Belleza Feroz Siete
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Siete

SIETE

El ciervo es descuidado. El hambre lo ha vuelto así.

Sale de un grupo de pinos que se balancean y entra en un claro.

La bestia, oculta en un matorral de helechos cubiertos de escarcha, observa.

¿Por qué han venido esos hombres al castillo? No deberían haberlo hecho. Ahora, el que han dejado atrás pagará el precio.

Cuánto envidia al necio ciervo. No sabe nada de pena ni de arrepentimiento. No sabe nada del miedo. Aún no.

La bestia se tensa. Se agazapa y salta. Es implacable, pero rápida, y aúlla sobre su presa. Las criaturas nocturnas la oyen y corren hacia sus madrigueras. Saben lo que viene después.

La bestia arrancará el corazón aún palpitante del ciervo, porque no puede arrancarse el suyo propio.