Batir y ganar (El gran show de repostería de las brujas 9) Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

Tragué saliva. Había olvidado lo que era ser el centro de atención.

Pero animada por la cálida sonrisa de la entrevistadora, expliqué que mi vida había cambiado mucho desde el programa.

Había aceptado un puesto de pastelera y ahora trabajaba a tiempo completo como repostera.

Al pronunciar esas palabras, fui consciente de lo mucho que había cambiado mi vida desde que empezó el programa.

Seguía trabajando como diseñadora freelance, pero la repostería se había convertido en mi profesión.

Había encontrado a mi madre biológica. Había encontrado a Benedict.

Aunque nada de eso pensaba compartirlo con el equipo de rodaje.

Tampoco tenía intención de decirles quién creía que iba a ganar.

—Es una competición muy reñida —dije—, con dos concursantes tan talentosos.

—Aunque los talentos de Florence eran un poco más retorcidos de lo deseable.

La entrevistadora asintió e hizo un gesto para que siguiera hablando.

Si esperaba algún cotilleo sobre los concursantes, no iba a ser yo quien se lo diera.

—Aunque Florence tiene claramente la ventaja en este momento, yo no descartaría a Hamish.

Su pieza final es fantástica y parece tenerlo todo bajo control. Aún puede ganar cualquiera de los dos.

—¿Imaginaste alguna vez que saldrías en televisión? ¿Cómo te sientes ante la idea de verte cuando se emita el programa?

Me reí nerviosa. —¡Buf, estoy aterrada! Jamás en la vida imaginé que entraría en el programa, así que tampoco me planteé cómo sería mi vida una vez que se emitiera. El protagonismo no es lo mío.

La entrevistadora me explicó que también estaba pidiendo a cada concursante que mencionara su momento favorito del programa.

—Esa pregunta es fácil. Sin duda, cuando gané el premio a la mejor pastelera de la semana por mi tarta de la Catedral de San Basilio de Moscú, en la semana de repostería europea.

Fue un momento muy especial para mí, la primera vez que sentí que podía estar a la altura en la competición.

Me dio fuerzas para seguir adelante. —Sonreí al recordarlo.

No había nada más gratificante que recibir un cumplido de la gran Elspeth Peach, y también de Jonathon, aunque él siempre era menos... bueno, menos preciso con sus elogios.

La entrevistadora me dio las gracias y me dejó marchar.

Entorné los ojos por el sol y vi que los demás concursantes se habían reunido en la carpa del bufé y charlaban animadamente.

Me uní a ellos y me dejé envolver en abrazos por todas partes.

Allí estaba Daniel, el dentista, muy relajado con su camisa a cuadros y vaqueros, y Priscilla, con un vestido multicolor, su característico pelo voluminoso y sus gafas de colores, que le contaba algo que lo hacía reír.

Ewan, el apicultor galés jubilado, charlaba con Amara, la doctora.

Se estaban sirviendo sándwiches de pepino con queso cremoso.

Maggie y Evie, que había sido eliminada al principio, conversaban animadamente sobre bizcocho de café.

Sentí una mano en mi hombro, y allí estaba Gaurav.

—¿Verdad que es genial volver a ver a todos? Es como si no hubiera pasado el tiempo.

Le di la razón. Con el programa en sus últimas horas, era sin duda el fin de una era.

Ya no habría motivo para que todos volviéramos a reunirnos en el pueblo de Broomewode.

Me serví un sándwich de huevo cortado en láminas finas y me sumé a la conversación.

Al parecer, la vida de todos había vuelto a la normalidad desde que terminó su paso por el programa.

Daniel había vuelto a tiempo completo a su consulta dental; Priscilla seguía cortando el pelo en su peluquería.

Amara seguía tan liada como siempre en el centro de salud.

Evie había vuelto a su puesto de administrativa en el hospital de su barrio.

La única cuya vida había cambiado de verdad era Maggie.

—Bueno, yo tampoco me lo podía creer —estaba diciendo—.

O sea, que vinieran a buscarme a mí, una viejecita, para escribir un libro de cocina.

Al parecer, les encantaron todos los truquillos de repostería tan curiosos que he ido aprendiendo a lo largo de toda una vida dedicada a hornear.

¿Quién me iba a decir que a mi edad iba a tener una segunda juventud?

—Es perfecto, Maggie —dije mientras le apretaba el brazo—. Sabes tantísimo de todo tipo de repostería. Es lo justo que compartas todo eso con el resto del mundo. Seré la primera de la cola para conseguir un ejemplar firmado.

Maggie se rio. —Acabo de firmar el contrato, querida. —Pero el brillo de sus ojos delataba su alegría.

Me serví una taza de café humeante y le di un mordisco al sándwich, aliviada de poder descansar de la intensa presión que se respiraba en la carpa.

Qué bien estar de nuevo con mi familia repostera.

Pero mientras me dejaba llevar por la relajación, no podía evitar preguntarme cómo se desarrollaría la tarde con Valerie.

Era emocionante y estresante a partes iguales.

Solo me quedaba confiar en que fuera honesta y abierta conmigo. Al fin y al cabo, yo era su hija.

Entre charlar con mis amigos reposteros y ver la competición todo lo que mis nervios aguantaban, las horas pasaron volando. La carrera final para montar los entremets con el reloj en contra había terminado, el tiempo se había agotado y la valoración estaba a punto de comenzar.

—Ya está —dijo Gaurav.

—Sí —respondí—, después de tantas semanas, por fin van a coronar a un ganador.

Tenía el estómago tan revuelto como si fuera yo la que estaba siendo valorada. Por difíciles que hubieran sido aquellas semanas, algo increíble estaba llegando a su fin.