CAPÍTULO 15 #2
A ver, que no sé si sentirme segura con Nico, o salir corriendo… digo, podría matarme si quiere, pero… al mismo tiempo, sería la persona con quién elegiría caminar por un pasillo oscuro a medianoche, porque sé que no va a pasarme nada.
—¿Entendiste? —dice, guardándose uno de los dos lados debajo del brazo.
—Sí, me quedó clarísimo. —Obviamente yo lo digo con sarcasmo, pero me entrega el «nunchaku», para que lo intente yo. No, yo de combate solo sé cómo agarrar a otra persona del pelo nada más, pero ni siquiera soy buena en eso.
Dejo el café a un lado y me bajo de la silla. Nico se pone detrás de mí y tomando mi mano me va guiando con los movimientos, y aun así no lo capto. Mi espalda está contra su pecho y su otra mano me rodea la cintura, entonces inconscientemente mis dedos libres toman los suyos sobre mi cintura.
Nicolás huele rico, no sé qué fragancia lleva, pero es deliciosa. Además, ya tomó una ducha, porque también siento el aroma a su shampoo.
Y cómo dije, yo debería alejarme de Nico.
—Vamos, intenta golpearme a mí.
—¿Estás hablando en serio?
—¿Cuánta fuerza podrías usar tú si pesas como cien libras?
—No me jodas.
Le lanzo el primer golpe y él lo esquiva. El «nunchaku» rebota en mi torso y sí, no me hace daño. Lanzo el segundo y este lo toma con su mano tirando de mí y haciendo que su cuerpo choque con el mío.
—No la sueltes.
—¿Y cómo se supone…? —Me lo explica antes de yo terminar la frase, entonces me lo devuelve y le arrojo el siguiente que él bloquea y hago lo que me explicó.
Okey, eso no fue tan malo.
En el siguiente me tropiezo y me toma con su brazo por la cintura, me levanta y vuelve a dejarme sobre el banco del desayunador.
—Oye, eso no fue tan malo —dice.
Lo que es malo aquí es que Nico esté entre mis piernas.
Además, tenemos el rostro tan cerca, y no sé qué me pasa ¿Okey?
Nico debe estar usando algún perfume que alborota las hormonas, porque soy yo quién lo besa primero a él, y él me responde.
Dios mío. Dios mío. Definitivamente, Nico debe usar una de esas fragancias de dudosa procedencia que venden para «atraer mujeres», porque no tengo otra explicación.
Mis manos se pasean debajo de su camiseta y él pone su mano sobre la piel de mi pierna y la desliza hasta arriba subiéndome la falda haciendo que un escalofrío me recorra la columna.
Nico lleva shorts ahora mismo, de esos de tela suave y puedo sentir algo haciéndose más grande muy cerca de mi entrepierna.
No puedo evitarlo ¿Okey? Ya sé que no debería, pero mis manos bajan hasta esa parte solo para sentirlo.
Confirmo, Nico es grande… bastante. No solo él, sino su… y a él se le acelera la respiración cuando estoy pasando mi mano por ahí. Se separa de mis labios un momento, pero agarrándome la cara y muy cerca de mi boca, dice:
—Te gusta ir un paso adelante, mi pulguita. Sabes que ahora tenemos que estar empate ¿Verdad?
Yo en ningún momento le hago saber todo lo que me provoca con solo esa mano tomándome la quijada y ese tono grave en mi oreja, así que esbozo una sonrisa cínica nada más y, como siempre, lo único que le digo es:
—Buena suerte.
Un celular nos interrumpe.
Es el mío, él se separa primero para yo poder alcanzar mi teléfono que antes había dejado sobre la encimera. Tengo que bajarme y, a ver, todo lo hago de manera automática, y ni siquiera sé quién me está llamando.
Qué suerte que no es alguien indeseable.
—Nina ¿dónde estás?
Esa es Francia ¿Dónde estoy? Pues no sé, dime tú.
—¿Cómo que dónde estoy?
—Es que estoy afuera de tu apartamento, hay cintas amarillas por todas partes y por poco me da un infarto cuando golpeo y tú no sales ¿Dónde estás?
—En el apartamento de en frente.
—¿En el…?
—Sí, el que está frente a mi balcón.
No quiero decir que me estoy quedando con Nico en voz alta.
—¿Ese no es el apartamento de…?
—Sí. —Hay un silencio del otro lado. Entonces es Nicolás el que me habla a mí:
—Puede venir aquí si gustas, igual yo tengo que irme, tengo que estar en la morgue temprano ¿Ella puede llevarte a tu trabajo?
—Sí, gracias. —Cabe destacar que hacemos contacto visual un momento y este se siente intenso. Lo repito, tengo que alejarme de Nico. Entonces hablo: —Puedes venir aquí.
Francia no dice que no, de inmediato que le doy el número de piso y el del apartamento ella ya está en camino. Nico desaparece de mi vista y yo me quedo ahí replanteándome la existencia. Solo debería salir corriendo de aquí y ya está.
