Barone (Familias de la mafia 1) 21 #2
56%

21 #2

Ahora que por fin he salido de la casa Barone, me doy cuenta de que, en realidad, el pueblo está lejos y que la carretera que lleva hasta allí no tiene ni siquiera arcén, así que no es prudente caminar por la orilla a no ser que me apetezca acabar aplastada bajo las ruedas de algún camión.

—¡Giulia! —Una profunda voz a varios metros me sobresalta, pues no esperaba que me encontrasen tan pronto—. ¡Giulia, espera!

Ni siquiera tengo que girarme para saber que es él.

Lo reconocería hasta en el fin del mundo.

No me apetece una mierda verle la cara, pero, como parece que no me queda más remedio, encaro a Adriano con el rostro embargado por la ira, aguantándome las ganas de tirarle la primera piedra que encuentre a mis pies.

Sin embargo, cuando mis ojos se pasean por sus facciones, no es la culpa lo que veo en él, sino el enfado.

Adriano me mira como si la que hubiese cometido el peor crimen de la historia fuese yo.

—¡Es la última vez que sales del palazzo sin avisar a nadie!

¿Me oyes? —declara con una tensión palpable en su mandíbula.

Está plantado ante mí con ese gesto impenetrable de señor de la mafia que siempre me ha encantado, aunque esta vez no me dejo engatusar por su cuerpo perfecto ni su rostro sexi.

Me limito a mirarlo de arriba abajo con desprecio—. Te estoy hablando, Giulia, contéstame.

—Que te jodan —bufo con la voz rebosante de rabia—. No tienes ningún derecho a seguirme.

—Vamos a hablar. —Da un paso hacia mí, intentando suavizar la tensión que hay entre ambos.

—¿Cómo me has encontrado?

—Eso da igual.

—No da igual, ¿cómo coño has dado con mi paradero tan pronto?

—Tengo mis trucos. Y ahora hablemos. —Suspira al ver que guardo silencio—. Mira, esto es demasiado complicado y no sé cómo empezar a…

—¿No sabes cómo empezar a contarme que estás prometido con otra? —escupo hostil—. ¿Vas a casarte con Stella Valenti?

—Deja que te explique lo que…

—¡No quiero tus putas explicaciones! ¡Solo quiero que me digas si estás o no comprometido con esa mujer!

Adriano se muerde el labio inferior y me mira con el rostro tenso antes de asentir de mala gana.

—Lo estoy.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace siete años.

—Hijo de puta —susurro con los ojos cerrados, notando un dolor sordo en el pecho por la decepción. Me abrazo a mí misma para intentar permanecer lo más serena posible. No se merece verme mal. Y una mierda.

—Olvida a Stella, ¿vale? Lo que siento por ti es lo más fuerte que…

—Me has engañado —lo interrumpo antes de que termine de hablar.

—¡No!

—Me has estado follando, cabrón. Me has contado milongas, prometiéndome el oro y el moro, cuando ya tenías una prometida esperándote en Bari.

—Lo miro con desencanto, como si la persona que se encuentra frente a mí fuese un total desconocido, y no el hombre por el que he estado tan ilusionada desde hace semanas—.

Soy una gilipollas, joder. Me lo he creído todo a pies juntillas cuando solo te estabas riendo de mí.

—Lo nuestro es real, tentazione . Jamás te haría daño gratuitamente.

—Que te follen. ¡Que te follen! —Me llevo las manos a la cabeza y jadeo desesperada—. Eres el peor cabrón que he conocido nunca. ¿Para qué insistías tanto en hablar con mi padre cuando no sabías quién era? ¿Lo habrías engañado también a él si no hubiera sido tu maldito tío?

—¡Repito que esto no es ninguna mentira! —Da otro paso hacia mí.

—¡No te me acerques!

—¡Pues escúchame, joder! Estoy loco por ti, eres la mujer más especial que he conocido nunca. Y no voy a perderte.

—Ya me has perdido. —Aprieto los dientes porque noto los ojos húmedos.

Ni de coña voy a llorar por alguien como él—.

¡Por eso insistías en que no te esperase en el palazzo hasta que acabara la reunión, ¿verdad?

! ¡Me querías lejos para que no me cruzase con tu prometida y pudieses seguir aprovechándote de mí hasta el día de tu boda!

¡Habría seguido en la inopia, sin saber la verdad!

—¡Iba a decírtelo!

—¡Ja!

—¡Te habría dicho lo de Stella, solo necesitaba un poco más de tiempo!

—¡Tiempo! ¿Tiempo para qué?

—Para que te enamorases de mí y no pudieras dejarme.

—¡Puto loco! ¡Estás mal de la cabeza si piensas que hubiese aceptado ser tu amante!

