Bandeja de entrada Capítulo 55
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Capítulo 55

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Antes de mandarme a la mierda, termina de leer todo el correo

Diego, te escribo porque mañana se acercará al hotel uno de los mejores contratistas con los que trabajamos para revisar los daños.

Su nombre es Tomás Vega, va de mi parte, y, precisamente por eso, te escribo a ti.

No he querido que contacte con Aitana porque sé lo que pasará si aparece preguntando por ella. Contigo quizá tenga alguna posibilidad de llegar más lejos que el aparcamiento.

No te pido que aceptéis, solo que lo dejéis echar un vistazo y lo escuchéis.

Que os diga qué se puede salvar y por dónde empezar.

Después decidid vosotros lo que queráis hacer con esa información.

Si no os convence, os levantáis y lo mandáis de vuelta por donde ha venido. Pero, por favor, escuchadlo.

Sé que Aitana preferiría reconstruir el hotel con sus propias manos antes que aceptar algo que venga de mí, y, probablemente, tú ahora mismo también, pero te digo que seas egoísta.

No por mí. Por vosotros y por ese sitio que os ha visto crecer.

Aitana no tiene que saber que lo envío yo.

Se lo podemos decir más adelante, cuando tirarlo ya no sea una opción.

Espero que aceptes la ayuda aunque venga del último hombre del que queréis recibirla.

Leo

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: No lo elimines. Por favor

Aún a riesgo de que este correo vaya directo a correos no deseados, te escribo porque Axel Peláez me ha informado de tu petición.

Sé que me has dicho que no quieres saber nada de mí, y te juro que en toda esta semana he intentado respetar tus deseos, aunque las ganas de llamarte me picaban demasiado, pero en esto no puedo ceder. No pienso retirar el pago.

No es chulería ni que me crea superior a ti ni ninguna de las mil opciones que sé que se te han pasado por la cabeza. Es porque quiero hacerlo.

Conozco a Peláez desde hace años y, además de un imbécil, es estúpido y engreído.

No le pidas que devuelva el cheque que le he enviado porque no lo va a hacer.

Le gusta demasiado sentirse poderoso, y estar en medio de nuestra disputa lo hace sentirse importante.

Y, aunque quisiera devolvérmelo, seguiría negándome a aceptarlo.

No estoy pagando por el hotel, ni por tu perdón ni intentando comprar tu silencio. Lo hago porque sé lo mucho que significa ese lugar para vosotros y porque, aunque no tenga ningún derecho a hacerlo, necesito ayudar.

No tienes que agradecérmelo, contestarme ni cambiar de opinión respecto a mí. Puedes seguir odiándome si eso te resulta más fácil. Probablemente, yo haría lo mismo en tu lugar. Pero no voy a quedarme de brazos cruzados. Así que, por favor, no le pidas que lo devuelva.

Leo

P. D.: Sé que he dicho que puedes seguir odiándome. Y puedes. Pero sigo queriendo hablar contigo. Por favor, habla conmigo.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Re: Antes de mandarme a la mierda, termina de leer todo el correo

Ya lo he leído.

Vete a la mierda.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Gracias

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Perdón por las horas

Hoy te he llamado, pero antes de que sonase el primer tono he colgado. No hacía algo así desde que tenía quince años.

Supongo que te lo cuento porque no quiero mentirte, ya lo he hecho bastante.

Por favor, Aitana. Cinco minutos.

Leo

P. D.: ¿Es demasiado si te digo que te echo de menos?

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Re: Gracias

Me ha dicho Tomás que las cosas fueron bien y que va a trabajar en el hotel. Por favor, deja que os ayude con esto.

Sé cómo funcionan los seguros.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Ni de coña

Puede que tú seas masoquista, pero yo no. Aitana no sabe que tú enviaste a Tomás y ya me siento bastante mal por no decírselo. Si se entera de que además te he dejado poner dinero, dejará de hablarme. O me matará.

Y no me gusta ninguna de las dos opciones.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Perdón por las horas

Hoy he tomado café solo y estaba horrible. No sé si era el café o que nadie discutía conmigo mientras me lo bebía.

Leo

P. D.: No espero respuesta. Solo quería que lo supieras.

P. D.: Aunque, si quieres contestarme, no voy a quejarme.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Re: Ni de coña

He enviado un cheque anónimo. No sabrá que soy yo.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: He visto algo que te habría hecho gracia

Hoy me he cruzado con una pareja que estaba discutiendo por una plaza de aparcamiento. Ella decía que el coche no cabía y él que sí. Me ha recordado a nosotros, principalmente porque ella tenía razón y él no. Ahora tienen que comprar un retrovisor nuevo.

Leo

P. D.: Gael dice que insistir demasiado nunca ha sido una de mis mejores cualidades. Sé que tiene razón, pero no lo puedo evitar. Otra cosa más por la que pedirte perdón.

P. D.: Sigo abriendo mi correo cada mañana esperando un mensaje tuyo. Supongo que algunas costumbres tardan más que otras en perderse.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: ¿Puedes pensar antes de hacer las cosas?

