20
Giulia
Mi cuerpo huele a él. Mi ropa. Mi habitación. Y es la sensación más increíble del mundo. Llevo despierta desde que nos despedimos y me he pasado las últimas dos horas soñando con los ojos abiertos.
Oficialmente, estoy ilusionada nivel dios con ese hombre.
Ya está, lo he admitido. Pero es que es imposible negar lo evidente.
Adriano Barone es todo lo que está bien en la vida.
Bueno, todo, todo, no. Pero si omitimos el pequeño detalle de que es mi primo, además de un mafioso sanguinario que destroza las caras de los enemigos de la familia, es perfecto.
En definitiva: un príncipe azul con las mismas ganas de sexo de un demonio muy obsceno y obsesionado conmigo.
Que alguien me pellizque para asegurarme de que no estoy soñando.
A veces dudo de si está ocurriendo de verdad.
Termino de vestirme tras darme una ducha y, antes de salir de mi dormitorio para reunirme con los Barone y desayunar, cojo mi teléfono y le escribo a Siena. Ayer me mandó un par de mensajes, pero ni siquiera pude responderle. Adriano me tuvo demasiado ocupada como para prestar atención al móvil.
Siena
¡Giulietta! ¿Cómo te va por Bari ignorando a cierto mafioso tío bueno de tu familia? Espero que se las estés haciendo pasar canutas y te hayas follado a otro en sus narices.
Siena
Te echo de menos. Roma es muy aburrida sin ti. Necesito desahogarme y contarte mil cosas sobre los tíos a los que me tiro. Somos una trieja de puta madre. Deberías buscarte a dos hombres para ti sola, es una maldita fantasía. Hazme caso.
Suelto una suave carcajada al terminar de leer.
Si ella supiera…
Tengo que ponerla al día. Ayer no pude contarle que Adriano y yo hemos decidido pasarnos por el arco de triunfo el tema del incesto y la traición a nuestra familia para estar juntos. Pero es demasiado largo como para escribírselo todo en un mensaje.
Giulia
Llámame en cuanto puedas, tengo novedades. ¡Novedades increíbles y acojonantes!
Giulia
Echo mucho de menos nuestro jueves de terapia y borrachera.
¡Qué ganas de verte!
Giulia
Hay mil cosas que todavía no sabes, pero te lo resumiré: ¡tía, soy muy feliz! ¡Mucho, mucho, mucho, mucho, mucho! Tanto que gritaría ahora mismo del subidón que llevo encima. No, en serio, llámame, porque vas a alucinar. Gritaremos juntas, te lo juro.
¿Acabo de sonar como una persona adicta a ciertas sustancias ilegales?
No lo dudo. La última vez que hablamos estaba hecha mierda al enterarme de que me follaba a mi primo, y ahora, con tanta euforia, parezco miembro de una secta utópica donde todo es chupiguay.
En fin. Siena no me juzga, y si lo hace lo disimula muy bien.
Guardo el teléfono en el bolsillo y me dirijo hacia el salón para reunirme con el resto a desayunar. Mi amiga no es como Adriano, que responde al instante. Ella todavía estará durmiendo, follando con sus ¿novios?, o vete tú a saber.
Antes de entrar en el salón, me encuentro con Teodoro, que acaba de llegar al palazzo . Me dedica su mejor sonrisa y me rodea los hombros con un brazo, en un gesto fraternal.
—Prima, qué guapa estás hoy. —Besa mi frente.
—Gracias. —Le sonrío. Teo es dos años mayor que Adriano, pero comparten la misma sonrisa de depredador y una mirada oscura e insinuante que encandilaría a cualquier mujer de la galaxia; sin embargo, el hermano de mi mafioso tiene el pelo largo hasta los hombros, la nariz algo más aguileña y el cuerpo fibroso, pero más esbelto—.
No sabía que ibas a venir a desayunar con nosotros.
—Tenemos una reunión importante con los Valenti. Estaremos todo el crimine de la familia.
—¿Los Valenti son aliados?
