25
Adriano
Ayer, como sospechaba, ese hijo de puta no drogó a Giulia con éxtasis sino con Rohypnol, la droga que usan la mayoría de violadores para someter a sus víctimas. Nuestro médico me lo confirmó antes de llevarla de vuelta al palazzo .
Cuando llegamos, Lorenzo me esperaba en la puerta, todavía montado en su coche, con Siena también inconsciente. Esos gusanos de mierda no eran más que una panda de agresores sexuales que intentaron aprovecharse de ellas y terminaron cosidos a balazos por nuestros hombres.
Intentaron hacerle daño a mi tentazione , así que sus cuerpos yacen enterrados en cal, con las pollas dentro de sus asquerosas bocas y el corazón por el culo.
Lorenzo y yo llevamos a Giulia y Siena a sus dormitorios, tras desconectar las cámaras de seguridad, para que mi padrino ni nadie de la familia las viesen en ese estado.
Todavía ahora, un maldito día después, la rabia se retuerce en mi estómago cuando pienso en lo que podrían haberles hecho si mi obsesión por ella no me hubiera obligado a seguirla.
Me miro en el espejo de mi antiguo dormitorio del palazzo , el que mi padrino mandó adecentar cuando le dije que mi casa estaba en reformas.
No pienso marcharme de aquí hasta que ella regrese a Roma.
Pasaré el mayor tiempo posible a su lado.
Aunque intente evitarme, aunque se empeñe en alejarse de mí.
Me ajusto con fuerza el chaleco antibalas sobre la camiseta interior y, después, lo cubro con la camisa negra que voy a llevar para la reunión con el consigliere de Nero Moretti.
Mientras me pongo la funda sobaquera para portar las pistolas, mi cabeza no deja de imaginarla. Nunca lo hace. De recordar nuestra discusión en el reservado. Su rostro furioso, sus palabras de desprecio.
Quiero verla, maldita sea. Llevo todo un día sin saber cómo está y no puedo escribirle ningún mensaje a su teléfono, porque lo rompió al darse cuenta de que le había puesto un localizador.
Le compraré otro. No estaremos incomunicados por mucho tiempo.
Bastante difícil es la situación de por sí, con nuestra familia siempre entre nosotros.
Necesito preguntarle cómo se encuentra. Giulia no se ha presentado a ninguna de las comidas; su silla ha permanecido vacía en todo momento.
Le ha pedido a mi padrino que la disculpase con el resto porque le dolía la cabeza y se encontraba indispuesta, pero sé que estará muy afectada por lo ocurrido en ese garito.
Una vez me pongo la americana, me paso una mano por el pelo, que luce perfectamente peinado hacia atrás, y suspiro mentalizándome por la tensa reunión que se celebrará en el muelle.
Sin embargo, cuando estoy a punto de abandonar mi dormitorio, unos golpes en la puerta me hacen fruncir el ceño. No espero a nadie.
Un latido insistente me susurra que puede ser Giulia. Así que corro a abrir a toda prisa. Pero no es mi tentazione quien aparece cuando lo hago. Sino Teodoro.
Mi hermano me contempla con una sonrisilla ladina y el costado apoyado en el marco. Va vestido con un traje similar al mío, pero su camisa es blanca, impoluta, y su cabello largo le enmarca su cuadrado rostro a la perfección.
—¿Quieres algo? —pregunto al ver que no dice nada.
—He venido a avisarte de que papá está en el salón con Alessandro y Fabio.
—Ya iba a reunirme con vosotros.
—Pues vamos. A no ser que quieras despedirte antes. —Sonríe.
—¿Despedirme? ¿De quién?
—De nuestra prima. —Agita las cejas—. Últimamente os veo muy unidos. Quizá quieras avisarla de que no estarás en el palazzo esta noche.
—¿Qué mierda insinúas, Teo? —Ni siquiera necesito que me conteste. Mi hermano no es gilipollas y reconozco que yo tampoco he sido muy sutil.
—¿Insinuar, yo? Nada —ríe con ojos cabrones—. Es entrañable la relación tan estrecha que tienes con la hija del tío Riccardo.
—Que te jodan —respondo con hastío.
—Cada vez que Giulia está a tu lado, eres todo sonrisas, hermano: caballeroso, atento… Joder, y qué casualidad que justo ahora hayas empezado una reforma en tu casa y tengas que quedarte en el palazzo , ¿eh?
—Cierra el puto pico y vamos a esa maldita reunión.
Sin embargo, aunque comienzo a caminar hacia el salón, Teodoro me agarra por el brazo y me obliga a frenar en seco, quedando frente a frente.
—Drio. —Me mira a los ojos y suspira—. No hagas gilipolleces, ¿vale? Tú vas a casarte y Giulia es la hija de nuestro padrino. Estás jugando con fuego y podrías acabar muy mal.
Doy un tirón al brazo, para obligarle a que me suelte, y aprieto la mandíbula mientras lo miro con el rostro helado de ira.
—No estoy jugando con nada, así que deja de joder y vámonos de una maldita vez.
◆◆◆
El muelle de Bari está desierto a esta hora de la noche, a excepción de varios pescadores que preparan sus embarcaciones para salir a faenar y que, de pronto, echan a correr cuando nos descubren caminando en dirección a la antigua lonja, ahora convertida en museo marítimo, donde tendrá lugar la reunión con el consigliere de Moretti.