—¡Es que no lo habrías sido! ¡Tú eres la mujer que de verdad deseo conmigo! ¡No quiero a Stella, no quiero estar con ella! ¡Yo te elijo a ti, te elegí en cuanto te conocí!

—¿Y qué se supone que voy a hacer después de esto, Adriano? ¿Qué coño pretendes que haga?

—Que te quedes conmigo. —Recorre el espacio que nos separa y entrelaza nuestras manos.

A pesar de que intento soltarme, no me lo permite—.

Te lo daré todo, nena. Tendrás todo lo que quieras, compraré una casa para nosotros en Roma, seré tuyo para siempre.

Y tú serás mi reina, tentazione . Mi todo.

Te haré la mujer más feliz del mundo, lo prometo.

Te daré una vida de ensueño, te daré hijos, muchos, formaremos una familia.

Me tiemblan los labios antes de responder:

—Pero estarás casado con otra.

—Es un trámite, no significa nada para mí.

—¿Y por qué no suspendes ese compromiso?

—No puedo hacerlo. Un Barone nunca falta a su palabra. Y yo prometí casarme con Stella. Sería una ofensa para la familia si me echase atrás. Estoy atado de pies y manos.

Me quedo mirándolo en silencio lo que se me antoja una eternidad.

Contemplo esos ojos oscuros que me encantan.

Su pelo, sus labios, su mentón cuadrado.

Es el hombre más perfecto del jodido mundo, pero esto es demasiado, incluso para mí.

Así que separo nuestras manos y vuelvo a dar un paso hacia atrás para tomar distancia una vez más.

—Aléjate de mí.

—Giulia…

—¡No, cállate! ¡Ahora vas a escucharme, porque no has entendido nada, joder! ¡Mírame! —Me señalo con el dedo índice—. ¡Soy la hija bastarda de Riccardo Barone!

—A mí eso me da igual.

—¡Pero a mí no! ¡Llevo toda la vida sintiéndome una basura, alguien que no es digno de recibir amor por el simple hecho de no haber nacido dentro de un puto matrimonio!

¡Mi madre me abandonó, mi padre tenía otra familia!

¡No permitiré que mis hijos pasen por lo mismo que yo!

¡No seré la amante, la otra! ¡Yo valgo mucho más que toda esta mierda!

¡Así que déjame en paz, porque de ahora en adelante, si hablo contigo en algún momento, será para no incomodar a los demás! ¡Lo que teníamos se ha acabado!

—¡Y una mierda! —brama, tirando de mi brazo para pegarme a su cuerpo—. ¡Tú eres mía! ¡No me vas a dejar! ¡Entiendo que estés enfadada, esperaba ser yo quien te diese la noticia, pero te demostraré que todo lo que digo es cierto! ¡Te lo demostraré cada puto día de mi vida!

—Si crees que eso me va a hacer cambiar de opinión, estás muy equivocado. —Doy un tirón al brazo para liberarme de su agarre.

—Lo harás.

—Suéltame de una jodida vez, Adriano.

—No.

—Si no lo haces, se lo contaré todo a mi padre.

—¡A mí no me amenaces, maldita sea! —susurra entre dientes muy cerca de mis labios—. Estoy haciendo de tripas corazón para no encerrarte en mi puta casa.

—Ah, ¿sí? —bufo—. ¿Me matarás si no acepto convertirme en tu puta?

—No. Te follaré hasta que vuelvas a entrar en razón y no te niegues a ser mi mujer.

—Eres tú el que tiene que entrar en razón porque eso nunca pasará.

—¿Quieres apostar?

—No tienes ninguna posibilidad. No con esto.

—Si me lo propongo haré que…

—¡Giulia! ¡Drio! —Una tercera voz se cuela en medio de nuestra discusión.

Cuando levantamos la mirada descubrimos a Fabio, que se acerca a nosotros con la respiración alterada por la carrera.

Aprovecho la presencia de mi hermano para soltarme de su agarre y tomar distancia—.

¿Qué coño os pasa? Papá está muy enfadado.

Piccola , te has ido sin compañía del palazzo , y tú…

—se gira hacia Adriano— has salido de la reunión sin avisar, en plena negociación.

Los Valenti pueden tomárselo como una afrenta.

—Hablaré con ellos —responde Adriano con una fingida tranquilidad que ahora mismo ninguno de los dos sentimos.

Fabio nos mira a ambos con el ceño fruncido, pensativo.

No es tonto, sabe que hay algo raro en nuestra forma de actuar, en lo que acabamos de hacer, pero de su boca no sale ni una pregunta.

No nos atosiga, respeta a Adriano y confía en que nuestro primo siempre hace lo correcto. Así que se limita a decir:

—Volvamos ya o mi padre mandará a todos nuestros jodidos hombres a buscarnos.