Bendito Karma CAPÍTULO 1 #3
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CAPÍTULO 1 #3

Y se va, así nada más. Está comenzando a llover, el restaurante está a punto de cerrar y no hay ni un bendito taxi cerca.

Definitivamente, eso no era algo que me esperaba para hoy.

Ahora me quedé sola, en un lugar a más de treinta minutos de la ciudad solo porque yo quería una cena romántica en un lugar tranquilo ¡Ja!

Menuda mierda. Saco mi teléfono y pienso en alguien que pueda venir a recogerme.

Es muy tarde, carajo. En ese momento escucho el vehículo de Benjamín largarse a toda prisa y el claxon del auto que está en frente, cuando levanto la mirada es la voz de Nico:

—Vamos, sube.

—¿Y soportar todas tus burlas todo el camino? ¡Ja! Claro.

—Bueno es eso o quedarte aquí bajo la lluvia.

—Miro al cielo y, efectivamente, parece que está a punto de caernos un diluvio encima.

—Están cerrando el restaurante y esta no es una zona muy segura que digamos.

Lo más cerca que hay es un cementerio y tienes suerte si lo único que te aparece ahí es la llorona.

A eso le sigue un trueno que me hace estremecer y después una llovizna que cada segundo que pasa se pone más fuerte.

Miro del restaurante, al auto de Nico y después a mi celular.

A un taxi le tomaría casi una hora venir a recogerme, o a cualquier persona en realidad.

No me deja ni pensarlo, Nico se baja del auto, lo rodea y abre la puerta del asiento trasero.

De ahí saca un paraguas y después de abrirlo, camina hacia mí poniéndolo sobre mi cabeza.

—¿En serio tienes tu paraguas y todo? ¿Quién eres? ¿Mary Poppins?

—No me hagas arrepentirme, Nina.

Me da el paraguas que no sé ni siquiera porqué sostengo y se va camino a su auto para abrir la puerta del copiloto.

Estira su brazo indicándome que entre a su camioneta y, aunque por un momento me lo pienso, termino caminando hacia él porque la lluvia se intensifica y Nico se está mojando.

Antes de entrar le entrego el paraguas y le digo:

—Sin decir una sola palabra.

—¿Sobre el hecho de que te acaban de botar frente a un restaurante con un cementerio a medio kilómetro?

—No me provoques, Nico.

Entro y cierro la puerta. Observo detalladamente todo lo que hace a continuación.

Rodea el auto, abre la puerta, se ubica frente al volante, se quita los lentes, cierra el paraguas, lo escurre afuera, cierra la puerta y lo deja en el asiento trasero.

En esa trayectoria, el agua que todavía no se escurría del paraguas me salpica el antebrazo y parte de la cara.

—Ups.

¿En serio? ¿«Ups» nada más? Tomo su mano y con la manga de su traje, me limpio las gotas de agua.

—Gracias. —Ahora sí me acomodo y me pongo el cinturón. Se inspecciona la manga, suelta un suspiro y me dice:

—¿Te llevo a tu casa? O a la de Benja… Oh no, si ya te dejó. Lo siento.

—Dios mío, ¿qué karma estaré pagando contigo, Nicolás?

Una risa es su respuesta al mismo tiempo que limpia los lentes y se los vuelve a poner. Enciende la radio y convenientemente comienza a sonar la canción de Psycho Killer de Talking Heads .

Okey, este va a ser el viaje más largo de mi vida.

—Por cierto… gracias por… —creo que ya intuye a lo que me refiero.

—¿Por hacer lo que debía hacer Benjamín? No tienes por qué agradecerme.

—No, por callarle la boca. Eso es lo que agradezco.

Esboza una media sonrisa y dice, casi con ironía:

—Cuando quieras. Ese es mi pasatiempo favorito.

El resto del viaje sí es largo, pero al menos es en silencio y una que otra canción con significado cuestionable.

Cuando llegamos al edificio donde está mi apartamento, ya está lloviendo a cántaros.

Madre mía. También parece que hay una tubería rota.

Estoy viendo cómo diablos voy a bajarme de aquí una vez que Nico aparca; pero entonces él toma el paraguas, abre la puerta de su lado, rodea el vehículo y me abre la puerta para ayudarme a salir.

A ver, es casi una poza de agua la que hay debajo y yo llevo tacones.

Obligatoriamente tengo que tomar la mano que Nicolás me ofrece, porque necesito dar un salto a la acera y, definitivamente, no voy a lograrlo sola.

Ignoro su brazo alrededor de mi cintura cuando mis piernas flaquean y me tengo que sostener de él para evitar torcerme el tobillo.

No me quiero hacer una imagen mental de esta escena, porque yo con todo y estos zapatos altísimos, apenas le sobrepaso el hombro.

Cierra su camioneta y después camina conmigo hasta la entrada del edificio.

Otro dato: Me agarro de su brazo, porque temo resbalarme, y él gentilmente, me ayuda a subir los escalones.

Es que Nico no todo el tiempo es un cabrón.

Una vez que ya estamos frente a la puerta, lo escucho:

—Ahora que te dejaron, no se te ocurra subir fotos en ropa interior a tus redes sociales.

—No, esas te las enviaré a ti.

La sonrisa de Nicolás se hace más grande y agrega:

—Esa me parece una mejor idea. —Se da media vuelta para regresar a su vehículo. —Ya puedes ir a llorar tranquila, pulga.

Ruedo los ojos, solo me giro un poco para verlo y sacarle el dedo medio, justo está abriendo la puerta de su auto, suelta una risa y hace lo mismo con su mano antes de subirse a su vehículo.