Cuarenta y tres
CUARENTA Y TRES
La princesa en el ataúd de cristal no está
realmente muerta.
Solo finge.
Le gusta estar dentro del cristal. Es
tranquilo y seguro.
Puede ver el mundo pasar a través de sus
entrecerrados ojos.
Las feas hermanastras disfrutan de
estar solteras.
Enredan su cabello hasta convertirlo en
nidos y usan los zapatos de su padre
muerto.
Se frotan tinta en los dientes, luego le sonríen
al príncipe y ríen cuando él huye.
¿Y Rapunzel? Podría dejar su torre
cuando quisiera.
Todo lo que tiene que hacer es cortarse la
trenza y atarla a una silla.
No creas que no lo ha pensado.
Pero, como las demás, se queda.
Porque teme no ser amada.
Y teme aún más que si lo sea.