Bendito Karma CAPÍTULO 24 #3
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CAPÍTULO 24 #3

—Quiero contratarte para las fotos de mi boda.

—Casi me atraganto, me voy a ahogar en frente de ella, lo disimulo, pero...

¿qué? —Sé que ahora estás con lo de la revista, pero es que me encantan tus fotos, de veras, estuve viendo tu página por horas, las fotos de la boda de Andrea son una maravilla y yo quiero algo así.

Vi que en tu página ya no quedan fechas disponibles y Samuel me dijo que tal vez es porque ahora trabajas tiempo completo, así que pensé que era mejor idea hablarlo contigo en persona y suplicarte de ser posible.

Nina, por favor, te lo suplico, quiero que seas tú la fotógrafa de mi boda.

Alto ahí, a ver ¿qué?

—¿Me estás pidiendo que tome las fotos de tu boda?

Si algo me queda claro, es que no sabe nada de lo de Benjamín y yo. Definitivamente, el pendejo sí es un buen mentiroso, ni yo me di cuenta de ella, ni ella se dio cuenta de mí.

—Por favor. —Luciana tiene una cara muy dulce, sus gestos también y el «por favor» en forma de súplica me está convenciendo. Además, que me agarra la mano y me vuelve a pedir que sea yo la que fotografíe su boda. —Te lo suplico, de nuevo.

—Puedo pensármelo.

Entonces suelta un suspiro y se deja caer en el respaldar de la silla.

—Bueno, eso funciona para mí.

—Oye ¿Puedo preguntarte cuánto tiempo llevas saliendo con Benjamín? Es para saber qué tipo de fotos tomar. Es solo superstición, un secreto que me enseñó mi abuela, las fotos deben tomarse según cuánto tiempo la pareja ha estado junta. No puede ser el mismo tipo de fotos para todos.

Sí, todo eso me lo acabo de inventar, por supuesto que no existe tal cosa y mi abuela ni siquiera sabía de fotografía, pero a ella parece emocionarle la idea y ahora me está poniendo más atención. Yo necesito saber cosas.

—¿De verdad? Bueno, es que no sé, lo nuestro comenzó totalmente platónico hace muchos meses, pero yo estaba en otra ciudad y no creo en las relaciones a distancia, el que insistía era él.

—Mira nada más. —En ese tiempo solo nos vimos unas dos o tres veces tal vez, dos veces él fue a verme y una vez vine yo a verlo a él.

—¿Él llegaba a verte a ti? ¿A otra ciudad?

—Sí. Y bueno, me llegó la oportunidad de regresar aquí y cuando se lo comenté él fue quien insistió en que tomara el cargo, entonces hasta ese momento fue cuando comenzamos a salir oficialmente.

Oye, ya sé que fue muy rápido, pero es que cuando sientes que es ESA persona, el tiempo es lo de menos ¿Nunca te ha pasado?

Maldito Benjamín.

—No, en realidad nunca me ha pasado. Por cierto, ¿él sabe que me estás pidiendo a mí que fotografíe tu boda?

—No, no lo sabe. Ni siquiera le interesan esos detalles. Ya sabes, hombres.

—Sí —secundo yo con ironía —hombres...

Todos cínicos y mentirosos.

Y tengo un mensaje de uno en mi teléfono ahora mismo:

De: Nico

«¿Quieres ir al billar conmigo, mi pulguita? No tenemos que hablarnos.»

Me hace reír, pero me acuerdo de que estoy frente a Luciana así que tomo un gesto más serio y bloqueo la pantalla de mi celular cuando ella me habla:

—¿Tienes planes hoy? Los viernes me reúno con unas amigas en mi apartamento, cosas de chicas nada más. ¿Te gustaría venir?

—Me encantaría, pero ya tengo planes.

Digo, todavía no, pero si Nico envió ese mensaje es porque sí.

Y yo no debería hacerle caso a Nico.

—¡Oh! Está bien, pero en la próxima sí ¿Okey?

—Le digo que sí con un gesto. Es que también me daría curiosidad que hablan en esas reuniones «de chicas».

—Pero júrame, por favor, que sí pensarás lo de las fotografías.

Todavía no tengo fecha exacta, pero cuando la tenga serás la primera en saber ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

—Bueno, no tengo mucho tiempo, debo ir a dejar a Mailo y regresar a la oficina para arreglar un caos, pero seguimos en contacto.

—Se pone de pie, pero el perro no quiere pararse hasta que lo hago yo.

Ah, caray. Ella paga la cuenta, aunque insisto yo en hacerlo.

Cuando está caminando hacia su vehículo el perro está tirando de la correa en mi dirección.

Santa madre. Me queda viendo cuando se sube al vehículo y lo escucho llorar hasta que Luciana cierra la ventana.

No vuelvo a encariñarme con la mascota de un hombre.

Entonces respondo el último mensaje de Nico.

Para: Nico

«¿Solos?»

Y él contesta casi de inmediato:

De: Nico

«Van mis otros amigos, pero si quieres que vayamos solos...»

Para: Nico

«No, si me decías que íbamos solos te decía que no.»

De: Nico

«Y otra vez: Eso no te lo crees ni tú, mi pulga. ¿Paso por ti? Estoy a unos veinte minutos.»

Camino a mi auto le contesto que estoy en una cafetería, las opciones que me da son venir por mí hasta aquí y dejar mi auto tirado en el parqueo, o conducir hasta mi edificio y que él pasa por mí después.

Yo por el momento no quiero regresar a mi edificio, así que voy a tomar la primera opción, ya veré qué hago después o qué lo hago hacer a él porque fue su idea.

Me dice que llega en diecisiete minutos y no, no llega en diecisiete minutos, llega en quince y tantos segundos, debería hacerlo esperar, pero me estoy congelando afuera.

En fin, sí me subo a su camioneta y me estoy poniendo el cinturón cuando él me agarra de la barbilla, me acerca a él y me planta un beso en la boca. Me quedo viéndolo, no con una buena expresión, y a él se le ocurre:

—¿Qué? ¿Cómo te decía «Hola» si se supone que no nos hablamos?

—¿Con la mano tal vez?

—¿La mano dónde exactamente? Es que se me ocurren varias cosas.

Lo peor de todo es que habla tan serio que cualquiera creería que lo está diciendo de verdad. Nico es mi karma.

—Dios mío, dame paciencia.