Barone (Familias de la mafia 1) 25 #3
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—Bien. —Sonrío acariciando su mejilla, disfrutando de su tacto suave y delicado. Ella se muerde el labio inferior y baja la vista a su regazo, aunque no intenta apartarme.

—Gracias, Adriano.

—¿Por el teléfono? Ni se te ocurra agradecerme esta tontería.

—No, no es eso. Sino por evitar que ese gilipollas abusase de mí. —Me mira de nuevo a los ojos—. No quiero ni imaginar qué hubiera sucedido si tú no…

—Por fortuna no pasó nada y Siena y tú estáis bien.

—Es la primera vez que he visto a Siena acojonada, ¿sabes? Cuando despertó al día siguiente, vino a mi dormitorio llorando y disculpándose conmigo por haber invitado a esos gilipollas al reservado.

—¿Y dónde está ahora? No la he visto por el palazzo .

—Regresó a Roma esta mañana. Tiene que terminar los diseños de su próxima colección de joyas.

—¿Volverás a modelar para ella?

—¡Dios, ni de coña! —exclama con una sonrisa horrorizada—. Lo pasé supermal en Nápoles. Quería que me tragase la tierra. Sabes que soy una persona pacífica, pero ese día quise matarla, en serio.

Se me escapa una carcajada y echo la cabeza atrás al ver su cara de agobio y aprensión. Me encanta su forma de ser, de comportarse, su humor, lo transparente que es.

¿En qué puto momento me he vuelto tan loco por esta mujer que incluso arriesgaría mi propia vida, mi palabra y mi honor, aunque eso significase perderlo todo?

La sonrisa de mi boca comienza a borrarse lentamente y lo único que queda son mis labios entreabiertos mientras la miro con una intensidad ardiente. Entrelazo nuestras manos y tiro para acercarla, hasta que la tengo a escasos centímetros de mi boca.

—Tienes que entender una cosa, Giulia.

—¿El qué? —titubea.

—No voy a renunciar a ti —susurro con las pupilas clavadas en el marrón de sus iris—. Nunca.

Ella entrecierra los ojos y jadea, negando con la cabeza sin apenas fuerza, como si esta situación fuera demasiado dolorosa.

—Esto no está bien, tú vas a …

—Me da igual. —Me humedezco los labios y junto nuestras frentes, sin dejar de mirarle la boca—.

¿Puedes imaginar todo lo que te haría si no estuviésemos rodeados de cámaras de vigilancia?

Creo que aún no eres consciente de lo que despiertas en mí.

Te follaría tanto y tan fuerte… Te obligaría a aceptar que tú también deseas esto, te demostraría que tus miedos son infundados, que siempre serás lo más importante, que sacrificaría mi jodida vida por darte todo lo que mereces.

—Levanto un poco la mirada hacia la cámara de seguridad que hay sobre nuestras cabezas, asegurada al poste de una farola.

Luego mi atención regresa a ella—. Pero la realidad es que estoy atado de pies y manos, tentazione .

Un Barone siempre cumple lo que promete.

Estoy condenado a hacerlo. Y la puta realidad es que ni siquiera puedo darte un jodido beso sin que nos descubran.

—No quiero que me beses —responde también entre susurros; sin embargo, sus actos contradicen sus palabras, porque acerca un poco más nuestras bocas y cierra los ojos, abandonándose por completo, agarrándose con fuerza a mi brazo.

—Mierda. Mierda, nena. —Apoyo la mano en su mejilla y acaricio sus labios con el dedo pulgar—. Estoy a punto de mandarlo todo al carajo, ¿lo sabes?

—No lo hagas —contesta tan excitada como lo estoy yo.

Pierdo la razón.

Me lanzo a su boca como un desesperado y la devoro como si llevase años sin probar bocado y mi tentazione fuera mi plato favorito.

Lo es. Lo es, maldita sea, porque incluso ya me la sudan las cámaras.

Me ocuparé luego de borrar los vídeos y no dejar rastro, pero este momento con Giulia no va a arrebatármelo nadie.

O sí. Pues, de repente, escuchamos pasos acercándose a nosotros y no me queda más remedio que separarme de ella a regañadientes.

—He traído un arsenal de comida para pasar el día —anuncia Alessandro con una enorme sonrisa en la cara, agitando un canasto de mimbre.

Apenas le hago caso. Mi atención está puesta en Giulia, que ha vuelto a tomar distancia. Se muerde el labio inferior con el rostro sonrojado y la mirada repleta de arrepentimiento por lo que hemos hecho.

Y yo, aunque quiero, no puedo hacer nada para calmarla. Me limito a atrapar al vuelo un refresco que mi primo me lanza desde la distancia y fingir una sonrisa indiferente cuando se deja caer de nuevo sobre su toalla, rompiendo del todo nuestro momento a solas.

—¿Quieres tomar algo, piccola ? No sé lo que te gusta beber, así que he traído de todo. —Mira dentro de la cesta y comienza a enumerar—: Refrescos de limón y cola, zumos, té frío, café embotellad…

—No. No, gracias, Alessandro —lo interrumpe de repente, levantándose de su toalla como si quemase. Muy alterada—. Eeem, disculpadme, yo… regreso al palazzo , no me encuentro muy bien.

No se digna ni a mirarme cuando pasa por delante. Giulia se marcha a toda prisa, alejándose de mí, y lo único que puedo hacer es mirarla y maldecir mi vida mientras tanto.

¿Qué coño hago ahora? No puedo perseguirla. No con mi primo aquí. No tengo más remedio que quedarme con Alessandro y fingir que me encanta la puta playa.