CAPÍTULO 9 #3
—A veces necesito practicar Muay Thai y Benjamín es el único dispuesto a dejarse golpear por mí, lo que no entiendo es por qué tú estuviste un año completo con él.
—Porque antes era diferente.
—O solo lo idealizabas tal vez, Benja siempre ha sido el mismo idiota de siempre.
—O sea ¿siempre tuvo a alguien más y no me lo dijiste?
—Te lo repito ¿Crees que iba a contarme que tiene una relación con la hermana del hombre que se acuesta con mi « novia»? Está medio pendejo, pero no tanto. —Creo que tiene un punto, y algo importante para mencionar es que incluso hizo comillas con las manos cuando dijo «novia».
Se aleja un momento, alcanzo a ver por la luz de la linterna que se está poniendo la camiseta. Le doy un vistazo más a las fotos y le pregunto:
—¿También sabes Artes Marciales Mixtas?
—Y Krav Magá.
Dejo de ver mi cámara y lo miro a él.
—No jodas, Nico. Tú estás preparado para el apocalipsis zombi, la invasión alienígena y la tercera guerra mundial.
Escucho su carcajada, después se acerca a mí y toma mi cámara para ver las fotos una vez más.
—Bueno, digamos que mi mamá vio en su hijo hiperactivo la oportunidad de meterlo a estudiar artes marciales mientras ella iba a la universidad.
—¿Y a qué se dedica tu mamá?
—Es la neuróloga de tu abuelo.
—No me jodas. —Mete la cámara dentro del estuche y me la entrega. —¿Por qué no me lo dijiste?
—¿Tú me preguntaste?
—Bueno, no camino por ahí preguntándole a los demás si sus madres son neurólogas. —Me quito la mochila para dejar mi cámara dentro. —Creo que tomaré clases de artes marciales mixtas con la chica rubia novia de tu amigo.
—Las clases de Vivian son para personas avanzadas, tú ni siquiera puedes dar un puntapié.
—¿Eso es un reto? —Me quita la mochila y la pone a un lado, además que la linterna se la lleva al bolsillo. A ver, yo solo estaba bromeando. Nico me toma del brazo y lo lleva a mi espalda dándome media vuelta inmovilizándome contra él y, además, me dice que me libere. —¿Qué diablos, Nico?
Mi defensa es una carcajada y Nico responde también, pero con otra llave o no sé qué sea esto.
—Defiéndete ¿Qué harías si ahora mismo aparece un grupo de caníbales y quieren llevarte?
—A este punto me dejo llevar, no quiero regresar todo ese camino a pie.
Nicolás se ríe y eso hace que libere un poco el agarre.
Después me explica cómo me tengo que liberar de él.
Sí lo intento, pero él es cómo tres veces más grande que yo, igual no está aplicando mucha fuerza, pero aun así me es imposible, hasta que él mismo cede y después me enseña otra técnica que, cuando creo que puedo dominarla, vuelve a inmovilizarme y no sé en qué momento, entre risas y forcejeos, en un intento fallido de tirar a Nico al suelo, termino a horcajadas en él, tropieza en algo, pero no se cae, lo primero que hace es sostenerme a mí con fuerza y después me pone contra la pared que, no es nada cómoda, por cierto.
—Eres de lo peor, Nicolás.
—Ya lo sé.
La linterna está en el suelo y su rostro muy cerca del mío, las piedras de la pared se me están enterrando en la espalda, pero a esas casi no les pongo atención porque la nariz de Nico casi está rozando la mía, a ver, no voy a hacerlo, no esta vez, ahora sí mejor salgo corriendo y no vuelvo a ver a Nico hasta que deje de ovular; pero no puedo, porque en ese instante siento sus labios en mi boca y después su mano sobre mi cuello haciéndome perder la cordura... otra vez.
Es que esta forma de besar de Nico ¡Por Dios!
Es algo voraz, ardiente, sensual, su mano pasa por mi pierna, por mi trasero, la piel descubierta de mi abdomen y me provoca un escalofrío sentir sus dedos pasándose por esa parte de mi torso.
Esta vez mis manos se cuelan por debajo de su camiseta y...
¡Carajo! Es que Nico tiene algo que me enciende tan fácil y eso nunca voy a admitirlo en voz alta, claro; pero ¿Por qué Nico, Dios?
¿Por qué tiene que ser él específicamente el que bese de esta forma que me prende tan rápido?
¿Por qué no alguien más? Los besos con lengua de Nico son...
¡Caramba! Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y aferro más mis piernas a su cintura.
Entonces me besa todavía con más fervor, porque sí... al parecer puede hacerlo todavía mejor.
Ya hasta perdí el poco raciocinio que me quedaba y no puedo evitar el gemido que sale de mi boca cuando sus labios bajan a mi barbilla, después a mi cuello y sus dedos se abren paso por el borde de mis leggins.
Es entonces cuando se escuchan las voces de su grupo de amigos y es él quién se detiene, me deja en el suelo y yo tengo que agarrar señal, porque hasta se me olvidó dónde diablos estoy.
¿Ahora cómo me quito el cosquilleo de entre las piernas?
Definitivamente, tengo que mantener mi distancia de Nico.
Él recoge la linterna, después mi mochila y por último la de él. Qué suerte que esté oscuro y no tenga que verle la cara. Me estoy acomodando el pelo, intentando recuperar la respiración y la cordura, tomo la mochila cuando Nico me la entrega y me aclaro la garganta para decirle:
—Esto fue tu culpa.
—Pues ya estamos a mano.
—Esto tampoco pasó ¿Entendido?