A ver, ¿cómo pasé de que no me cayera bien una persona a terminar tocándole todo? Y, peor todavía, ¿cómo terminé dejando que él también pusiera sus manos sobre mí sin que fuéramos absolutamente nada?
Porque no somos nada.
Ni lo seremos.
El timbre suena, esa debe ser Francia.
Y sí, cuando abro, ella está ahí. Nicolás se cambió de ropa y ahora mismo se está acercando a la puerta para salir, yo me veo en la obligación de presentarlos.
Yo ya le había hablado de Francia, bueno, no directamente, pero sí la historia con mi abuelo.
Y ella hasta ya sabe que a él le ponen el cuerno.
En fin, Nico nunca es amable, pero al menos con Francia lo intenta, y después sale directo al elevador, aunque no sin antes decirme:
—Te veo después, pulguita.
Cuando él ya no se ve, Francia se vuelve a mí:
—¿Pulguita?
—Entra.
Lo hace rápido y cierra la puerta.
—Me debes una explicación.
—Mataron a una chica en el apartamento contiguo al mío ¿Te acuerdas de la pareja horny?
—¡¿Qué?! —A ver, se suponía que no iba a contarle, porque va a ir corriendo a decirle a Glenda y a mi abuelo, y me harán volver a la casa de ellos dos. Yo ya le tomé cariño a mi apartamento.
—No le digas a nadie, eso incluye a tu abuela y mi abuelo.
—¡Pero me estás diciendo que mataron a alguien!
—Y el chico, su pareja, después de desvivirla, se suicidó, yo vi todo.
—¡¿Qué?! —Ahora parece más consternada.
—Sí, iba pasando por ahí de casualidad y se lanzó desde no sé qué piso cuando se vio rodeado por la policía. Cobarde. Todavía no lavan sus manchas de sangre, se ven desde el balcón.
¿Quién en su sano juicio va a asomarse al balcón? Ella.
—¿Te das cuenta de que estás viviendo en un lugar dónde murieron dos personas? Eso dentro de poco será un edificio abandonado.
—No digas más, el trauma todavía está fresco y por eso me estoy quedando aquí. No me estoy acostando con Nico, por si es lo que te preguntas.
—No, no me estaba preguntando eso, todavía estoy procesando que tu vecino mató a su novia y después él básicamente se quitó la vida.
—Y no puedes decirle a nadie.
—Sí, si me preguntan por qué estás quedándote aquí, solo les diré que te estás acostando con Nico. A tu abuelo le va a dar un infarto. Es más seguro decirle que alguien mató a su pareja en el apartamento contiguo.
—Claro que no. Yo ya no tengo quince años.
—Pues para él sigues teniendo quince años.
Ella se da media vuelta y ahora mira el apartamento de Nicolás.
—¿Quieres café? —Me retracto de inmediato, yo no sé usar esa máquina de espresso. —Olvídalo, no sé cómo funciona esa cosa, pero ¿quieres darle un sorbo al mío?
Ella mira de mí a la taza que ahora mismo le traigo del desayunador. Se encoge de hombros y solo me dice:
—Okey.
—¿Y por qué tan temprano por aquí?
—Ah sí, casi se me olvida, porque primero estaba procesando que te estás acostando con el amigo de tu ex y después me dices que la pareja horny está muerta.
—Que no me estoy acostando con Nico, hoy mismo vuelvo a mi apartamento… —Eso lo digo casi en un hilo de voz y tengo que aclararme la garganta.
Francia se está sacando el teléfono y después de manipularlo me lo pone en la cara.
—Benjamín se va a casar.
Yo tomo su celular. A ver, la foto de perfil de Benja es ahora una de él y la hermana de Samuel dándose un beso en la boca, él sosteniéndole la mano a ella, estirándola hacia la cámara para mostrar el anillo de compromiso.
—No me sorprende, Benja siempre me dijo que se quería casar, yo le respondía que eso no estaba en mis planes.
Él quiere una esposa tradicional, pero él no quiere ser un hombre tradicional.
Yo no voy a estar sirviéndole el desayuno todos los días a un hombre que te invita a un café y después encuentra la manera de pedirte dinero para la gasolina.
—Pero no terminaron hace… no sé ¿Dos semanas? Bueno, tú te estás acostando con su amigo.
—Yo no me estoy acostando con Nico.
—¡Ja! Todavía. Por cierto, arréglate el labial.
Me miro en el espejo y sí, tengo el labial regado por la cara, es un color sutil, pero aun así… en fin.
Tengo un texto de Nico:
«Recuerda tu medicina, pulga»
—Oye, ¿Me acompañas a mi edificio? Tengo que ir por mi auto, y no quiero ir sola.
Digo, no quiero que Nico vaya a traerme y vuelva a quedarme durmiendo en su apartamento.
—Claro, que nos asusten juntas. Vamos.