Bendito Karma CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

—Ella es Nina. Nina, él es Alfonso. —Okey, sí es él entonces.

El sujeto Alfonso me extiende su mano y yo la tomo después de un «Hola» de parte de los dos y me dice que pase a su oficina.

Cuando le digo que sí y se da media vuelta, Samuel se vuelve a mí: —Bueno, me tengo que ir ¿Te veo el viernes entonces?

—Sí, te veo el viernes.

Se acerca a mí y se despide con un beso en la mejilla, pero más cerca de la comisura de los labios.

Vaya, sí que no pierde tiempo. Cuando se da media vuelta quito la sonrisa de los labios y me voy en dirección a dónde el señor calvo me indicó.

Lo alcanzo en la puerta de su oficina y abre para invitarme a pasar.

Ni siquiera me he sentado cuando suelta:

—¿Cuándo podrías iniciar?

—¿Para cuándo me necesitan? —Noto que está viendo mi página en su iPad. Toma el lugar al otro lado de su escritorio y después escribe algo en su laptop. Yo me acomodo en la silla de en frente.

—Lo más antes posible. —Continúa tecleando, deja a un lado su computadora y el iPad y se vuelve completamente hacia mí, con los codos sobre el escritorio y los dedos entrelazados.

—Me encanta tu trabajo, tu técnica es divina.

Bueno, como ya sabes, aquí no filmamos bodas, aquí más bien vendemos lo salvaje de la luna de miel.

—Sí, ya me lo imagino.

—Y eres versátil. Haces distintos tipos de fotografía y cada una tiene un estilo… único. —Vuelve a tomar el iPad dónde está mi página web. —Considero que vamos a adaptarnos perfectamente.

Tocan la puerta y alguien se asoma, es un tipo casi desnudo y, confirmo, sí hay gente que camine sin ropa por aquí. Le pregunta si puede llegar a una sala contigua y él le dice que sí, que lo hará en un momento, cuando la puerta se cierra, se pone de pie y me dice:

—¿Te importa si me desaparezco un momento? Ya regreso.

Le digo que no con una sonrisa y una vez que está fuera le doy un vistazo a las fotografías que tiene alrededor, además hay unas cuantas muestras de la revista en físico y le doy una ojeada a la primera.

A ver, yo había visto este lugar en publicidad nada más, porque sí, les gusta hacerse notar en grande.

La puerta se abre de nuevo y detrás de ella aparece una chica rubia usando lencería, la misma en la portada de la revista que acabo de tomar. Ella mira de mí, al lugar vacío donde estaba el encargado de este lugar hace un momento y pregunta:

—¿Tú estás haciendo audición para modelar? Porque eso es con los chicos en la otra habitación.

—No, estoy aquí por el puesto de fotografía. —Entonces ella sonríe, sale de la oficina solo un momento y llama a otras chicas, dos se asoman por la puerta justo detrás de ella y me miran. —Chicas, ella es la fotógrafa.

—A ver, no me han contratado todavía. —Me pongo de pie cuando veo que todas entran. Yo estoy usando tacones y las tres chicas están descalzas, aun así, me rebasan en altura y, además de eso, tienen cuerpazos…

—Sí van a contratarte. —Menciona la rubia. —Yo soy Rebecca y ellas son… —la morena da un paso adelante y me extiende su mano. —Deborah. —Y hace lo mismo la otra chica pelirroja. —Anastasia.

—Yo soy Nina.

Un apretón de manos era suficiente, pero a ellas les gusta abrazar y… huelen bien.

—¿Por qué están acosando a Nina? —Escucho la voz del sujeto que se llama Alfonso, cabe destacar que las chicas también lo sobrepasan en altura a él y es hasta que se abre paso entre ellas que lo miro.

—Okey, veo que ya se conocieron. Anastasia, Rebecca, Deborah, ella es Nina y ¿Pueden ir a la sala de fotografía, por favor?

Haremos unas pruebas y —se vuelve a mí: —Nina, ¿me acompañas, por favor?

Le digo que sí.

Las tres chicas salen primero y rápido llegan a lo que creo es la sala de fotografía. En todo el camino por el pasillo hasta dicha habitación me encuentro personas de todo tipo, sujetos musculosos con alas, chicas solo tapadas con cinta, otros hombres en tanga, en fin…

—Vas a trabajar solo con las chicas. —Dice Alfonso, está viendo su iPad, aunque ahora no es nada relacionado con mi página. —Pero, por si algún día tenemos que cubrir el puesto del fotógrafo encargado de los chicos, no tendrías ningún problema, ¿verdad?

—Para nada.

Entonces se detiene y yo lo hago con él, mira a su alrededor y grita el nombre de uno de los varones que está en un grupo de tres a mitad del pasillo.

—Evan ¿Puedes venir solo un momento, por favor?

—Él le dice que sí, entonces vuelve a emprender su camino y yo lo hago tras él.

Entro a la sala de fotografía y las tres chicas de antes ya están ahí.

El jefe se dirige a ellas: —¿Quién de ustedes quiere ser primera?

—La pelirroja, Anastasia, es la que se ofrece.

La chica lleva una bata… llevaba, porque se la quita y ¡Bam!

Está completamente desnuda frente a todos, pero eso aquí es como un día tranquilo en la oficina.

