Treinta y tres
TREINTA Y TRES
Las viejas esposas guardan silencio.
Porque ya nadie quiere ser salvado.
Eso es solo para los débiles.
Y ahora todos son fuertes.
Las viejas esposas están cansadas,
de contarte historias bonitas.
Aquellas que nunca pediste,
son las que más necesitas escuchar.
Sobre un caballero de armadura oxidada.
Y una reina de hielo que se derritió.
Sobre un apuesto príncipe que acecha,
con dientes afilados y largas garras.
Las viejas esposas ya se han ido.
A sentarse con la bruja.
A beber con el leñador.
Ya esperarte en el bosque.