—Algo así. Nuestros padres y Antonio Valenti mantienen una cordial amistad desde la época jurásica, además de ser el capo de una de las cuatro familias que conformamos la Sacra Corona Unita.
Asiento, almacenando la información que acaba de darme, y dejo que me guíe hasta el salón, desde donde se escucha el murmullo de los demás Barone, que aguardan nuestra llegada para empezar a desayunar.
Una vez cruzamos la puerta, descubrimos a todos sentados alrededor de la mesa.
No falta nadie. Está incluso Vittoria. Es la primera vez que se reúne con la familia desde que llegué al palazzo , y me mira con esa misma cara de víbora asesina que me dedicó anoche.
La parte buena es que ahora no puede insultarme, pues mi padre también está aquí, sentado varias sillas alejado de su mujer.
—¡Los que faltaban! —exclama mi tío Ettore, levantando los brazos al aire, haciendo reír a Raffaella—. ¡Mi Teodoro se ha encargado de traer consigo a la principessa de la casa!
—¡Venga, sentaos! —nos apremia Alessandro, mirando la comida con ojos golosos—. Estoy muerto de hambre de tanto esperar.
Apoyo una mano en el hombro de mi nonna , que me la besa con un cariño que me conmueve, y señala la silla libre que hay junto a mi hermano menor.
—Fabio te ha guardado un sitio a su lado.
—Vamos, piccola , date prisa o Alessandro nos deja sin desayunar —me apremia, burlándose de nuestro hermano.
—Cierra el pico, estos músculos no se mantienen solos.
Teo, que aún me sujeta por los hombros, acerca su boca a mi oído para comentar:
—Alessandro solo tiene un músculo en la barriga, y cada vez es más prominente.
Suelto una carcajada y le doy una palmada en el brazo. Teodoro Barone es encantador. Hablamos mucho cuando viene al palazzo . Tiene el humor de mi tío Ettore y la amabilidad de su madre.
Me acomodo junto a Fabio, con Adriano sentado enfrente, vestido con un nuevo traje negro impoluto y el cabello húmedo tras haberse dado una ducha. Está guapísimo y sexi a rabiar.
Cuando nuestras miradas coinciden, nos sonreímos en silencio, logrando que un incontrolable temblor me recorra el estómago.
Me saluda como si nada, como si no nos hubiésemos comido a lo bestia en mi habitación unas horas atrás después de reconciliarnos en el jardín del palazzo .
Resulta antinatural fingir que somos simples familiares cuando la realidad es tan diferente.
—Buenos días, prima.
—Hola, Drio —respondo intentando que la sonrisa ilusionada no me delate ante los Barone—. ¿Qué tal?
—Bien, pero tú pareces cansada.
—¿Ah, sí?
—¿No descansaste anoche?
Lo observo con los ojos muy abiertos, porque es un cabrón de cuidado. Su sonrisa se intensifica todavía más al verme enrojecer. Todos nos miran.
—Dormí a ratos, ¿y tú?
—Yo también. —Noto su pierna acariciar la mía bajo la mesa. Se me aceleran los latidos—. Casi no pegué ojo. El calor, supongo.
—Giulia, cara —se inmiscuye nuestra nonna , que se encuentra sentada varias sillas a mi derecha, entre mi padre y Raffaella. Cuando poso los ojos en ella, una enorme sonrisa curva sus labios—. Cuando me lo he dicho tu padre no podía creérmelo. ¡Me has hecho tan feliz!
—¿Por qué?
—¡Vas a quedarte hasta septiembre con nosotros!
—Oh, sí, claro. No podía irme tan pronto.
—Qué bien lo vamos a pasar juntas. ¿Te gusta cocinar conmigo?
—Me encanta, nonna , estoy aprendiendo de la mejor.
—¿La has oído, Riccardo? La niña es una Barone de los pies a la cabeza.
—Y que lo diga, mamma . Nuestra Giulia es un sol.
