Barone (Familias de la mafia 1) 23 #2
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—Haz lo que quieras, pero no te acerques a mí. —La sonrisa se le curva todavía más en los labios cuando despega el costado del marco de la puerta y comienza a acercarse a paso lento—. ¿Es que estás sordo? ¡Alto, no te acerques!

—No.

—¡Adriano, basta! ¡Lo que te dije el otro día iba totalmente en serio! —Levanto las manos creando una barrera entre mi espacio vital y el suyo.

No intenta cruzar ese espacio, se limita a frenar cuando la palma de mis manos queda apoyada contra sus pectorales.

—Mis palabras también iban en serio, Giulia.

—Lo nuestro se acabó.

—No se ha acabado nada, tú eres mi mujer.

—¡Vete a la mierda! ¡Tu mujer es Stella Valenti!

—Stella es mi amiga.

—¡Vas a casarte con ella! ¡Lleváis prometidos siete putos años!

—Ojalá te hubiera conocido antes de aceptar esa alianza.

Jadeo al escuchar sus palabras y niego con la cabeza, resistiéndome a creerlo.

—Cállate.

—No voy a permitir que te alejes de mí, nena.

—¡Dios, que te calles! —Apoyo las manos en la mesa donde sigue la cafetera y agarro un puñado de las cucharas. Comienzo a lanzárselas con rabia—. ¡Eres un puto mentiroso, Adriano Barone! ¿Crees que voy a tragármelo?

Él da un paso atrás cuando las cucharas comienzan a golpearle el pecho.

—¡Deja de hacer eso!

—¡Vete! ¡Olvídate de mí!

—¡Giulia!

—¡Que te jodan! —Le lanzo la última cuchara, que le golpea en el brazo derecho, y cuando voy a girarme para coger el resto de los cubiertos, Adriano se lanza sobre mí y me inmoviliza contra su cuerpo—. ¡Aaah, suéltame, cabrón! ¿Qué demonios haces?

Nuestras respiraciones alteradas resuenan por toda la cocina, mis senos están aplastados contra su torso por la fuerza con que me sostiene. Tengo una de sus manos enredada en la cintura y la otra me agarra la barbilla, obligándome a mirarle los ojos.

—Te he dado tiempo, tentazione . He respetado que quisieras estar a solas estos cuatro días, pero la tregua ha terminado porque no puedo estar sin ti.

—Ese es tu problema, no el mío —susurro con rabia, intentando no flaquear por su cercanía, pero es malditamente complicado—. No voy a perdonarte. Eres un puto embustero, no confío en nada de lo que dices.

—Lo harás, porque voy a demostrarte que en esto no miento.

—¡No cambiará nada! ¡Jamás podría estar con un hombre casado! ¡Acabaría odiándote y odiándome a mí por hacerle eso a otra mujer!

—¡Es que esa mujer y yo no nos queremos! ¡Es un maldito acuerdo! ¿Por qué no lo entiendes? ¡Yo te elegí a ti!

—¡Y yo he elegido no entrar en esto! ¡Respeta mi decisión!

—¡No puedo, joder! —Me acaricia la mejilla con una mano y niega con la cabeza mientras su respiración se torna jadeante—. No puedo.

Me humedezco los labios con el nerviosismo desbordando todos mis poros y aprieto los dientes cuando siento que comienzan a temblarme.

—No tengo más remedio que quedarme en el palazzo hasta que termine el verano porque se lo prometí a mi padre, pero en un mes volveré a Roma.

—Y yo iré a buscarte.

—No dejaré que me encuentres.

—Te buscaré hasta en el puto fin del mundo, Giulia. Da igual lo lejos que huyas de mí. Siempre voy a encontrarte, cueste lo que cueste.

Antes de que pueda responder, escuchamos unos pasos acercándose a la cocina.

Adriano se pone tenso y resopla cuando no le queda más remedio que soltarme.

Al verme libre, tomo distancia y peleo con mis pulmones para que vuelvan a convertirse en órganos funcionales y me permitan seguir respirando con normalidad.

—Oh, pero si estáis aquí. —Es Raffaella, que entra en la cocina y se acerca a nosotros con su habitual gesto amable. Ambos recomponemos el semblante para que la madre de Adriano no sospeche lo que estaba ocurriendo—. ¿Por qué tardabais tanto? Nos hemos quedado sin café.

—Estábamos hablando —responde él como si nada—. Giulia me contaba que se alegra de quedarse el resto del verano.

Qué cabrón, el puto Adriano Barone.

Le lanzo una rápida mirada de odio, para que Raffaella no me descubra, y fuerzo mi sonrisa antes de hablar:

—Sí, me lo estoy pasando increíble con vosotros.

—Claro, cariño. —Ella me acaricia el brazo—. Nosotros también estamos muy felices de que te quedes.

