Becaria por error Capítulo 22 La guerra fría sabe a vainilla
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Capítulo 22 La guerra fría sabe a vainilla

El miércoles amanece con el mismo cielo color panza de burro que caracteriza al otoño londinense, pero yo llego a la tercera planta de Harrington-Vane Enterprises con el escudo digital de invisibilidad completamente recargado.

He pasado la noche en mi piso repasando mentalmente el mantra del "ficus corporativo".

Hoy no habrá miradas desafiantes. No habrá defensa poética del arte.

Hoy seré una máquina de rellenar hojas de cálculo con la personalidad de un ladrillo visto.

Me deslizo por el pasillo de moqueta gris, esquivando las miradas de los ejecutivos júniores que ya caminan con sus vasos de cartón de Starbucks como si fueran trofeos de guerra.

Llego a mi cubículo, ese glorioso espacio de dos metros cuadrados delimitado por mamparas de fieltro donde la verdadera Faye acumulaba pósits de colores con recordatorios de citas estéticas, y me dispongo a soltar mi bolso de piel sobre la silla giratoria.

Sin embargo, me quedo congelada a mitad de movimiento, con un brazo flotando en el aire.

En el centro de mi mesa de melamina gris, justo encima de mi teclado ergonómico y tapando groseramente la bandeja de "tareas pendientes", descansa una caja circular de cartón satinado de un azul pastel que grita exclusividad en cada centímetro.

No es una caja cualquiera. Lleva el logotipo dorado impreso en relieve de Fortnum es un asedio medieval con glaseado de limón.