12 #2
Cierro los ojos con fuerza y reprimo una sonrisa de ilusión al pensar en lo que quieren decir sus palabras.
Él desea que lo nuestro vaya en serio. Ese tío impresionante que ha estado pendiente de mí en todo momento.
El que folla como los demonios más cochinos del infierno.
El que me hace saber que soy su prioridad en todo momento.
—Papá —llamo su atención, envalentonada—. Tengo que decirte algo. Es importante.
Mi padre me agarra del brazo y nos separa con disimulo del resto de la familia.
—¿Qué pasa, bambina ?
—Eeem, pues que… yo… estoy conociendo a alguien.
—Conociendo a alguien —repite con cautela, entrecerrando los ojos.
—A un hombre.
—¿Vamos a volver a hablar sobre ese tema?
—Me gusta mucho. Y yo le gusto a él.
—Otro gilipollas que no sabe dónde se mete —resopla.
—¡Basta! ¡Esta vez no lo espantarás, ni tú ni mis hermanos! —le advierto poniéndome firme—. ¡Me gusta de verdad!
—Todavía no sabes lo que te conviene, principessa . Eres muy joven.
—Lo sepa o no, respetarás mi decisión o me iré de aquí y no volveré nunca.
—¿Me estás amenazando?
—Sí. —Nuestros ojos encallan en los del otro, como echándonos un pulso—. Él… vendrá mañana.
—¿Aquí? ¡¿A mi casa?!
—Quiere hablar contigo.
—Oh, muy bien, porque yo también quiero hablar con él. —Sonríe con maldad.
—¡Y serás amable! ¡Es de los vuestros!
—¿Cómo que de los nuestros, Giulia? ¿Dónde te has metido?
—Es miembro de la Camorra.
Mi padre se lleva una mano al mentón, pensativo. Tan serio que me da mala espina.
—¿Tuvo algo que ver ese maldito viaje a Nápoles con Siena Greco?
—Lo conocí estando allí —asiento.
—¿Cuál es su apellido?
—De Luca.
—No conozco a ningún De Luca en la Camorra.
—Adriano De Luca —apunto.
—¿Y dices que viene a hablar conmigo sobre ti?
—Mañana. —Me muerdo el labio inferior—. Bueno, eso creo. Es que… él no sabe quién soy yo. No he querido asustarlo.
—Yo lo asustaré por ti.
—¡Papá! ¡Estoy hablando muy en serio! ¡Deja de hacer eso!
Riccardo Barone, cuando se enfada, impone mucho respeto. No me gustaría estar en la piel de sus enemigos una vez decide tomarse la justicia por su mano. La parte buena es que no soy uno de ellos, sino su hija. Me quiere y tendrá que respetar mi decisión.
—Deja que lo piense durante la cena —rumia entre dientes, no del todo conforme.
—Es una simple conversación.
—Giulia, eres mi pequeña y un tipo de la Camorra al que no conozco quiere venir a reclamarte a mi casa. A mi territorio. Tengo mucho en qué pensar, créeme.
La conversación termina tan pronto como empezó, y no tengo claro si el resultado ha sido bueno o malo. A ver, no se ha negado en redondo, así que eso ya es una victoria. Con disimulo, saco de nuevo mi teléfono y comienzo a teclear:
Giulia
Mi padre me dará una respuesta después de la cena.
Adriano
Hablaré con él con o sin su consentimiento. Más vale que lo avises.
Giulia
Por favor, no me pongas las cosas difíciles tú también. No pasa nada por esperar unas semanas a que digiera la noticia.
Adriano
Yo no quiero ponerte nada difícil, nena. Al contrario. Y no necesito la aprobación de tu padre para tomar lo que quiero, Giulia, pero me gustaría que nuestra relación fuese cordial, sobre todo porque va a verme contigo muy a menudo a partir de ahora.
Giulia
Solo te pido un poco de paciencia con él.
Adriano
Lo pensaré.
¿Por qué todo el puñetero mundo tiene que pensarlo justamente esta noche? Tampoco estoy pidiendo tanto, creo yo.
Adriano
Escríbeme la dirección de la casa de tu padre. Mañana, en cuanto amanezca, conduciré hacia Roma.
Giulia
Oye, es que… En cuanto a eso… Hay algo que debes saber. Mi padre no vive en Roma.
Adriano
Donde viva, dame su dirección.
Giulia
Estamos un poco lejos, la verdad.
Empiezo a escribirle, confesándole el apellido de mi familia; sin embargo, me quedo a medias cuando siento una mano en mi hombro.
—Conque tú eres mi prima, ¿eh?
Apago el teléfono de inmediato, sin poder contestarle a Adriano, y me doy la vuelta. Me encuentro de frente con un gigante de largo cabello moreno, rostro de perdonavidas y unos ojos profundos como las noches sin luna.
—Soy Teodoro, el hijo mayor de tu tío Ettore.
—Hola. —Le sonrío—. Mis hermanos me han hablado de ti.
