CAPÍTULO 8 #2
—¿Lo quieres de regreso? —Ahora es él quién se pone el dulce entre los labios. —Tómalo.
Y yo tampoco la pienso dos veces. Me inclino hacia Nicolás y con mi boca tomo el caramelo de la suya, lo hago suave, pero sin tanto cuidado como él, así que nuestros labios se rozan y, a ver…
yo debería irme, debería salir corriendo de aquí y no volver, digo «debería», pero Nico es como un imán y sus labios…
no, a ver… no voy a hacerlo, dicen que la curiosidad mató al gato…
pero ¡Bah! A la mierda, yo no soy un gato, así que…
sí, sí saboreo los labios de Nico y él de inmediato me corresponde de una forma que me hace olvidarme hasta de mi nombre…
¡Dios! Pero qué forma de besar tiene este hombre, madre mía.
No te entiendo, Valentina, no te entiendo.
Se me seca la garganta, se me acelera el corazón, se me aflojan las piernas y…
definitivamente, voy a perder la cordura.
Entonces me subo a horcajadas sobre él, inclina el asiento y envuelve su brazo alrededor de mi cintura para acercarme más a su cuerpo, con su otra mano recorre mi pierna, pasa por mi torso y va hasta la parte de atrás de mi cabeza para profundizar el beso provocándome un escalofrío por toda la columna vertebral cuando siento su lengua en mi boca.
Paso mis manos sobre su abdomen y su pecho, su camiseta no impide darme cuenta de lo definido y fuerte que está.
El cosquilleo entre mis piernas se está haciendo más fuerte y me froto sobre él cuando siento el bulto debajo de sus pantalones.
Mi celular comienza a sonar provocándome un susto de muerte.
Es hasta ese momento que caigo en cuenta de que estoy dentro de la camioneta de Nico, sobre Nico y que además…
¡Dios! ¿Qué diablos? ¿Qué diablos? Vuelvo a mi lugar rápido y tomo el teléfono que había dejado sobre el asiento.
A ver, hasta se me olvidó cómo hablar y balbuceo lo siguiente que le digo a Samuel:
—Es… —Me aclaro la garganta —Estoy en camino, tuve un atraso… —El atraso está a mi lado acomodándose el pantalón en la entrepierna.
—No te preocupes, voy a subir.
—No no, ya estoy llegando. —Mierda. En fin, dice que está bien y cuelgo. Entonces somos solo Nico y yo otra vez. —Esto es tu culpa.
—¿Mía? Yo no fui quién inició esto.
Mejor me voy.
—Esto nunca pasó ¿Entendido? —Y Nico suelta una carcajada, sí… de esas mismas burlescas y mal intencionadas. Abro la puerta, me bajo y antes de cerrar, agrego: —Hasta mañana.
Y me acuerdo de que mañana tengo que pasar todo el día con Nico.
No puede ser.
En fin, todavía estoy procesando lo que pasó y ni siquiera sé dónde quedó el bendito caramelo.
No sé en qué momento ya estoy en la recepción y ahí está Samuel esperándome en la puerta, está de espaldas hablando por teléfono y cuando le toco el brazo, voltea y esboza una sonrisa, toma la billetera que le extiendo y me pregunta:
—¿Ya estabas durmiendo? —Me mira el cabello, mi primera reacción es ver mi reflejo en el vidrio de la puerta y… a ver, llevo el pelo liso, pero parece que no me peiné en todo el día.
—No, solo estaba acostada viendo una serie. —Me acomodo el pelo con las manos y antes de que pregunte algo más lo apuro a irse: —Y tengo que terminarla, que tengas buenas noches.
—Claro. Buenas noches, preciosa. Y espero que sí regreses del lugar a dónde vas mañana.
—Pues yo también lo espero.
Ahora sí se va y yo camino directo a mi apartamento, uso el elevador porque no me quedan ganas de ir por las escaleras, adentro está el chico de la pareja hot quién amablemente me saluda con rápido asentimiento, qué suerte que la chica no esté…
Oh, no, la chica viene corriendo detrás de mí, me pasa a un lado y ¡Bam!
Se sube a horcajadas en él. Dios mío, qué Karma estoy pagando.
Yo soy la que marca el piso mientras ellos continúan besándose salvajemente ¡Dios!
Esto me trae recuerdos e intento sacarlos de mi mente lo antes posible.
Suerte que llegamos rápido a nuestro piso y es hasta ese momento que la chica se da cuenta de mi presencia. Todavía está sobre él, cabe mencionar.
—Hola, vecina. —Le respondo de la misma forma, bueno… no le digo «vecina» solo un hola a secas y ella le explica al chico que mi «no novio» y yo fuimos los que quedamos encerrados con ellos el otro día. Ella se baja de él finalmente y me dice: —¿Quieres uno?
Veo la cajita que carga… buena calidad, eh; porque los panecillos sobrevivieron al fornicio de ellos dos. No espera mi respuesta y me entrega uno que me veo obligada a tomar.
—Bueno… —Al menos ya tengo desayuno para mañana. —Muchas gracias.
—A la orden, que tengas buenas noches.
Los dos se van tomados de la mano, ella dando saltitos y él siguiéndole el paso.
Entro a mi apartamento y reviso que todo esté en su lugar, porque con Nico nunca se sabe.
De paso reviso mi cámara y me doy cuenta de que lo que hizo en esos quince minutos fue tomarse fotos de él mismo frente a mi espejo, pero lo que está enfocado es la planta de atrás.
Voy a dejarle un mensaje, pero mejor no.
Veo que publicó un estado hace un minuto y a mí se me ocurre darle un vistazo.
Es una foto de él, sin camisa, frente al espejo de su baño.
La fotografía es de ahorita al parecer, porque todavía lleva la gorra hacia atrás que tenía cuando lo vi en su camioneta.
A ver, mejor dejo el teléfono a un lado.
En fin… no dormí nada y está vez no tuvo nada que ver la pareja hot o algún «íncubo» visitándome a medianoche.
Cada vez que intentaba cerrar los ojos, las imágenes del interior del auto de Nico se reproducían una y otra vez dentro de mi cabeza.
Cuando logré concebir el sueño, un rato después sonó la maldita alarma.
No puede ser.