancio.

—¿Entiendes el italiano?

—Un poco, trabajé en un hotel.

Sonríe con complicidad. Parece maja.

—Seremos buenas amigas. ¿Qué tal tu llegada? ¿Ya has conocido a Libby?

—Sí. —Asiento al recordar la forma tan cercana en que me ha dado la bienvenida.

—Es encantadora, ¿verdad?

No puedo estar más de acuerdo.

—Lleva cuidado con ella, es muy falsa.

Abro los ojos sorprendida. ¿En serio? Hacía mucho que no me trataban con tanto respeto. ¿Esa sonrisa radiante era una tapadera? Me cuesta creerlo, la verdad. Aunque, por supuesto, ya iré conociéndola.

Veo que Serena coge un paquete de tabaco del bolso y saca un cigarro.

—¿Quieres?

—No, gracias.

—Mejor. Así no te meterás en problemas.

—¿No está permitido fumar?

—No está permitido aquí dentro, pero todo el mundo lo hace, así que paso de bajar al jardín o a la terraza para fumarme un cigarro que me dura un minuto.

Dibujo una leve sonrisa porque me cae bien. Parece sincera, directa, y eso me gusta.

—Bueno, voy a ahorrarte todos los errores que cometí yo al entrar. Te enseñaré la base como Dios manda.

Alguien toca a la puerta. Sin esperar a que le abramos, al instante aparece en el cuarto un chico de pelo oscuro que lleva ropa formal. ¿Aquí todo el mundo viste como si hubiera salido de una pasarela de moda?

—Pssst, Serena. ¿Qué tal anoche con Ben? —chista, y dirige la mirada hacia mí cuando se percata de mi presencia—. Oh.

—¿Qué haces aquí otra vez? —protesta la chica mientras va a su encuentro.

—Quería preguntarte por… Ya sabes… —Va bajando el tono con cada palabra.

—Mira, esta es Olivia, mi nueva compañera de habitación —dice cambiando de tema.

El chico me repasa de arriba abajo y sonríe.

—Él es Carter, el pesado de mi amigo, y…

—El chaval más atractivo de la base y SU mejor amigo —enfatiza mientras entorna los ojos hacia Serena y me sonríe al mismo tiempo.

En dos pasos se sitúa a mi lado, y percibo el aroma más fuerte y masculino que he olido jamás. Desde luego, este tipo se echa litros de colonia… Se recoloca el pelo y, haciéndome ojitos, dice:

—Lo siento, pero tengo que preguntarlo: ¿tienes novio?

—¡Carter! —le gruñe Serena—. Lo dice de broma, él es así —me tranquiliza—. En serio, se cree un ligón, pero no liga una mierda.

—¡Estoy delante! Y eso no es verdad. Anoche tuve una cita loca, como tú con quien ya sabes, ¿no?

Me gustaría saber a quién se refiere, pero soy la nueva y aún no conozco a nadie. Serena le lanza una mirada amenazadora y él se ríe al ver que la ha hecho rabiar. Mejores amigos que no se soportan, me gusta.

—¿Eres piloto?

Serena suelta una carcajada y se tapa la boca con la mano.

—Qué más quisiera él.

—Me ha preguntado a mí. Y no, por el momento, no. Soy tripulante de cabina, pero estoy estudiando para piloto —termina respondiendo con orgullo.

—Quiere ser piloto porque se liga más —interviene la italiana mientras se acerca a la ventana y se enciende el cigarrillo.

—¡Yo no he dicho eso! —protesta, pero al segundo se queda pensativo—. Bueno, sí, en eso tiene razón. —Se ríe—. Eres muy guapa y encima nueva, así que los chicos se fijarán en ti. Pero quiero que recuerdes que mi habitación es la que está dos hacia la derecha, y que soy un tío gracioso y guapo, y…

—¡Basta, Carter, la vas a espantar! —exclama Serena—. Olivia, lo hace de broma. Es un personaje que él mismo se ha creado; es así con todo el mundo, no lo tomes en serio.

El móvil de Carter suena y lo coge al instante.

—Mierda, me han sacado de la guardia. ¡Me voy! Luego me cuentas qué tal ayer —le dice a Serena—, y podemos tomarnos algo en el Pint Corner esta noche. Es jueves, habrá ambiente —comenta mirándome.

—Siempre hay ambiente, pero vale. ¿Te parece bien, Olivia?

—Sí, claro.

Me apetece conocer a gente, pero me da cosa no encajar.

Aunque siempre he sido de esas chicas que han tenido un gran grupo de amigos durante la adolescencia y la universidad, muchos de ellos se quedaron por el camino.

Algunos estuvieron en mi vida más tiempo del que pensaba, pero, desde que comencé a salir con Alejandro, me distancié de la mayoría.

Los que siguen conmigo los puedo contar con los dedos de una mano, y ellos saben que soy una chica que necesita alejarse de todo cuando las cosas se tuercen dentro de mí.

Tal vez huir no sea la solución, pero es lo que siento cada vez que tengo que volver a encontrarme.

Nos perdemos tantas veces a lo largo de la vida que supongo que cada uno adquiere su propio método.

La brecha que me ha dejado la ruptura con Alejandro ha sido enorme y ha provocado este enorme cambio.

Miro a Serena, que fuma tranquilamente, apoyada en la ventana que da al jardín trasero, donde hay varias personas. Ella no lo sabe, pero llevo dos semanas aguantando las ganas de fumar.

Algo me dice que estaré bien aquí, que no me he equivocado, porque es lo que necesito. Empezar de cero, conocerme de nuevo, perdonarme, coserme, crear una nueva vida que me lleve a lo más alto del cielo.

—Oye, ¿quién es esa persona de la que hablaba Carter? —pregunto curiosa.

Serena se vuelve hacia mí y deja escapar el humo de la última calada.

—¿Alguna vez te has enamorado?

Esa pregunta me pilla desprevenida, pero asiento con el corazón retumbándome en el pecho.

—Pues digamos que llevo más de un año enamorada de mi mejor amigo —me suelta de sopetón.

—¿De Carter?

—¡No! Eso jamás pasaría —responde con cara de espanto—. Ya tuvimos nuestra historia cuando nos conocimos.

¿En serio?

—Sé lo que estás pensando; te la contaré un día de estos, si no lo hace él antes.

—Vale.

—Se llama Ben —confiesa al tiempo que comienzan a brillarle los ojos—. Esta noche lo conocerás.

—¿Y es correspondido?

—Es jodido.

Serena baja la mirada y deduzco que no es mutuo. Creo.

—Te entiendo —digo en voz baja.

—¿Cómo?

—Digo que entiendo que sea una mierda. Yo… acabo de salir de una relación y estoy jodida.

No sé por qué, pero nos sonreímos. Me gusta mucho esta chica, he tenido suerte. Sus ojos marrones también me sonríen.

—¿Tienes hambre? —me pregunta con una mirada cómplice.

Muchísima.