—Bueno, solo te voy a dar algunas instrucciones y tú las conviertes en arte ¿Ok?

También tú puedes darles instrucciones a las chicas según te parezca mejor, un par de fotos sugerentes y otras más explícitas ¿De acuerdo?

Le digo que sí con un asentimiento, dejo mi bolso sobre la silla y acomodo la iluminación del lugar, después de las primeras instrucciones de Alfonso dirijo a Anastasia sobre cómo posar, hago lo mismo con las otras dos chicas y por último con el chico que también se deja sin nada puesto.

Todo el tiempo, mientras fotografío a uno de ellos, tengo a los otros tres modelos desnudos detrás de mí y a Alfonso, quién está más concentrado en su iPad o su celular.

—Okey —dice, una vez que terminamos con todas las fotos que pide.

Las revisa una por una, anota algo en su iPad, se pone de pie y me pide que regresemos a su oficina.

Ya las chicas se están vistiendo y el tipo, Evan, se fue antes por una sesión de fotos que tenía programada. —¿Se sienten cómodas con Nina?

Todas ellas le dicen que sí.

Con un ademán me dice que lo siga y lo hago después de despedirme de las tres.

En el camino de regreso a su despacho está hablando con alguien, le pregunta si vio las fotos y, aunque no escucho lo que la otra persona le responde, él contesta con un suspiro de alivio, después una risa y le dice que sí.

Abre la puerta y yo paso primero.

—Okey, Nina. Tengo una oferta para ti. —Detrás de él, aparece un joven y le entrega un folder. —Puedes tomarte tu tiempo para pensártelo y si tu respuesta es afirmativa, solo me llamas. El pago para iniciar es este. —Y me entrega un papel, cuando miro el número enorme ahí casi me da un infarto.

—¿Este es el pago?

—Sí —Con gesto de preocupación, me pregunta: —¿Te parece muy poco? Es solo para iniciar, ofrecemos un aumento importante después de los tres meses.

—No, está bien. —Lo miro una vez más por si no me equivoqué, además acaba de decir que hay un aumento importante después de los tres meses. Él, más aliviado, se pone de pie cuando lo llaman por teléfono, pero tapa el micrófono para dirigirse a mí:

—Mi número está en el papel, si te decides solo me llamas e iniciamos cuando tú quieras. Si quieres agregar algo o quitarle algo, solo me avisas.

Le digo que sí con un asentimiento. Después de despedirme de él, salgo de su oficina y camino hasta el parqueo leyendo lo de la oferta de nuevo.

Cierro el folder, lo dejo en el asiento trasero de mi auto y yo me ubico frente al volante.

Sigo pensando que esto es una broma, pero parece que no.

Cuando salgo a la calle principal, veo la cantidad de vehículos y me pongo histérica.

A ver, no me voy a estresar, entonces investigo cual es la calle menos transitada que me lleva a mi apartamento y aunque me tome más de una hora, la calle sea de tierra y no se vea ningún ser vivo, prefiero conducir por ahí.

Okey, sí es la calle más fea que he visto, pero a lo mucho pasa un coche, así que el trayecto lo hago a mi ritmo.

Estoy intentando cambiar la música de la radio cuando escucho que el auto comienza a hacer un ruido extraño, no me voy a preocupar por eso aquí, subo el volumen para ignorarlo y de paso le agrego un poco de velocidad aprovechando que no se ve ni una mosca.

Es entonces cuando el bendito coche se apaga, yo intento encenderlo otra vez y nada, no puede ser, una vez más y no, definitivamente no.

Esto no puede estarme pasando.

Me bajo del vehículo y cuando abro el capó veo humo ¡Humo!

Madre mía, no no no. Miro para todos lados y cómo ya dije…

no se ve ni siquiera un alma en pena. A ver, que no cunda el pánico, aunque estoy a punto de comenzar a gritar como loca mientras corro de regreso a la carretera, porque… bueno, yo ya me vi esta película.

Me saco el celular, mi única opción es Francia y ella está igual o peor que yo en estos temas de autos, pero al menos puede venir a recogerme. La otra opción aparece en mi pantalla… es Nico.

No, no voy a llamar a Nico.

Bueno, tal vez sí debería porque esto se está poniendo peor y cuando intento tocar algo, me quemo. A ver, voy a intentar llamar a Nico, una vez nada más y si no contesta es mi señal para no llamarlo y…

Sí contesta, en el primer tono.

—Dime, pulga.

A ver ¿Ahora cómo le pregunto si puede venir a un lugar que ni siquiera yo sé dónde es? ¿Y explicarle cómo es que terminé aquí? ¿Y también que le subí el sonido a la música para ignorar el ruido que estaba haciendo?

—Oye… ¿No estás trabajando… de casualidad?

—No ¿Por qué?

—¿Eso de pedirte ayuda cuando lo necesitara solo aplicaba para temas médicos que incluyen a mi abuelo?

—¿Qué hiciste Nina?

—¿Yo? Nada. Fue mi auto, se averió y no sé dónde estoy.

—¿Cómo que no sabes dónde estás?

—No, solo tomé esta calle y ni siquiera sé dónde es, sé que me lleva a mi apartamento, es todo y ahora no veo ni siquiera un espíritu.

—¿Y puedes enviarme tu ubicación?

—Sí… creo.