Bendito Karma CAPÍTULO 5 #3
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CAPÍTULO 5 #3

Sí lo hago, con él todavía al teléfono, de paso doy un vistazo rápido alrededor solo para asegurarme que no viene un tipo con un hacha a matarme y por suerte no. Escucho el bufido de Nico y después dice:

—¿Qué haces ahí?

—Esta calle no tiene tráfico.

—Sí, también tiran cuerpos de animales muertos y de personas. —Eso se lo hubiera guardado para sí mismo, ahora no me voy a quedar tranquila. Mejor me quito los tacones por si tengo que correr. —Voy para allá.

Y cuelga, yo mejor me meto en el vehículo y no salgo, voy a reproducir un dembow para que me dé menos miedo; mejor no, si se me descarga el teléfono va a ser tres veces más tétrico, así que me quedo ahí, viendo a la nada por no sé cuánto tiempo y soy testigo de cómo una camioneta blanca tira el cuerpo de un animal muerto y se va.

Okey, sí me voy a ir preparando psicológicamente para salir corriendo en cualquier momento.

Por suerte Nico no se tarda, lo veo a través del retrovisor y ahora sí me pongo los zapatos para salir.

Aparca detrás de mi auto y se está bajando de la camioneta cuando yo ya estoy caminando hacia él.

Lleva camiseta, shorts y tenis, no puedo evitar fijarme en que también tiene un tatuaje en la pierna y le digo:

—Eres como esos niños de kínder cuando se aburren y comienzan a rayar sus cuadernos, tú te rayas a ti mismo.

Entonces ahora sí se gira hacia mí:

—Tal vez debí dejarte esperando aquí hasta que anocheciera.

—No lo hubieras hecho.

Pasa a la par mía, toma el llavero de Pucca de mi mano y se va directo al capó de mi vehículo.

—La verdad que no, si te pasaba algo estoy seguro de que me ibas a atormentar como un espectro por el resto de mi vida. —Mirando el interior, pregunta: —¿Cuánto tiempo tuviste este auto guardado?

—¿Antes de que tú lo compusieras? Unos… no sé ¿Ocho meses?

—¿Ocho meses?

—O más… no sé.

Y me mira, mantenemos el contacto visual, no tiene que decir nada para yo saber qué es lo que está pensando, solo que no lo suelta, de todas formas, yo también tengo un repertorio con mil respuestas para defenderme.

—Bueno, definitivamente esto no es algo que yo puedo arreglar, pero tengo el número de alguien que sí. Y lo más probable es que tengan que remolcarlo, así que esto va a ser una buena factura.

—No me jodas. —Okey, al parecer tengo un nuevo trabajo para pagar las facturas del auto que nunca usé. —¿Puedes pegarme un tiro? Y aprovechando que estamos aquí, solo tira mi cuerpo por ahí.

—No, porque a mí me va a tocar venir a recogerte mañana y no quiero volver.

Está marcando un número y después se lleva el teléfono a la oreja, cuando cierra el capó yo lo utilizo el coche como banca porque…

bueno, ya que voy a tener que pagar bastante que al menos me sirva de silla ¿No?

Primero saco mi bolso y el folder de la revista porno.

Nico habla con el mecánico o eso es lo que parece por los términos que utiliza, yo mejor no pongo atención.

Miro mi teléfono y veo un mensaje de Samuel, uno que dice que ya quiere que sea viernes para verme.

Nicolás cuelga, recuesta sus caderas sobre mi auto y yo pregunto:

—¿Sabías que tu novia va a celebrar su cumpleaños el sábado con Samuel y su grupo de amigos fuera de la ciudad? —Ahora se vuelve a mí, de paso ve el mensaje en mi teléfono, pero no dice nada. —Me lo dijo él mismo.

—¿Te mencionó el lugar?

—No le puse mucha atención, pero ¿quieres que lo averigüe?

Saco un labial de mi bolso y con el reflejo del celular intento retocarme el maquillaje de los labios.

—No, quiero que el viernes le descargues una aplicación en su teléfono para que veamos donde está.

—Y marca algo en su celular, de inmediato el mío suena y me dice que ese es el link.

Le pregunto si es en serio y él me responde que sí guardándose el móvil.

—Quiero saber cuántas veces dice que está trabajando y en realidad está con él.

—Esto va a costarte más caro.

—¿Más caro que venir a salvarte de un lugar en medio de la nada con un posible sujeto con motosierra?

—En ese momento me estoy terminando de pintar el labio inferior, no estoy prestándole atención a lo que hace, solo escucho que su teléfono suena y entonces su brazo le pega al mío haciendo que me pinte hasta la barbilla. Él solo me mira y dice: —Ups.

—¿Ups? —Suelta una risa, le tomo el brazo para acercarlo a mí y le hago una raya con el labial en la frente.

Una segunda en la mejilla, pero esa la provoca él mismo cuando intenta moverse y casi le pinta el ojo.

Entonces, me toma por la cintura y me inmoviliza contra su cuerpo y el capó, con un solo brazo agarra mi mano e intenta quitarme el labial, yo mantengo el agarre firme hasta que la presión en mi muñeca hace que el pintalabios se me resbale y de paso yo también casi me escapo de caer, Nico reafirma su brazo alrededor de mi torso y me rodea con ambos una vez que tiene el labial en su poder.

Yo me estoy riendo, él también, hasta que caigo en cuenta que las manos de Nico están en mi cintura y él sin esfuerzo vuelve a dejarme sobre el capó. Toma el labial, le pone la tapa y después, así de cerca, comienza a limpiarme la pintura de la barbilla con sus dedos.

A ver, que a mí se me está acelerando el corazón.

Qué suerte que el mecánico se aparezca. Nico se aleja de mí y en el espejo del lado del conductor se limpia los rayones de pintura en el rostro.

Saco una toallita húmeda de mi bolso y se la entrego, con otra termino de arreglarme el labial.

Una vez que finalizo recuesto mi cadera sobre la camioneta de Nicolás.

Él me mira, se acerca para abrir la puerta del copiloto y me extiende su mano para ayudarme a subir.

Lo espero dentro de su vehículo. Desde aquí lo observo a él charlar con el señor mecánico, a mi auto ser remolcado y al sueldo que todavía no tengo desaparecer de mi vista.

Carajo.