Escuchamos el resoplido de Vittoria y nuestros ojos van hacia ella. Ni siquiera se molesta en ocultar frente a los demás el asco que me tiene. Si pudiese asesinarme con una mirada, ahora mismo estaría muerta a sus pies. Y destripada.
Mi teléfono comienza a vibrar de repente dentro de mis pantalones. Estoy esperando la respuesta de Siena a mis mensajes; sin embargo, cuando me fijo en el nombre de la pantalla, no es ella, sino Adriano, a pesar de que está sentado justo enfrente.
Adriano
Odio tener que fingir que no me perteneces.
Adriano
Tenerte tan cerca y no poder tocarte.
Adriano
Algún día, todos sabrán que eres mi mujer, tentazione .
Lo gritaré ante el jodido mundo.
Giulia
Esto también es raro para mí.
Adriano
Joder, te follaría aquí mismo.
Levanto de nuevo la mirada hacia el frente, encontrándome de pleno con Adriano y su sonrisa anhelante.
Se me aceleran los latidos al ver cómo se muerde el labio inferior y asiente lentamente. En serio, este tío me tiene idiotizada.
Giulia
Si quieres empezar conflicto fratricida, adelante, fóllame aquí.
Adriano
No me tientes, nena. Sabes de lo que soy capaz.
Giulia
Qué peligro tienes, señor mafioso.
Adriano
¿Sigue en pie nuestro día juntos por Bari?
Giulia
Claro que sí.
Adriano
Bien. En cuanto termine la reunión te llamo.
Giulia
¿De verdad no quieres que te espere en el palazzo mientras estás ocupado?
Adriano
Te aburrirías, solo son negocios. Nos vemos más tarde.
Los Barone se retiran poco a poco de la mesa del desayuno hasta que solo quedamos mi padre, Adriano y yo.
El ambiente es relajado entre los tres, pues, básicamente, ellos hablan del negocio y de ese tal Nero Moretti, que no deja de meter las narices en la compra del nuevo terreno, mientras yo trato de no quedarme mirando a Adriano embobada.
Tarea dificilísima porque está tremendamente bueno e irresistible tan concentrado en lo que dice mi padre, y su ropa de mafioso malote parece confeccionada para que no pueda soportar las ganas de arrancársela a bocados.
Juro que yo antes no era así. El sexo me gustaba, pero no hasta este punto de ebullición que me provoca Adriano Barone. Siena estaría muy orgullosa de mi lado calentorro. Lo sé.
—He concertado una reunión la próxima semana con el consigliere de Moretti para darles un ultimátum.
—¿Irá mi padre?
—Sí. Ettore conoce bien a ese hijo de puta y sabe cuáles son sus puntos débiles, pero me gustaría que lo acompañases, por si surgiera algún problema.
—Claro, padrino. Cuenta conmigo.
—Alessandro y Fabio irán con vosotros. Esas alimañas sarnosas deben entender que estamos decididos y dispuestos a todo por quedarnos con el terreno.
Me reuniré personalmente con Nero al día siguiente para sellar el trato al que lleguéis con sus hombres.
—Mi padre se levanta de su asiento, tras palmear el hombro de Adriano, y mira su reloj de muñeca—.
En media hora vendrán los Valenti para la reunión. Será mejor que nos preparemos.
Entonces sus ojos van hacia mí. Borra su expresión tensa para dedicarme la sonrisa más suave y tierna del mundo.
— Principessa , ¿qué planes tienes para hoy?
—Me gustaría ir al centro comercial y luego dar un paseo por Bari.
—Bien, le diré a Luca que te acompañe. —Mete la mano en el bolsillo de sus pantalones y saca la cartera—. ¿Cuánto dinero necesitas?
—Papá, tengo dinero. —Pongo los ojos en blanco.
¿Me escucha?
Ni de coña.
Apoya en la mesa una tarjeta de crédito de color dorado, que tiene pinta de tener más dinero del que nunca haya escuchado hablar, y la desliza hacia mí, obligándome a cogerla a pesar de mis quejas.
