14 #2
Reconozco que no me interesó conocer a esa prima perdida de la que todo el mundo hablaba por los rincones.
En mi mente seguía siendo una niña pequeña.
Alguien que nunca despertó mi curiosidad.
De hecho, jamás pregunté nada sobre ella.
Mi tía Vittoria llevaba muy mal que alguien sacase el tema estando presente.
Estuvieron a punto de divorciarse cuando el escándalo salió a la luz y la madre de Giulia se presentó en casa con un bebé en brazos.
Su desliz, y el nacimiento de esa niña ilegítima, fue un tema delicado en la familia durante muchos años.
Y ahora… Joder, ahora soy yo quien se encuentra en una encrucijada con esa misma niña.
La diferencia es que ahora es una mujer.
Una mujer preciosa, sensual y perfecta que remueve cada fibra de mi cuerpo hasta límites que no sabía que tenía.
Una mujer prohibida a la que debo evitar a toda costa, porque su sola presencia me empuja a cometer la mayor de las locuras, y eso significaría traicionar a mi familia.
◆◆◆
Tres días más tarde, aparco el coche en el jardín del palazzo y me guardo las llaves en el bolsillo mientras camino a paso lento hacia el interior.
Llevo todo el camino repitiéndome que no voy a verla a ella, que el motivo de mi regreso no es encontrarme con Giulia, sino visitar a mi madre, eso es todo.
Este lugar también ha sido mi casa desde que era niño, tengo todo el derecho a venir cuando quiera. Punto.
Son las doce del mediodía y en el salón solo se encuentran varias limpiadoras sacándoles brillo a las lámparas de cristal de las que se encaprichó mi tía Vittoria hace un par de años.
Todo está en silencio, no se oye ni un débil murmullo.
Mi padre y mi padrino deben de estar encerrados en el despacho, poniéndose al día de todos los negocios y las deudas pendientes.
Mis primos, Alessandro y Fabio, cobrando los sobornos que nos pagan los comercios de Bari a cambio de protección, y mi tía Valentina y su familia ya se han marchado de vuelta a su hogar tras conocer a Giulia.
Paseo por el palazzo en dirección al despacho de mi madre. Raffaella De Luca es la contabile de la familia desde hace más de diez años, un trabajo que requiere la máxima concentración, pues un simple fallo puede hacernos perder mucho dinero.
Mientras recorro el pasillo, mi cabeza gira hacia cada sala, esperando encontrar a esa personita a la que llevo evitando desde hace cinco días.
Sé que no debería buscarla, pero no puedo evitarlo.
Mis ganas son más fuertes que la razón. Y es una mierda, porque por mucho que me gustase la idea, Giulia y yo nunca podremos volver a estar juntos.
Además, querer verla tampoco es tan grave siempre que no pase de ahí.
Tocarla está prohibido y desearla también.
—¿Drio? —la voz sorprendida de mi madre hace que me detenga a mitad de camino a su despacho. Al darme la vuelta, me la encuentro perfectamente vestida, peinada y maquillada, y con uno de sus bolsos colgado al hombro—. No sabía que ibas a venir.
—Estaba cerca y he decidido pasarme un momento a saludar.
Me da un beso en la mejilla y sonríe con cariño, al tiempo que me alisa las arrugas imaginarias de mi camisa.
—¿Tienes pensado quedarte a comer?
—No creo.
—Quédate. La nonna está cocinando parmigiana di melanzane . Y tu hermano estará a punto de llegar.
—¿Ah, sí?
—Viene casi todos los días desde que Giulia está aquí. —Sonríe ella.
—¿Por qué? —Frunzo el ceño, hostil. Puto Teodoro.
—Se llevan muy bien. —Sonríe—. De hecho, Giulia se lleva bien con toda la familia. Es un encanto de niña. Es una pena que vengas tan poco a casa. Eres el que menos la conoce de todos nosotros. Casi no habéis pasado tiempo juntos, y es una pena, regresará a Roma la próxima semana.
—Ya —Joder, si ella supiera—. Es que estoy ocupado, mamá.
—Bueno, pero hoy te quedas a comer, ¿de acuerdo? —Se mira el reloj de muñeca—. Yo vuelvo enseguida. Tengo que pasarme por el centro comercial a recoger un vestido que encargué hace unos días.
—¿Entonces no hay nadie en el palazzo ?
—Oh, sí. Puedes buscar a Giulia. Quizá tengas suerte y la encuentres sola. —Se ríe—. Siempre hay alguien con ella. Todo el mundo se la rifa.
—Mira qué bien —bufo.
—No, en serio, deberías hacerlo. Es una chiquilla increíble.
Estoy poniendo de mi parte, maldita sea.
Recurriendo a mi jodida fuerza de voluntad para no ir a buscarla.
Lo último que necesito es que mi madre me empuje también hacia ella.
Al final lo mandaré todo al carajo y cometeré un puto secuestro, porque no me faltan las ganas de llevármela, encadenarla a mi cama y follármela con todas mis fuerzas, sin que me importe una real mierda el parentesco que nos une.