—Nos alegramos mucho, prima —sentencia él, regalándome su típica sonrisilla burlona. Lo mataría. Lo juro.

—Bueno, se acabó la cháchara —se inmiscuye de nuevo la madre de Adriano y señala la cafetera humeante—. Drio, sé un caballero y llévala al salón por nosotras.

Él asiente y, cuando pasa por mi lado con la bandeja, roza con descaro nuestros brazos. Después, Raffaella me guía hacia el salón, donde toda la familia sigue hablando y disfrutando del desayuno.

—¿Dónde demonios os habíais metido? —salta mi padre al vernos llegar a los tres.

—Estos jovencitos estaban de cháchara en la cocina —ríe la madre de Adriano—. Se habían olvidado de nosotros.

—Divina juventud —añade la nonna con gesto soñador, apoyando la mejilla en una mano.

Mi padre me sonríe con cariño y luego mira a Adriano.

—Me gusta que os llevéis tan bien, pero reconozco que siento celos. A Drio le cuentas muchas más cosas que a mí, principessa .

—Riccardo, eres su padre —se carcajea Ettore, palmeando su espalda—. A nosotros no nos cuentan nada. Somos demasiado viejos para ellos.

Tomamos asiento de nuevo, Adriano frente a mí, y de nuevo evito mirarlo por todos los medios. Joder, esto es muy difícil. ¿Cómo voy a ignorarlo si tengo que estar luchando con las ganas de buscarlo con la mirada a todas horas?

—Por cierto, Giulia, ¿a qué hora llega hoy tu amiga? —pregunta mi padre tras servirse otra taza de café—. Me dijiste que vendría de visita, pero no a qué hora.

—Sobre las ocho, creo.

—Tengo ganas de conocer por fin a Siena Greco.

—¿Viene Siena? —me pregunta Adriano, alzando las cejas.

—Ajá —asiento con tirantez, sin contacto visual, jugueteando con mis anillos—. ¿Algún problema?

—¿Por qué iba a tenerlo? Es tu amiga. Seguro que Lorenzo se alegra.

—¿Conoces a la amiga de mi hermana, Drio? —se inmiscuye Alessandro con el ceño fruncido—. ¿Cómo es posible?

Levanto la mirada de golpe y mis ojos coinciden con los de Adriano, cuando nos damos cuenta de que Alessandro nos ha escuchado.

—No la conozco en persona. Giulia me ha hablado de ella —responde con una calma que me sorprende.

—¡Pues sí que habláis de cosas vosotros dos! ¡A mí Giulia tampoco me cuenta nada!

—Eso es porque eres muy aburrido y solo te interesa la comida —se burla Fabio, dándole un codazo.

La conversación cambia de tema poco después y logro controlar los nervios. Casi todos han terminado con su desayuno y yo estoy deseando largarme para alejarme de Adriano. ¡Dios, cómo odio esta situación!

Aguardo un par de minutos más antes de levantarme y disculparme con la familia.

—Me retiro, si no os importa. Quiero prepararlo todo para cuando llegue Siena.

—Está bien, bambina . Puedes marcharte —asiente mi padre con una cariñosa sonrisa.

Rodeo la mesa y le doy un beso en la mejilla a la nonna antes de encaminarme a la salida. Sin embargo, cuando estoy a punto de alcanzarla, escucho a Adriano hablar de nuevo:

—Padrino, estoy haciendo reformas en mi casa. Si no te importa, voy a quedarme en el palazzo hasta que todo esté listo.

Freno en seco y abro mucho los ojos sin poder creer lo que he escuchado. ¡No! ¡Cabrón! ¡No has dicho lo que acabo de escuchar! ¡No puedes haberlo dicho!

Rezo en voz baja para que mi padre se niegue. Que le diga que no hay habitaciones libres, que los colchones tienen pulgas, una plaga de piojos, que están desamuebladas.

Sin embargo, su respuesta me hace desear esconderme bajo tierra.

—Claro, Drio, mandaré a que el servicio prepare tu antigua habitación. Quédate todo el tiempo que necesites. Esta es tu casa, hijo.

¡Quiero gritar, maldita sea! ¡Dar media vuelta y seguir lanzándole todo lo que encuentre a mi paso!

¡Ya sean cucharas, tenedores, cuchillos o toda la maldita vajilla al completo!

¿Reformas en su casa? ¡Ja! ¿Quién coño se cree eso?

¿No es suficiente con aguantar sus visitas?

Ahora voy a tener que soportar la presencia de Adriano Barone a diario.

De día y de noche. Saber que duerme aquí.

A unas cuantas habitaciones de distancia.

¿Por qué es tan cruel conmigo la puta vida?

¿Esto es el karma? ¿Tan mala persona he sido que no deja de joderme?