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Giulia
¿Cómo se viste una persona para cenar con su familia mafiosa a la que ni siquiera conoce?
Llevo media hora frente al espejo de la habitación en la que me han acomodado, la cual está situada entre la biblioteca y otro dormitorio que, según mi padre, está vacío.
Es una estancia tan amplia, luminosa y elegante como el resto del palazzo .
Y aunque debería estar eufórica por pasar dos semanas completas en este sitio, mis pensamientos intrusivos no dejan de joderme la vida.
No sé si estaré a la altura, si les gustaré o si, por el contrario, les parecerá indigno que una persona tan normal como yo sea parte de la familia Barone.
Necesito causarles una buena impresión. La mejor.
Así que llevo más de una hora mirando mi ropa, porque no soy capaz de decidir qué ponerme para la cena.
Sé que tendrá lugar en el salón principal a las ocho y por nada del mundo quiero retrasarme.
Después de haber pasado la mayor parte de la tarde encerrada en este dormitorio, he llegado a la conclusión de que tengo que abrir la mente e intentar no parecer débil ni asustadiza delante de ellos.
Que no me vean como a una niñita tonta. Maldita sea, soy la fucking hija del capo.
Ilegítima, sí, pero su hija al fin y al cabo.
Me muerdo el labio inferior tras mirar una vez más las dos prendas por las que no me decido y las arrojo sobre la cama mientras tecleo en el teléfono a la única persona que puede ayudarme en este momento:
Giulia
¿Cómo sueles vestirte cuando tienes una comida con tu familia?
La respuesta no tarda en llegar:
Adriano
Depende de la ocasión.
Giulia
Así no me ayudas, señor mafioso.
Adriano
¿Me estás pidiendo consejo sobre estilismo? ¿A mí?
Giulia
Parece ser que sí.
Adriano
No soy la persona correcta, tentazione . Yo quiero quitarte la ropa, no ponértela.
Adriano
Está bien. A ver, ¿de qué clase de comida estamos hablando?
Me muerdo el labio inferior porque voy a mentirle otra vez. Joder, me siento fatal. Tengo que sincerarme con él cuanto antes y contarle la verdad sobre mi familia.
Giulia
Mi hermano nos va a presentar a su novia.
Adriano
Pero ¿cenáis en la casa de tu padre?
Giulia
Ajá. Con toda la familia.
Adriano
Yo me pondría algo cómodo, pero con un toque formal.
Giulia
Había pensado en un vestido de flores.
Adriano
Perfecto. Y ahora enséñame cómo te lo pones.
Suelto una risita nerviosa y noto un fuerte mariposeo en el estómago.
Giulia
Te estás desviando de la conversación.
Adriano
Me merezco un premio por el consejo. Hazme una videollamada mientras te desnudas.
Giulia
Ojalá tuviera tiempo. Debo reunirme con mi familia en cinco minutos.
Adriano
¿A qué hora terminarás de cenar?
Giulia
No lo sé, ¿sobre las once?
Adriano
Te llamaré a esa hora.
Giulia
¿No tenías un compromiso esta noche?
Adriano
Puedo escaparme sin problema. Debo hacer acto de presencia durante un par de horas. Luego seré libre para ir a Roma a comerte enterita. Dame la dirección de la casa de tu padre.
Mierda. ¿Qué le digo yo ahora? No puedo soltarle sin más que, en realidad, no estoy en Roma, sino en Bari. Necesito explicarle las cosas bien, con calma y rezar para que no salga huyendo cuando le desvele el apellido de mi familia.
Giulia
En un rato hablamos, me está llamando mi padre.
Apago el teléfono y cierro los ojos sintiéndome la persona más embustera y miserable del mundo. Se me está acabando el tiempo y no tengo más opción que contarle la verdad. Espero que no se enfade mucho conmigo por haberle ocultado quién soy.
Unos minutos después, tras decantarme por el vestido de flores, me miro por última vez en el espejo y asiento conforme con la imagen que se refleja en él.
Es una prenda sencilla, entallada en la cintura y que me llega a las rodillas.
Me favorece. Aunque no tiene mucho escote, me hace un pecho precioso.
Voy elegante pero no demasiado, tal y como me aconsejó Adriano.
Me he dejado el pelo suelto y lo he peinado en ondas.
Apenas llevo maquillaje, pero el lápiz de labios que he elegido contrasta bellamente con mi tono de piel.
Cuando abandono el dormitorio, por el pasillo ya se escucha el rumor de las voces provenientes del salón, así que trago saliva aguantando los nervios y recorro el trayecto hasta las escaleras que llevan a la primera planta.
Hay una parte de mí que preferiría echar a correr y evitar el baño de multitud que me espera; sin embargo, me obligo a seguir avanzando porque esto es lo que he querido toda la vida: ser aceptada por fin dentro de mi familia paterna.
Nada más cruzar la puerta del salón, descubro la gran mesa que preside la estancia, vestida con un elegante mantel de damasco en tono azul y dorado, en la que no cabe más comida.
Frente a ella, unas quince personas a las que no conozco, salvo mi padre y mis hermanos, charlan de pie y ríen escandalosamente sin percatarse de mi presencia. Pero eso cambia de inmediato.
—¡ Principessa , ven con nosotros! —Mi padre se acerca con los brazos abiertos, rodeándome por los hombros mientras me arrastra hacia los Barone, con el pecho hinchado de orgullo.