Cuando me quedo a solas, cierro los ojos y lucho una vez más contra ese maldito demonio que me recuerda lo mucho que me encanta esa mujer.
Lo combato pensando en la traición que supondría hacerle eso a mi padrino.
Una vez abro los ojos de nuevo, el sentido común ha regresado a mi mente.
Así que me dirijo a un lugar seguro. En busca de la compañía que me conviene de verdad, de la persona que más serenidad me transmite de todos los Barone: mi nonna .
No me permito pensar en nada mientras recorro los escasos metros que me separan de la cocina. Estoy haciendo lo correcto. Estoy poniendo de mi parte. Jodiéndome por la familia. Deberían hacerme un puto monumento.
Sin embargo, cuando doy el primer paso al interior de la estancia, el sonido de las cazuelas junto con una preciosa risa femenina me hace frenar en seco.
Mierda. Es Giulia. Está con mi abuela. Juntas. Cocinando mientras escucha atentamente algo que la anciana le dice en voz baja y que vuelve a hacerla reír.
Trago saliva y apoyo la mano en el quicio de la puerta, notando que mi cuerpo bulle al verla. Es como un maldito volcán que despierta cada vez que la tengo enfrente.
Es preciosa. Tiene un rostro delicado de piel tersa como el de un puto ángel, unos ojos grandes, expresivos, de un color marrón tan intenso como el del chocolate.
Naricilla respingona que le da aspecto travieso y unos labios mullidos y muy sexis que la chupan como si hubieran sido creados para acoger mi polla entre ellos.
Lleva un sencillo vestido violeta sobre el que se ha colocado un delantal para no mancharse.
Detengo la mirada más de la cuenta en la curva de sus pechos y trago saliva al recordar lo mucho que me encantó comérselos.
En su cintura estrecha, en la pronunciada curva de sus caderas.
Se ha recogido el cabello en una tensa coleta y su rostro luce sin una pizca de maquillaje, dejando a la vista las pecas que adornan sus mejillas.
Está concentrada cortando la berenjena en láminas para la comida y se muerde los labios cuando no le salen tan finas como ella quiere.
Es lo más bonito que he visto nunca y una perdición que me guste tanto, porque el destino no me lo está poniendo fácil.
—¡Drio, has venido! —exclama mi nonna con el semblante rebosante de felicidad—. ¡Mira, Giulia, está aquí tu primo!
Mas, cuando levanta la cabeza y me descubre apoyado en el marco de la puerta, se queda paralizada con el cuchillo en la mano.
Incluso creo ver un leve temblor en sus dedos.
Me mira con los ojos muy abiertos, como si frente a ella acabase de aparecer el demonio.
Sé que esto le gusta tan poco como a mí.
No quiere verme, se nota en su expresión.
Así que mi primera reacción es sonreírle con una frialdad y una tensión que no le pasan desapercibidas, para demostrarle que el sentimiento es mutuo.
—¡Ven con nosotras! ¡Hace mucho tiempo que no cocinas con la nonna !
No respondo. Mis ojos siguen fijos en ella, esperando una reacción a las palabras de mi abuela.
Pero esta no llega. Giulia se limita a ignorarme y a seguir cortando la berenjena.
Su actitud me jode. Llevo cinco putos días volviéndome loco por no poder verla, y ella actúa como si nada.
Me hace saber que no significo una mierda.
¿Ese es su juego? Joder. Entonces, juguemos.
Fuerzo una vez más la sonrisa y entro en la cocina escudándome en una chulería descarada que me sale de lo más natural. Voy directamente hacia mi abuela y le doy un suave beso en la mejilla, haciéndola reír de pura felicidad.
— Nonna … Tenía muchas ganas de verte.
—Eres un bribón, Drio Barone —responde encantada y me pasa un delantal limpio del cajón—. No sabía que ibas a venir a comer. Te habría preparado ossobuco .
—Da igual, otro día.
—Pasas muy poco por casa —me recrimina ella.
—Sabes que estoy ocupado.
—Mmm… Un hombre ocupado y maleducado. —Me da un codazo—. Ni siquiera has saludado a Giulia.
Una sonrisa lobuna me curva los labios cuando mis ojos van de nuevo hacia ella. Se ha puesto nerviosa y corta las láminas de berenjena con torpeza.
—Hola, prima, ¿cómo estás?
—Hola. Bien, gracias. —Apenas me sostiene la mirada.
—¿Te está gustando convivir con la familia?
—Bastante.
—Estoy intentando convencerla para que se quede más tiempo con nosotros —se inmiscuye mi nonna —. Dos semanas no son nada, puedo morirme dentro de un mes y me encantaría disfrutar de mi nieta.
Giulia le sonríe con dulzura y apoya la mano sobre la de nuestra abuela.
—Vendré a verte a menudo, te lo prometo.
—No tendrías que hacerlo si te quedases con nosotros, ¿no te parece, Adriano?
—Sí, prima, quédate —respondo burlón. Siento su mirada furiosa sobre mí, así que la sonrisa se me intensifica en los labios.
—Drio, coge un cuchillo y ayuda a Giulia con la berenjena. Como no nos apresuremos, la comida no estará lista a su hora.