—Mi pequeña no va a gastar ni un euro estando en mi hogar. —Sonríe—. Pásatelo bien por el pueblo.
—Padrino —lo llama Adriano—. Le dije a Giulia que le enseñaría Bari cuando acabase la reunión. ¿Hay algún inconveniente?
Mi padre nos mira a ambos en silencio y su sonrisa se ensancha.
—Claro que no, adelante, hijo. Me hace feliz que te lleves tan bien con tu prima. —Vuelve a palmear su brazo—. Si acompañas tú a mi bambina , estaré mucho más tranquilo, Drio.
◆◆◆
Una hora más tarde, termino de recogerme el pelo en una coleta alta y salgo de mi dormitorio vestida con unos tejanos cortitos, una camiseta blanca de manga corta y una gorra rosa sobre la cabeza para protegerme del sol.
Quiero ir cómoda para visitar el pueblo, aunque primero haré tiempo en el centro comercial hasta que acabe la reunión, que ahora mismo debe de estar celebrándose en el despacho de mi padre, y Adriano pueda reunirse conmigo.
Me cuelgo un bolso de ganchillo al hombro y salgo de la habitación.
Son las diez de la mañana y el palazzo está en relativa calma, salvo por el discreto ir y venir del servicio que se ocupa de adecentar cada estancia religiosamente.
Aún me cuesta acostumbrarme a no tener que mover ni un dedo.
Aquí hay gente que lo hace todo por mí, así que, cuando regrese a Roma y tenga que volver a la rutina, me va a costar la vida.
Mientras recorro el pasillo, abro el bolso para asegurarme de que no me olvido nada.
Sobre todo, el monedero. Quiero comprar lencería sexi para esta noche, para que Adriano se vuelva loco y me la arranque nada más verme con ella puesta.
Palpo el monedero en el fondo y sonrío orgullosa por haber dejado la tarjeta que me dio mi padre en la habitación.
Soy una mujer trabajadora e independiente.
No necesito que nadie me pague los caprichos.
Estoy a punto de alcanzar la escalera cuando alguien se cruza en mi camino, haciéndome frenar de golpe para no chocarme con él.
Es mi tío Ettore. Está hablando por teléfono y ni siquiera se percata de que estoy aquí hasta que se da la vuelta.
Cuando me descubre, se dibuja una sonrisa en sus labios.
Adriano se parece mucho a su padre. Ambos son gigantes, corpulentos y poseen una mirada directa y penetrante que hipnotiza.
El hermano de mi padre levanta una mano y me pide que aguarde un momento antes de despegarse el móvil de la oreja. Va vestido con elegancia, como es normal en todos ellos, y bajo el brazo lleva una gruesa carpeta repleta de papeles que pone en mi mano.
—Giulia, preciosa, ¿puedes llevarle a Riccardo estos documentos? Está reunido en el despacho y los necesita.
—Claro, tío, se los llevo ya.
—Gracias. —Me guiña un ojo—. Dile que me reuniré con ellos enseguida.
Da media vuelta y sigue hablando por el teléfono con gesto serio, olvidándose por completo de que sigo aquí.
Miro con curiosidad la carpeta y giro sobre mis talones en dirección al despacho de mi padre, desde el que se escuchan risas y un suave murmullo de voces. Cuando estoy junto a la puerta, me aclaro la garganta y toco un par de veces con los nudillos, logrando que el murmullo se silencie de repente.
Ups. Yo interrumpiendo una reunión de la mafia. Jamás lo habría creído.
Entonces oigo el sonido de unas pisadas dirigiéndose a la puerta.
Es un rítmico taconeo de mujer, que supongo será de Raffaella, pues creo recordar que todos los Barone pertenecientes al crimine de la familia iban a estar presentes, y ella es la contabile de mi padre.
Pero una vez la puerta se abre, no es la madre de Adriano la que aparece ante mí, sino una joven preciosa a la que no conozco de nada, que me mira de arriba abajo con una hostil indiferencia.