Bendito Karma CAPÍTULO 1 #2
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CAPÍTULO 1 #2

—¡Por fin! Tu novio llegó. —Exclama Nicolás de pronto. Veo en dirección a la puerta y es verdad, Benja está ahí, hablando por teléfono y una vez que entra al salón mira a todas partes, yo no soy la que levanta la mano, es Nico y cuando mi novio lo ve camina hacia nosotros.

No es a mí a quien saluda primero, es a él.

Lo que puedo notar a primera vista es que parece que recién se tomó una ducha.

No te tomas una ducha en el trabajo. Se dan un apretón de manos, un abrazo y justo después saluda a Valentina.

Estoy concentrada en ellos, cuando la voz de Nico en casi un susurro me interrumpe:

—Ya puedes volver a tu mesa.

—No se me da la gana.

Entonces en ese momento, Valentina dice:

—¿Benja, por qué no te sientas también y comemos todos juntos?

¡Ah, carajo! No. Yo solo bromeaba.

Tal vez mi gesto es el mismo que está haciendo Nicolás, pero yo no soy tan obvia.

—Sí, seguro. Muchas gracias, Valentina.

Benjamín se sienta, convenientemente frente a mí y en ese momento es que tal vez se acuerda que yo también estoy presente. Se para, se disculpa y rodea la mesa para llegar a mí, no me pongo de pie, entonces se inclina para darme un rápido beso en la mejilla y regresa a su lugar.

—El tráfico está horrible —dice cuando se sienta. Yo no respondo. —¿Me perdí de algo?

—Sí, estábamos pasándola increíble hablando sobre tumores de uñas ¿Verdad, Nina? —Por supuesto que el comentario de Nicolás es sarcástico, pero yo le digo que sí. —¿Continuamos, Vale? Después de ordenar, porque estoy hambriento.

Después de eso los dos se ponen a platicar, Benjamín y Valentina.

De pronto, la chica menciona un supuesto viaje a la playa que hicieron y noto que Benja intenta cambiar de tema de conversación.

Lo logra cuando llama al mesero y después la plática cambia a lo buena que es la comida en este lugar.

Me quedo al margen, solo escuchando qué tienen por contar ellos dos.

Ordenamos, terminamos de comer, tomamos vino y ellos siguen en su charla.

Miro de ellos a Nicolás, quién tiene ganas de tirarse por el balcón, literalmente.

Y él también me mira a mí y lo más seguro es que yo también parezco alguien con ganas de tirarse por el balcón. Y sí.

Entonces veo que saca su celular y después el mío suena:

De: Nico

Si tú no hubieras aceptado sentarte en nuestra mesa, no estuviéramos aquí.

Aprovechando que los otros dos presentes están más concentrados en ellos dos que en nosotros, le contesto a Nicolás:

Para: Nico

¿Cuándo fue el supuesto viaje a la playa que tu novia mencionó?

Nico parece que está escribiendo, después deja de hacerlo, toma su copa y le da un trago. Entonces vuelve a teclear y lo que recibo es:

De: Nico

¿Qué gano yo si te digo?

Para: Nico

¿Es en serio?

De: Nico

¿Parezco alguien con ganas de bromear?

Para: Nico

¿Qué quieres a cambio?

De: Nico

No me vas a dar lo que yo quiero.

Para: Nico

Eso no lo sabes.

Nico me mira, vuelve a leer el mensaje y, apretando los labios, comienza a escribir.

—¿A qué te dedicas tú, Nina?

La voz de Valentina me interrumpe haciéndome casi soltar un brinco.

—Soy fotógrafa. Bueno, estudié dirección cinematográfica, pero me especialicé en fotografía.

Valentina de pronto vuelca toda su atención en mí, pregunta si lo digo en serio y yo le respondo que sí. Esboza una sonrisa y la escucho:

—¿Y trabajas en algún lugar en específico? ¿O por tu cuenta?

—Por mi cuenta… fotografía, comerciales… trabajo con marcas grandes. También fotografío bodas.

Valentina sonríe y toma la mano de Nico, apoyada sobre la mesa, como diciendo: «Oye, ella podría fotografiar nuestra boda». Pero él aparta el brazo con sutileza… o sea, en su idioma silencioso, eso fue un no rotundo.

No soy experta en gestos, pero sé que eso no fue por las fotos.

—Nina trabajaba en una multinacional antes de… eso de la fotografía… —Benja interrumpe y yo lo miro; de hecho, todos ponemos la atención en él. —También estudió negocios internacionales. Eso de las… «fotos» se dio después.

—¿De verdad? —Otra vez Valentina.

Yo estoy viendo a Benjamín.

—Sí, es verdad, pero me gusta más la fotografía.

La risa de Benjamín hace que algo se me revuelva por dentro.

Oh, por Dios. Definitivamente, era mejor que no viniera.

Quiere ocultarlo tomando el vino de su copa y yo intento controlarme, por supuesto que lo intento, solo por las otras dos personas que están aquí.

Qué suerte que Nico sea el primero en hablar y dice:

—Nina es la mente creativa detrás de varios comerciales que ves todos los días en redes sociales. No es solo fotografía; dirige, escribe guiones, diseña y convierte ideas en campañas que venden. —Ahora fija la mirada en Benjamín—. Es curioso que no tengas idea de qué es lo que hace tu novia.

