Capítulo 16 #2
No pensó que nadie se daría cuenta, pero por supuesto, nada escapaba a los ojos acerados del consejo. Vieron cada infracción de las reglas y la anotaron en su contra.
—El consejo de brujas no lo consintió —explicó Jonathon.
Ambos jueces habían recibido advertencias. A Elspeth ya no se le permitía intervenir. Si lo hacía, pagaría un precio enorme.
Me entró el pánico. ¿Había sido yo uno de esos corderos indefensos que Elspeth había rescatado? Enseguida le pregunté si había cumplido su promesa. Elspeth me aseguró que sí.
—Nada de retoques, ni pizca de magia. Solo les deseé lo mejor a todos en mi corazón: bondad simple y pura.
Pregunté qué habría pasado si Elspeth no hubiera podido contenerse y hubiera acabado interviniendo. Seguro que no podía ser más grave que un tirón de orejas.
Me sorprendió la respuesta.
—Destierro, para los dos —dijo Jonathon con tono mortalmente serio.
—¿Destierro?
Vaya. Apenas acababa de entender el aquelarre y cómo funcionaba, y ahora resultaba que pertenecer a él no estaba garantizado.
—¿Pueden echarte? ¿Así sin más?
Elspeth se rio con amabilidad.
—No te alarmes tanto. Tienes que transgredir de verdad el código de conducta de las brujas para que eso pase. Pero por eso tienes que aprender más sobre tu linaje de bruja, Poppy. Y ahora que ha terminado el rodaje, quería hacerte una propuesta.
Me puse firme, ignorando el creciente ruido de la juerga de los otros concursantes detrás de nosotros. Esos chicos estaban entregados a la celebración. Los corchos de champán que saltaban, las charlas y las risas hacían que al menos nadie pudiera oír mi conversación con Elspeth y Jonathon.
Elspeth se aclaró la garganta.
—Me gustaría ser oficialmente tu anciana, para instruirte en las costumbres del aquelarre.
Si estás dispuesta a aceptar, propongo una tarde por semana, y compartiré mis conocimientos contigo.
Te enseñaré todo lo que necesitas para crecer como bruja.
Florecerás y prosperarás en un abrir y cerrar de ojos, siempre que te lo propongas.
¿Dispuesta a aceptar? ¡Más bien extasiada! Asentí solemnemente, con el corazón latiéndome de orgullo, y luego empecé a sonreír de oreja a oreja. No podía creer que Elspeth quisiera ayudarme.
—No tengo palabras —murmuré—. Gracias. ¡Muchas gracias! Sería un verdadero honor tenerte como maestra. Ahora me siento mucho mejor respecto al futuro.
Elspeth me apretó las manos.
—Mientras haga buen tiempo, podemos reunirnos junto al círculo de piedras. Solo prométeme que se acabó eso de ir por ahí jugando a ser detective. Necesito que estés a salvo.
Prometí que haría todo lo que estuviera en mi mano para mantenerme sana y salva.
Elspeth me soltó las manos y sonrió ampliamente.
—Siento que todo está encajando como debería. El mejor repostero ha ganado. La joven bruja se embarca en su formación. El brujo travieso se va a Francia a expiar sus pecados.
Jonathon se rio y se disculpó para unirse a los concursantes, que le hacían señas con insistencia. Ahora que la competición había terminado, todo el miedo a los jueces parecía haber desaparecido.
Ahora que estábamos a solas, sentí que podía sincerarme sobre todo lo que había sucedido en las últimas veinticuatro horas.
—Yo también tengo noticias. He encontrado a Valerie, mi madre biológica.
Voy a verme con ella dentro de poco para hablar.
Por fin voy a tener respuestas. No me lo puedo creer.
—Puse a Elspeth al día sobre la conmoción que supuso descubrir que Joanna era en realidad Valerie.
Le conté cómo Katie Donegal y Eve la habían estado alojando.
Cuánto quedaba aún por decir. Todavía no conocía la verdadera identidad de mi padre biológico.
Elspeth se alegró mucho por mí, pero también me advirtió. —Todo está encajando como debe ser. Pero estate atenta, mi querida Poppy. Lo que sucedió en el pasado debió de ser grave para que Valerie tuviera que huir del pueblo de Broomewode y dejarte atrás. Por favor, ten cuidado.
Se lo prometí, y cuando miré la hora, me di cuenta de que era mejor que me pusiera en marcha.
—Bendita seas —dijo mientras nos abrazábamos para despedirnos—. Te veré esta noche en el círculo de piedras.
—¿Ah, sí? —Estaba confundida.
Negó con la cabeza, como riñéndome. —Tu primera lección. Vigila la luna. Esta noche hay luna llena. Tendremos un círculo mágico.
Apenas podía esperar.
Me uní a los demás concursantes y me di cuenta de que esta podría ser la última vez que estuviéramos todos juntos.
Miré los rostros felices de todos. Había tanta alegría allí. Tantos logros y momentos de orgullo. Y nadie lo merecía más que Hamish.
Le di un ligero toque en el hombro y le dije que tenía que irme.
Nos abrazamos con fuerza. Tenía el corazón rebosante.
Me aparté y contemplé el rostro amable y apuesto de Hamish.
—Sé que no paro de decirlo, pero estoy muy orgullosa de ti —dije, con los ojos húmedos—.
Eres un hombre honesto y un verdadero amigo.
¿Me prometes que seguiremos en contacto cuando vuelvas a Escocia definitivamente? Iré a visitarte cuando quieras.
—Por supuesto —dijo—. Ya no te vas a librar de mí.
Somos amigos reposteros de por vida... bueno, si no te vuelves demasiado importante para mí —dijo con una amplia sonrisa—.
Supongo que no tardarás en convertirte en la próxima condesa de Frome.
Espero no ser demasiado humilde para merecer una invitación a la boda.
Me sonrojé y balbuceé algo, y finalmente me despedí de todos con un gesto y salí de la posada.