Sesenta y siete
SESENTA Y SIETE
Todas las chicas de los cuentos de hadas son mentirosas.
¿Crees que es al lobo a quien Caperucita Roja teme tanto? Esa es solo una mentira que le cuenta a su madre para evitar una paliza. Lo que realmente le aterra es su propio corazón. Es su anhelo de hablar con un desconocido de lengua de plata, y su deseo salvaje de seguirlo al bosque.
No es la reina malvada quien asusta a Blancanieves. Ni el bosque. Eso es lo que les dice a los siete hombres bondadosos para que la acojan. Lo que realmente la devora, como un cáncer, es la creencia de que no tiene más opción que aceptar el veneno que le ofrecen.
Cenicienta cuenta las peores mentiras de todas.
Le dice a su madrastra, a sus hermanastras, a los señores y damas, y a cualquiera que la escuche, todo sobre su final feliz.
Sonríe hasta que le duelen las mejillas.
Pero lo que nunca le cuenta a nadie, es lo mucho que le hacen daño esos zapatitos de cristal.
Cómo le abren surcos sangrientos en los talones y le aplastan los dedos de los pies.
Cómo le impiden correr. Pisar fuerte. Patear.
Cómo, lo único que puede hacer ahora, es caminar.
Y cómo, todo lo que hará el resto de su vida, será caminar; despacio, con recato, y dos pasos por detrás.
Si quieres conocer a una persona, no le pidas que te diga su verdad.
Escucha sus mentiras.