Silencio en toda la mesa.

Benjamín levanta la vista para encontrarse con la de Nico y lo que veo ahí es… ¿vergüenza? ¿molestia? No sé. Aun así, intenta defenderse:

—Ya sé. Solo estoy dando mi opinión, el trabajo en la multinacional era muchísimo mejor.

—Eso no lo sabes —le responde él.

Es Valentina la que los tiene que interrumpir:

—Perdón, pero mañana tengo que madrugar. Me encantó esta cena. —Mira de Benja a mí: —¿Ustedes se quedan?

Benjamín contesta de inmediato:

—No, yo también tengo que irme ¿Nos vamos, Nina?

No le digo que sí, yo solo me pongo de pie.

Benja, Nicolás y Valentina se adelantan un poco, continúan hablando, concentrados en ellos mismos, tanto así que ninguno se entera que me voy al mostrador y retiro un postre que ya había pagado para Benjamín, pero que ahora voy a quedármelo.

Cuando salgo del restaurante, espero a Benja a una distancia prudente.

Los veo hablar, a Benja y a Nico, no parece una plática amable, parece que Benja le reprocha algo y a Nicolás le vale un comino —como todo—.

Se despiden… bueno, más bien Nico se va y lo deja hablando solo.

Finalmente se acuerda de mí y cuando me alcanza, le pregunto lo primero que se me viene a la mente:

—Si venías del trabajo ¿Dónde tomaste una ducha?

—¿Qué cosa?

—Dijiste que estabas saliendo de una reunión ¿Te duchas en las reuniones?

—¿Es en serio, Nina? ¿Vamos a pelear por esto? ¿Aquí? Fui a mi casa y ahí tengo ducha por si no te acuerdas.

—¿Estás diciendo que fuiste hasta tu casa, te tomaste una ducha y todo ese tiempo no pudiste enviarme ni un maldito mensaje de texto, pero sí a Nicolás?

—¿Ya vas a comenzar, Nina? ¿De verdad? ¿Por ir a mi casa a tomarme una ducha?

—¡Sí, Benjamín! ¡Y también porque tienes que mencionarles a todos que dejé el bendito trabajo de porquería en la multinacional por la fotografía!

No te lo conté para que ahora aproveches cualquier situación para decírselo a quien se te dé la gana y termines minimizando algo que me gusta hacer.

Y no puedo creer que incluso Nico, que a veces es un grano en el culo, tenga que defenderme de ti.

—¿Trabajo de porquería? ¿Sabes dónde estuvieras ahora si no lo hubieras dejado?

Creo que estoy en todo mi derecho de decir que no estoy de acuerdo que hayas echado a perder tu carrera así.

Lo peor de todo es que lo menciones como si nada ¡Frente a doctores!

Una cirujana y un forense. Nico te defiende por lástima.

—¿Disculpa?

Benja toma una calada de aire, se aclara la garganta y dice:

—Escucha… Lo siento ¿Okey? No quería decirlo así. Estoy estresado, es todo. Mejor hablemos mañana…

—A ver si lo entiendo —lo interrumpo antes que continúe y me arrepienta de todo el tiempo perdido en esta relación. —¿No puedo hablar de lo que hago solo porque tus amigos son médicos y crees que me tienen lástima?

—No es lo que quise decir. Es solo que dejaste un empleo en una multinacional, porque querías ser fotógrafa ¿Nadie te dijo que fue una locura? Seguro que es porque te pones a la defensiva siempre. Lo estás viendo ¿Verdad? ¡Estamos peleando frente a un restaurante!

—¡Y esto no estuviera pasando si tan solo me hubieras avisado que llegabas tarde!

—¡Yo ni siquiera quería venir! No me preguntaste si quería o no ¡Es viernes! Solo quiero irme a mi casa a descansar y tú querías que manejara por más de una hora para venir hasta aquí…

—Solo te pedí que cenáramos juntos, no que subieras el monte Everest…

—¿Una cena que tú planeaste y yo tuve que pagar?

—Yo no te pedí que pagaras, lo hiciste solo porque Nicolás iba a hacerlo.

—Me largo. —Habla, dándose media vuelta, pero se vuelve a mí solo para agregar: —Honestamente, tú y yo no nos estamos haciendo bien ¡Estamos discutiendo frente a un restaurante! Yo ya no quiero continuar con esto, Nina. Lo siento. Tú y yo… ya no más.

—Está bien.

—¿Está bien?

—Sí, es lo más sensato que has dicho hoy. Yo tampoco quiero continuar contigo.

Eso hace que el gesto de Benjamín cambie, lo conozco lo suficiente para saber que se molestó y yo intento mantenerme serena, aunque me hierve la sangre por dentro.

Intenta disimularlo, más cuando un auto pasa frente a nosotros y toca el claxon.

Esa era la novia de Nicolás. El coche de Nico se estaciona frente a nosotros y después de abrir la ventana le da algo a Benja.

Cuando se despide de él, Benjamín se vuelve a mí y me pregunta:

—¿Te llamo un taxi?

—No, gracias.

—Okey.