—Conociéndolos, te habrán dicho barbaridades. —Se ríe—. Eres más mayor de lo que pensaba, Giulia.
—¿Creías que era una niña?
—Algo así. Drio y yo estuvimos a punto de comprarte una muñeca.
Vuelvo a sonreír y me remuevo incómoda al notar que mi teléfono sigue vibrando dentro del bolso. Mierda, no he podido responderle a Adriano y creerá que estoy ignorándolo.
No sé cómo disculparme con mi primo Teodoro sin parecer una estúpida. Me causa ansiedad saber que está escribiéndome y no contestar.
—Por cierto, ¿dónde coño está mi hermano?
—pregunta Teodoro, mirando hacia todos lados, hasta que, de repente, levanta las manos antes de exclamar—: ¡Drio, joder, deja el puto teléfono y ven a conocer a la prima Giulia!
—Luego vuelve a mirarme a mí—. Últimamente mi hermano está embobado con ese aparato.
—Como todos —le quito importancia.
—Conoció a una chica hace unas semanas y lo tiene tan enganchado que le han volado los sesos. —Levanta una vez más la mirada—. ¡Drio! ¡Adriano, coño, ¿quieres venir?!
—¡Ya voy, joder! ¡Tengo una puta vida, ¿sabes?! —grita él desde lejos.
Me quedo paralizada cuando escucho esa voz. Su voz. ¿Acaba de decir Teodoro que Drio en realidad se llama Adriano? No, no, no. Su voz es similar, pero no es la de él. Es imposible que lo sea.
—Ya estoy aquí. Hola, prima, perdón por el retraso.
No quiero darme la vuelta. Estoy temblando. ¡Es su maldita voz!
—Giulia, ¿estás bien? —pregunta Teodoro con el ceño fruncido al darse cuenta de que no me giro para encarar al recién llegado.
—S… sí.
—Entonces, saluda a Drio.
—No la agobies, coño, la chiquilla estará nerviosa. —Él cambia de posición hasta que se coloca enfrente con una amplia sonrisa—. Demasiada gente, ¿verdad? Yo no sabría si…
Se congela cuando nuestros ojos coinciden por primera vez. Incluso noto cómo yergue la espalda y se le tensa la mandíbula al reconocerme. Se queda de piedra durante unos eternos segundos. Tan de piedra como lo estoy yo.
—¿Giu… Giulia?
Esto no puede ser verdad.
Es él. Mi Adriano.
Rostro anguloso, piel aceitunada, ojos oscuros.
El tío alto y musculoso que me folló hace una maldita semana en mi casa de todas las malditas posturas, el que me lamió de arriba abajo.
El que lleva siendo un jodido encanto desde que nos conocemos.
El que ha insistido en hablar con mi padre para formalizar nuestra relación.
—¿Qué coño…? —Es lo único que puedo decir porque estoy helada.
Su expresión empieza a mutar cuando se da cuenta de la verdad. Parece horrorizado. Me mira como si hubiese cometido el peor pecado del mundo, como si estuviésemos condenados a ir al infierno.
—Pero ¿qué mierda os pasa a vosotros dos? —se ríe Teodoro, rodeándome los hombros con un brazo—. Mi hermano es feo, pero tampoco es para tanto, prima.
—Cierra el puto pico, Teo —gruñe Adriano entre dientes, sin despegar sus ojos consternados de mí.
—Madre mía —susurro con el rostro desencajado, intentando comprender qué está ocurriendo.
—Espera. —Teodoro nos mira a ambos, extrañado—. ¿Es que ya os conocíais? ¿Habías coincidido antes con la hija del padrino, Drio?
Abro la boca para responder; sin embargo, Adriano se me adelanta con ojos helados, apático, dando un paso hacia atrás.
—No, no la conozco de nada. —Después, aprieta de nuevo los labios y me mira de arriba abajo—. Un placer conocerte, prima . Un jodido placer.
Entonces da media vuelta y se aleja de nosotros, mezclándose entre los Barone, como si para él fuera lo más normal del mundo.
¿Qué demonios hace aquí? ¿Y por qué me ha llamado prima? Adriano no es un Barone. Su apellido es De Luca. Vive en Nápoles. Es de la Camorra. ¡Nada de esto tiene sentido, maldita sea!
—¿Qué te han parecido mis hijos? Son guapos, ¿verdad? —se interesa Raffaella con una sonrisilla simpática en los labios, colocándose a mi lado—. Teo y Drio tenían muchas ganas de conocerte.
—Yo… Esto… —La miro confusa—. ¿Son… hijos biológicos de Ettore?
—¿Qué? —Se echa a reír—. Por supuesto que sí, ¿qué clase de pregunta es esa?
—¿Drio…? ¿Adriano De Luca es mi primo?
—¿De Luca? —Me mira como si estuviera loca de remate. No obstante, incluso yo dudo de mi lucidez mental en este momento—. Drio no se apellida De Luca. Él es un Barone. La única De Luca en la familia soy yo.