Bendito Karma CAPÍTULO 8 #3
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CAPÍTULO 8 #3

No voy a mentir, me arrepentí, maldije a Nico, a la alarma también y después me levanté porque si él dijo que estaría aquí a las cuatro, es porque va a estar a las cuatro.

Me aseo, me termino de arreglar, me lavo los dientes, no sé qué diablos tengo que usar para poder correr cómoda en caso de que me persigan unos caníbales, porque nunca le puse atención a esa parte en las películas.

En fin, leggins creo que está bien, un top y unos tenis cómodos solo por si acaso.

No sé qué más cosas tengo que llevar, porque definitivamente a mí nunca se me ha ocurrido hacer estas cosas.

Escucho el noc noc en mi puerta, veo el reloj y faltan dos minutos para las cuatro, así que no voy a abrirle, todavía no es hora.

Un noc noc otra vez y un texto suyo que me avisa que ya está en la puerta. Es hasta que el reloj marca las cuatro que me voy a abrirle.

—Era a las cuatro, no a las tres con cincuenta y ocho.

—Ah mira, sí estás despierta. —Nico entra sin yo decirle que puede pasar, pero ya da igual. —¿Estás lista?

—Todavía no ¿Qué más tengo que llevar? Solo tengo agua.

—Yo me ocupo del resto. —Toma mi mochila que está sobre la encimera y la cierra, se la lleva al hombro y lo escucho: —¿Puedes llevar tu cámara?

—Ya intuía que esto no era de gratis.

Y sí tomo la cámara, de paso le digo que él toma muy malas fotografías señalando las que se tomó a sí mismo ayer.

No es el momento… digo, son las cuatro de la mañana, pero le explico cómo tomar una frente al espejo con este lente y él se acerca interesado, trae una de las banquetas del desayunador para sentarse detrás de mí y ahora estoy entre medio de las piernas de Nico y su brazo alrededor de mis hombros cuando le pido que dispare la primera fotografía, esta está mucho mejor que las de ayer, pero ahora tengo una foto con Nico en mi cámara.

En fin, la dejo dentro de su estuche y le digo que nos vayamos antes de que me arrepienta.

De todas formas, ya es tarde para arrepentirme, así que tomo mi chaqueta, una gorra y camino a la par de Nico quién carga mis cosas, aunque la cámara la traigo yo.

Dentro del elevador la saco un momento solo para borrar las fotos borrosas que él mismo tomó ayer y, antes de que las puertas se cierren, un hombre visiblemente tomado y muy molesto hablando por teléfono entra y se detiene a mi lado.

Entonces siento la mano de Nico en mi cintura, me mueve al otro lado suyo y él se ubica entre medio de los dos.

El sujeto sale primero cuando llegamos al primer piso, casi ni espera que las puertas se terminen de abrir. Yo salgo después y Nico lo hace detrás de mí. Una vez que llegamos a su camioneta, lo que se le ocurre soltar es:

—¿Sabes? Ahora esta camioneta me trae recuerdos.

—Cállate.

Tener que viajar por tanto tiempo con Nico es una cosa bárbara, qué suerte que me quedo dormida la mitad del camino, pero entonces un frenazo me despierta, miro alrededor buscando qué es lo que acaba de pasar y lo único que escucho es:

—Ups, perdón.

—¿Ups? No me jodas, Nico.

Suelta una carcajada, no sé ni para qué acepté venir; es más, ni acepté, me obligaron.

Al menos consigue buena comida en el camino y después es otro rato más de carretera en el que ya no me atrevo a dormirme, porque…

bueno… Nico. En fin, gira a la derecha y gran parte del trayecto es sobre una calle sin pavimentar hasta que llegamos a una montaña de rocas donde supongo que hay que pasar por el túnel.

—¿Qué diablos? —Entonces me saco el celular, no quito la vista de en frente porque el bendito túnel parece sacado de una película de miedo. —Voy a enviarle mi ubicación a mi amiga, solo por si acaso.

—Es muy tarde, ya no tienes señal.

Y eso es verdad. Me guardo el teléfono y entramos al lugar que está completamente oscuro, solo las luces del vehículo y unas flechas reflectivas.

Un murciélago pega contra el vidrio y a mí casi me da un infarto, bueno…

creo que era un murciélago. A medida que avanzamos es como si las paredes se hicieran más pequeñas y llegamos a un punto donde hay dos caminos, Nico se detiene y elije uno al azar.

—Oye, yo ya me vi esta película, no termina bien.

Llegamos al siguiente tope y la misma situación, dos caminos y esta vez sí se queda pensándolo más tiempo. Okey, ya nos perdimos… en una cueva oscura, con murciélagos y posiblemente gente muerta.

—La verdad no sé cuál es, pero voy a tomar este.

—Y sí toma el que dice. Dios, yo nunca te pido nada, pero sácame de aquí.

El camino es todavía más angosto y él suelta con sarcasmo: —¿Te acuerdas de que me preguntaste si este era un viaje romántico?

Bueno, creo que moriremos juntos, después de todo sí resultó ser romántico.

—¡Claro! ¡Porque no hay nada más romántico que morir juntos en una cueva con murciélagos!

—No solo hay murciélagos, también serpientes y arañas.

—¡Dios mío! Qué karma estaré pagando contigo, Nicolás.

—Entonces miro una luz y esa debe ser la salida del túnel o ya estoy visitando a San Pedro, no sé.

La cuestión es que cuando estamos más cerca me doy cuenta de que es un bosque, hay un par de autos más y otras personas…

personas fitness y tatuadas también, yo voy a ser la única que va a desmayarse.

Mierda.

Nico aparca y yo estoy dándole un vistazo al lugar, lo veo saludar al grupo de personas y entre ellos está el tipo a quién intenta matar en sus videos de Muay Thai.

Abro la puerta y miro la vertiente que pasa por debajo, entonces él camina hacia mí, sostiene la puerta y me toma de la cintura para ayudarme a salir.

—¿Estás lista, pulga?

—No.