Y yo… ahora mismo solo quiero que la tierra me trague. Así que rezo para que el mal trago pase cuanto antes.
—¡ Mio Dio ! ¡Qué jovencita más bella! —exclama un hombre de altura y edad similares a las de mi progenitor, aunque su sonrisa es mucho más pronunciada—. ¡Ven y dale un abrazo a tu tío Ettore!
El hermano de mi padre me envuelve en sus grandes brazos y, durante unos segundos, me roba el aliento por lo fuerte que me aprieta.
—Hermano, mi Giulia no está acostumbrada a tus abrazos de oso —ríe mi padre.
—Tendrá que acostumbrarse —se ríe el otro—. He pasado veinticuatro años sin poder mimar a mi sobrina. —Me da un sonoro beso en la frente—. ¡Raffaella, ven a conocer a la niña de Riccardo!
—Ya la conozco, querido. —Su mujer se acerca y me guiña un ojo, sonriente—. Fui la primera en recibir a Giulia cuando llegó al palazzo .
—Así que tú eres mi sobrina. —Otra voz femenina se inmiscuye en la conversación.
Al volver la cabeza, me encuentro a una mujer con los mismos ojos de mi padre, aunque mucho más bajita.
Tiene el pelo corto, peinado en un exagerado cardado y los labios rojos como la sangre—.
¡Dale un beso a tu tía Valentina, cara !
¡Riccardo no exageraba cuando nos habló de lo bonita que eres!
Después de mi tía Valentina me abraza su marido, el tío Sandro, que huele a pachuli y a tabaco negro, y tras él, sus cuatro hijos: Luca, Marco, Giovanni y Leonardo, que tienen más o menos mi edad y a los que soy incapaz de distinguir. Demasiadas caras, demasiados nombres a la vez.
—¡¿Dónde está?! —Otra voz femenina interrumpe el escándalo—. ¡¿Dónde está la niña?!
—Aquí, mamma , venga a conocer a mi Giulia —la invita mi padre, obligando a los demás a que se aparten.
Cuando logro ver a la mujer, descubro a una señora regordeta y muy bajita de blanco cabello recogido en un moño en la nuca. Viste enlutada, y en su rostro adusto puedo apreciar un amago de sonrisa y una brillante humedad en los ojos.
—¡Ay, mi pequeña! ¡Ven con la nonna ! —Abre los brazos cuando la tengo delante y me envuelve en otro abrazo apretado al que respondo sin dudar. A pesar de ser tan mayor, es una mujer fuerte—. ¡Mi niña Giulia, nunca le perdonaré a tu padre el haberte separado de nosotros!
—No se enfade conmigo, mamma .
—Silencio —lo manda callar—. Deja que vea a mi nieta. Qué belleza de niña.
—Gracias, señora. —Sonrío.
—¿Señora? ¡No, no, no! ¡ Nonna Maddalena! —Me agarra por las mejillas y sonríe—. Ahora que ya estás con nosotros, te quedarás para siempre, ¿cierto?
— Mamma , ya sabe que Giulia solo va a estar aquí dos semanas.
—¡Ella es Barone, y como Barone vivirá con su familia!
— Nonna Maddalena, no puedo quedarme —le explico con suavidad—. Mi vida está en Roma, y mi trabajo también.
—Riccardo te conseguirá un marido para que no tengas que volver a trabajar. Te quedarás en Bari con tu nonna .
Miro a mi padre con reparo cuando mi abuela me suelta al fin. Pero él niega con la cabeza para que no me preocupe.
—La nonna estaba deseando conocerte, pero tendrá que comprender que debes irte —dice él con calma.
—Parece una mujer muy cariñosa.
Mi padre se ríe.
—Todo lo contrario. Es un monstruo de metro cincuenta que nos lleva a todos por el camino de la amargura. Pero tú eres su única nieta y nunca me ha perdonado que te dejase con la hermana de tu madre.
—Ettore, ¿dónde están los chicos? —le pregunta Raffaella a mi tío mientras mira a nuestro alrededor.
—Hablé con Teodoro hace un rato. No tardarán en llegar.
—Drio estaba ocupándose de un asuntillo en la nave —añade mi padre con tranquilidad—. Es culpa mía que se hayan retrasado.
Un temblor en mi bolso me hace mirar el teléfono: en la pantalla aparece otro mensaje de Adriano.
Adriano
Ya le has hablado a tu padre de mí, ¿verdad, tentazione ?
Giulia
Pensaba hacerlo esta noche.
Adriano
Hazlo ya. Quiero que tenga tiempo hasta mañana para hacerse a la idea de que iré a hablar con él.
Giulia
¿Por qué no lo dejas para otra ocasión y nos centramos en nosotros?
Adriano
No. Debe saber quién soy y cuáles son mis intenciones contigo.
Me muerdo el labio inferior y suspiro nerviosa.
Giulia
Ni siquiera yo sé cuáles son tus intenciones conmigo, señor mafioso. ¿No deberías contármelo a mí primero?
Adriano
Te asustarías, nena. No sé si estás preparada para todo lo que busco de ti.
Giulia
Puedes probar. Quizá te sorprendas.
Comienza a escribir, pero su respuesta nunca llega. Hasta que simplemente dice:
Adriano
Habla con tu padre. Tú y yo tendremos esta conversación mañana, cuando vaya a verte.