Mi padre va a la cabeza, con la autoridad que le confiere ser el sottocapo de nuestro crimine , la mayor autoridad después de mi padrino. Alessandro, Fabio, Teodoro y yo formamos un perfecto cuadrado en torno a él, cubriéndole los flancos.
El rostro de mi padre desprende tensión. Esta reunión es muy importante para la futura compra del terreno, y tiene sobre sus hombros una gran responsabilidad.
Cuando llegamos a la parte trasera de la lonja, los hombres de Moretti ya están aquí, esperándonos armados hasta los dientes. Son cinco, al igual que nosotros.
Una vez estamos frente a frente, el consigliere de Nero avanza un paso, al igual que mi padre, y se saludan con un beso en la mejilla; es un pacto de no agresión entre ambas familias y la intención de conversar amistosamente.
Mis ojos se dirigen a Pietro Moretti, el primo y consigliere de Nero.
Un tipo entrado en años con un cuerpo orondo y una prominente calva que intenta cubrir con un mechón de pelo largo colocado encima.
Nos sonríe con tensión y asiente a modo de saludo.
Le devuelvo el saludo, pero no me fío de él.
La familia Moretti es famosa en Bari por ser traicionera y no tener palabra.
Los Barone y los Valenti fueron aliados de los Moretti hace bastantes años; mas, con la muerte de su antiguo capo y el ascenso al poder de Nero, comenzaron las rencillas y desencuentros hasta acabar convertidos en rivales directos.
—Bien, Barone, ya estamos aquí —comienza a hablar Pietro con voz oscura y fría—. ¿Qué era eso tan importante que teníamos que debatir?
—No te hagas el inocente, Moretti, porque sabes muy bien el motivo de nuestra reunión —responde mi padre sin dejarse achantar—. Ese terreno es nuestro. Estáis dificultando la compra cuando nosotros lo reclamamos primero.
—Podréis haber sido los primeros, pero los Moretti también estamos interesados en él.
—¡Vais a dejar de joder! Mi hermano está perdiendo la paciencia y Riccardo no es de los que perdonan cuando le arrebatan algo de su propiedad.
—Si fuese vuestro, no podríamos provocar problemas, ¿no lo has pensado, Ettore? —se burla Pietro, dando un paso hacia mi padre. En respuesta, mis primos, mi hermano y yo avanzamos otro hacia ellos—. Esas tierras están en venta, ambos las queremos y os va a tocar luchar por ellas. A no ser…
—¿Qué?
—¿Estáis dispuestos a negociar?
Mi padre levanta el mentón y los mira a todos con asco antes de cruzar los brazos sobre el pecho.
—¿Qué queréis?
—Cuatro millones de euros al contado, el almacén gigante que tenéis en Alberobello y a vuestras mujeres.
—¡Hijo de puta! —grito entre dientes antes de lanzarme hacia él con la intención de romperle todos los putos huesos del cuerpo. Sin embargo, mi hermano y mis primos me inmovilizan.
—Drio, calma —susurra Teodoro, apoyando su mano en mi hombro.
—¿No os gusta la propuesta, Barone? —se carcajea Pietro, mirándome fijamente—.
El dinero y las propiedades están bien, pero, uf, la bella Vittoria Conti, la diligente Raffaella de Luca y la preciosa Giulia Barone, tan joven, tan tierna…
Es tan bonita que incluso pasaría por alto que es una bastarda cualquiera.
Voy a matarlo. Lo juro. Acabaré con la miserable existencia de Pietro Moretti y me encargaré de que su descendencia lo acompañe al infierno. Todos y cada uno.
Intento soltarme del agarre de mis primos, pero ellos no me lo permiten, maldita sea.
—Estás insultándonos deliberadamente, Pietro —le avisa mi padre, aparentando calma, pero en su tono se refleja la ira—. Esta iba a ser una reunión pacífica.
—Y lo está siendo. —Sonríe el otro con suficiencia—. He hecho una propuesta, sois libres de aceptarla o no.
—¡Las mujeres de nuestra familia son sagradas! —bramo tan alto que todos me miran.
—Tío, esta reunión se ha acabado —comenta Fabio, quien mantiene el tipo a duras penas.
—Se ha acabado —asiente mi padre con rabia, irguiendo la espalda con gran tensión—. No habrá negociaciones, Moretti. Has insultado a mi familia y actuaremos en consecuencia.
—Que así sea —asiente Pietro con el semblante tranquilo—. Pero… yo también tengo una advertencia para vosotros, Barone: mi primo quiere ese terreno y lo conseguiremos a cualquier precio. Sea como sea. Aunque eso signifique romper la débil paz que hay entre nosotros.
◆◆◆
No hay trato con los Moretti y lo más probable es que toda esta mierda acabe en una guerra y muchos muertos.
Nero está jugando con fuego y a los Barone nos encanta la gasolina. Si lo que busca es acabar con su puto cuerpo de rata apestosa hecho un colador, se ha metido con la familia adecuada.
Desde primera hora de la mañana, mi padrino nos reúne a todos los miembros del crimine en su despacho para que le relatemos lo ocurrido en el muelle, a pesar de que mi padre lo puso al corriente en cuanto regresamos al palazzo .
Se enfurece. Se enfurece tanto como lo estuve yo anoche. Si por mí fuera, habría masacrado con mis propias manos a esos gilipollas y lo único que hubiese regresado junto a Nero Moretti habrían sido los meñiques ensangrentados de sus parientes.