Bécquer en París 4 Todo pasa y todo queda #3
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4 Todo pasa y todo queda #3

—Espero que esté a gusto, no es nada fácil enfrentarse a esto. —Mirta no sabía la que se le venía encima.

—La verdad es que, como decimos en España, ha sido una mierda como un castillo, y que me tiren una historia tan dura a la cara no es nada agradable.

Le dolía, sobre todo, recordar el secuestro de su hija Lucía.

Había ocurrido hacía pocos meses y aún hoy no había sido capaz, pese a los intentos de la chica, de retirarle la seguridad privada que la acompañaba desde entonces.

Ver las imágenes de su hija saliendo del cautiverio había sido el detonante definitivo.

—Hoy no me está tratando nada bien —dijo Bécquer.

Mirta se recolocó en la silla y comenzó a articular una especie de defensa del espectador y de la información veraz que el artista cortó en seco levantando la mano—.

Déjeme hablar —dijo categórico—. Yo he aguantado el vídeo y si quiere que conteste, contesto.

—Mirta se quedó callada—. Los medios de comunicación han utilizado esta historia para exprimir el morbo sin límites, hasta el punto de que mi hija, sí, a la que secuestraron y a la que, con suerte, pudimos recuperar, ha sido y sigue siendo perseguida para fotografiarla y acosarla para que hable.

Eso son ustedes, la prensa, que nunca tienen suficiente, ni siquiera cuando se trata de tragedias.

Porque… —Bécquer estaba ya lanzado— no les importa en absoluto que Nacho matase a tres personas, les importa únicamente el dolor de la madre de Raquel, eso es lo que quieren que se vea, el sufrimiento. Ya está bien.

Mirta encajó con elegancia las palabras del cómico y trató de exculparse.

—Bécquer, usted sabe que lo aprecio desde hace muchos años y no deseo en ningún caso hacerle pasar un mal momento, pero es que no hay forma de que cuente cómo vivió lo ocurrido: no concede entrevistas, apenas habla con la prensa si no es para promocionar un espectáculo o una película: solo nos quiere cuando le conviene.

Estaba claro que Mirta no se iba a quedar de brazos cruzados, y aquello encendió aún más al artista.

—¿Perdone? Han ganado muchísimo dinero hablando de mí a lo largo de toda mi carrera, me han perseguido, acosado, han seguido a mi exmujer por la calle hasta el punto de no poder salir porque ustedes le enseñaban fotos de otras mujeres para intentar que explotase, llevan meses persiguiendo a mi hija, a mi pareja…

No tienen piedad, ¿y para qué? ¿No es mejor hablar del trabajo de uno que de con quién se acuesta?

Ante la evidente incomodidad de Bécquer, Mirta optó por ir a publicidad.

—Manda cojones que me haga esto Mirta, ¡manda cojones! —Ella trató de calmar las aguas.

—No me diga eso, sabe que siempre le hemos tratado con respeto y hoy también. ¿Por qué no cuenta cómo lo vivió y ya? No entiendo su enfado. —Una voz gritó que quedaba un minuto para volver al directo.

Ya en el aire, Mirta trató de encauzar la situación.

—Bécquer, quiero pedirle disculpas. Es cierto que quizá debería haber enfrentado esta entrevista de otra manera. Si le he parecido amarillista, le pido perdón.

La disculpa le pareció lo bastante sincera para no terminar su intervención con un mal sabor de boca, así que, aceptándosela, el cómico decidió hablar.

—Está bien, acepto sus disculpas y aprovecho para dejar claras un par de cosas.

En primer lugar, que es la primera y última vez que hablo de esto y será así por un motivo fundamental: por respeto a la memoria de Raquel y a su familia.

Es cierto, todos lo vieron y todos saben qué ocurrió.

Tuve un asistente durante cinco años, Nacho, mi mano derecha.

Resultó ser un hombre con traumas agudos que volcó su dolor en nosotros y se llevó por delante tres vidas inocentes.

Ahora está en la cárcel, a la espera de juicio, y probablemente tarde muchos años en salir.

Es cierto que, además, secuestró a mi hija, y que pudimos rescatarla sana y salva; y también es cierto que pude colaborar con la policía española, a la que tan agradecido estoy.

Este es el resumen: todo fue horrible y ahora estamos en el camino de superarlo, tengo mucho amor en mi vida, estoy feliz, mi hija también y eso es lo único importante.

Como siempre he hecho, y usted lo sabe, hablo sobre el escenario, la gente me quiere por mis espectáculos o mis películas, todo lo demás es irrelevante.

Así que aprovecho para pedir a la prensa que al menos deje tranquila a mi familia: no vamos a hablar más, es duro y desagradable. Les pido que respeten nuestra decisión.

Mirta despidió a Bécquer con tensión, el cómico se lo había hecho pasar mal y, por supuesto, el resto de la prensa no tardó en hacerse eco de lo sucedido. Venían días difíciles para el artista, y si a eso le sumamos la distancia enorme que lo separaba de España, aquello se complicaba todavía más.

Sentado en el coche que lo llevaba a su hotel, cogió su teléfono y llamó a Elena. En cuanto oyó su voz, dijo:

—Al final vas a tener razón y debería llevar pistola. Menos mal que en un par de semanas estoy ahí contigo otra vez.