Bendito Karma CAPÍTULO 4 #3
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CAPÍTULO 4 #3

—No lo pienso, lo vi. —Entonces Nico arruga el entrecejo.

En ningún momento cuestiona lo que acabo de decir, no me pregunta por pruebas o algo, ni siquiera puedo descifrar qué es lo que está pensando.

A ver… tal vez sí tengan una relación abierta y yo estoy quedando en ridículo. —¿Sí tienes una relación abierta?

—Tal vez sí, pero no me habían avisado.

Entonces me río, pero tal vez no debería…

No, a ver, Nico es lo suficientemente inteligente como para procesar algo así sin tirar cosas por la ventana, así que le voy a confiar mi cámara.

La saco de mi bolso y él está viendo todo lo que hago…

la enciendo, ubico las fotografías, me pongo de pie y poniéndome a su lado, le muestro la primera:

—Tú me dijiste que si alguien se enteraba que tu novia te era infiel preferías que te lo dijeran ¿no? Pues espero no hayas cambiado de opinión.

No dice nada, está viendo la foto. Esa es la primera que tomé, donde ni siquiera yo sabía que era Valentina y sí se ve claro que es ella, pero por si acaso hay una duda, le muestro la segunda y después la tercera donde se ve la cara del tipo.

—¿Cuándo fue esto?

—Ayer… Y no es todo… —Paso a la siguiente foto…

donde está Benjamín. —Benja estaba con ellos.

—Esta es la única fotografía que le hace cambiar el gesto y se queda más tiempo analizándola que las demás.

Ok, el que va a morir no es Samuel… es Benjamín.

Entonces tomo la taza de café y me lo llevo a la boca.

Por un momento, no hablamos nada ninguno de los dos, hasta que suelta:

—Benjamín es un hijo de perra. —Y yo secundo esa idea.

Toma su taza y le da sorbo, ha recompuesto la expresión de antes de mostrarle esa foto específicamente y ahora mismo volvió a la anterior.

—Y, de hecho, conocí a Valentina por él, pero no sabía que tan buenos amigos eran para llegar a este punto.

—¿No la conociste a través de la aplicación de citas?

—No, esa la descargué por curiosidad, la verdad es que quería saber con quién podría emparejarme una aplicación y fuiste tú… eres como mi karma. —Se pone de pie, toma su teléfono del desayunador, regresa y vuelve a tomar el lugar. Veo que abre su red social y dice: —¿Cómo es que se llama este tipo?

—Ah mira, esa es tu dignidad saliendo por la ventana. —Entonces me clava la mirada y se me sale una risa. Además, me saco el teléfono del bolsillo, tomo el link de lo que creé ayer y se lo envío: —Te creé un playlist, por cierto.

Cuando lo recibe, suelta una carcajada.

—No me jodas, Nina.

—Ya lo dijiste, soy tu karma.

Yo me regreso a mi lugar y vuelvo a sentarme.

—Lamentablemente sí —Dice. Está manipulando su teléfono también y agrega: —Samuel Echeverry —Okey, ya lo encontró. —Está entre los amigos de Benjamín y también entre los tuyos.

—Me envió una solicitud de amistad ayer. Tiene mi número, porque tuve que llamarlo para cerciorarme que sí era él y no lo estaba confundiendo con otra persona. Te conté que me dio su tarjeta de presentación, ¿verdad? Me dijo que un amigo suyo buscaba una fotógrafa.

—Invítalo a la fiesta de cumpleaños de Valentina.

—Y cuando creo que no lo escuché bien, se lo vuelvo a preguntar y me dice: —Sí, invítalo al cumpleaños de Valentina.

Antes de hacer cualquier cosa quiero saber cómo se comportan los tres en el mismo lugar conmigo y qué tan creativos son Benjamín y Valentina cuando están con él.

No creo que Valentina haya sido tan cínica como para invitarlo y no vas a decirle que es el cumpleaños de ella tampoco.

—¿Me estás pidiendo que lleve a este tipo que de paso no conozco de nada a la fiesta de Valentina? ¿Cómo una cita?

—Sí.

—¿Y qué te hace pensar que va a aceptar?

—Nina, nadie te va a dar su número en una boda solo porque su amigo necesita una fotógrafa. Es obvio que quería que lo llamaras, buscarte en Facebook, hablarte y eventualmente invitarte a salir.

—¿Y si lo llevo qué me das a cambio?

Nico me mira, esboza una sonrisa y pregunta:

—¿Qué quieres tú cambio?

—Bueno, uno de tus riñones puede costar bastante en el mercado negro.

—¿Te sirve si tienen piedras? —Lo dice tan serio que me lo creo y veo la máquina de espresso detrás de él y después la gran taza que tiene en frente. Él también lo hace y suelta una risita. —No es verdad, mis riñones están bien. Hablando en serio ¿Qué quieres a cambio?

—¿Puedes ayudarme a conseguir una cita con un neurólogo lo antes posible? Es para mi abuelo. La cita más cercana que consiguió es dentro de cuatro meses. Esto es urgente.

De inmediato dice que sí.

—Conozco a alguien. —Toma su teléfono y comienza a teclear. Me dice que solo va a esperar su respuesta y, dejando el teléfono de regreso en la mesa, agrega: —Oye, sí te hubiera ayudado a conseguir la cita aún sin esta condición ¿Okey? Cuando necesites algo solo me dices.

—Está bien. Gracias. —En ese instante mi teléfono me anuncia otro mensaje y, casualmente, es de ese tipo Samuel. Abro su texto y leo:

De: Samuel Echeverry

¿Te parece si salimos a almorzar un día de estos?

—Bueno, tenemos un trato. Te veo con él en la fiesta de Valentina. —Le extiendo la mano simulando el cierre de una negociación y él la toma haciendo lo mismo.

—Hecho.