Estamos hablando de Aitana, por supuesto que ha sabido que eras tú en cuanto ha llegado el cheque. Ha estado diez minutos gritando y maldiciendo, y unos cuatro han sido a mí porque, por supuesto, se ha enterado también de dónde ha salido el contratista, que yo lo sabía y que no se lo he dicho.

Hace un mes estuve al borde de la muerte, pero te juro que mientras Aitana me gritaba he pasado más miedo que rodeado de todo ese fuego.

No me caes bien. De hecho, te odio bastante, pero Tomás ha dicho que el tejado estará listo antes de lo previsto y eso ha hecho sonreír a mi madre, y sé que algo así no habría sido posible sin ese cheque, así que gracias.

Pero ni se te ocurra sonreír cuando leas esto.

Estoy seguro de que la próxima vez Aitana me mata de verdad y no sé si mi cuerpo está preparado para sobrevivir dos veces en un mismo verano.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto:

¿Un cheque? ¿En serio? ¡¿Pero a ti qué te pasa?! ¿No entiendes que no puedes meterte donde nadie te llama?

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Me has escrito

No debería, pero llevo sonriendo toda la mañana. Es la primera vez que lo hago desde hace un mes.

Leo

P. D.: Me he apuntado a un curso de mecánica. Esta mañana nos han enseñado a cambiar una rueda. Creo que el profesor empieza a arrepentirse de haberme aceptado.

P. D.: ¿Sigo en correo no deseado?

P. D.: Cinco minutos, por favor.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Re: Me has escrito

No confundas que te haya escrito con que te haya perdonado.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Re: Re: Me has escrito

Pero me has escrito. Y no te mentí al decirte que soy tenaz, sobre todo con las cosas que me importan.

Leo

P. D.: Con cosas me refiero a ti.

P. D.: Cinco minutos, por favor.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Me mentiste

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Lo sé. Y no sabes cuánto lo siento. Pero no todo lo era

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Eso no me sirve

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Y no pretendo que lo haga. No te pido que me perdones, solo que me escuches

P. D.: No es cierto, sí que quiero que me perdones, pero me conformo con que me des solo cinco minutos.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: ¿No entiendes que me molesta no saber qué era verdad y qué no? ¿Que me enfada no saber cuáles de mis momentos contigo eran reales y cuáles estaban siendo construidos sobre una mentira?

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Todos mis momentos contigo fueron reales. Incluso cuando aún no nos conocíamos

Fui a Ribamar por el hotel, eso es verdad.

Lo que no esperaba era encontrarte a ti.

No esperaba que la chica que me enviaba esos correos tan contundentes, afilados e irónicos tuviese también la sonrisa más bonita del mundo.

Ni tampoco que me fuese a gustar tanto que me mirases con fastidio ni que me mandases a la mierda.

Pero sobre todo no esperaba que me fuese a gustar tanto hablar contigo.

Aunque debería habérmelo imaginado porque, aunque no dejases de rechazarme y de ponerme en mi sitio con cada correo que me enviabas, he de reconocer que los esperaba cada día con tantas ganas que podría considerarse bochornoso.

Me acostumbré demasiado rápido a buscar tu nombre en mi bandeja de entrada.

A abrir tus correos antes que cualquier otro, a leerlos una vez y volver a leerlos después, a preguntarme qué me ibas a responder cuando tardabas más de la cuenta o a sonreír como un idiota delante de una pantalla por culpa de una mujer que ni siquiera conocía.

Ahí empecé a ser Leo y ni siquiera lo sabía.

Y luego llegué a Ribamar y tropezaste conmigo.

O mi rueda contigo. Y resultó que eras todavía más difícil, más divertida y más increíble de lo que había imaginado al leerte.

Ahí fue cuando todo empezó a complicarse, porque seguía teniendo un motivo para estar allí y, al mismo tiempo, cada día deseaba un poco más no tenerlo.

Sé que te mentí y que traicioné tu confianza. Que hay disculpas que llegan tarde y verdades que, por mucho que se expliquen, siguen doliendo igual. Pero hay algo muy importante que necesito que entiendas, y es que nunca fingí mientras estaba contigo.

Ni una sola vez.

Siento muchísimo haberte mentido, Aitana. Haber sido un cobarde y no haberte contado la verdad en las mil oportunidades que tuve para hacerlo. No sabes cuánto lamento haberte hecho daño. Sé que no te sirve de nada, pero yo también estoy enfadado conmigo.

Leo

P. D.: Te echo de menos

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto:

No es justo que digas esas cosas. No puedes escribir que me echas de menos como si nada hubiese pasado, Leo.

No tienes derecho a ser amable ni a decir justo lo que necesito escuchar cuando más intento olvidarme de ti. Me lo pones difícil y ahora mismo ya tengo demasiadas cosas dentro de mi cabeza como para añadirte también a ti.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Te prometo que hay cosas que sigo sin saber cómo arreglar, pero echarte de menos no es una de ellas. Porque lo hago, Aitana. Todos los días

No sé qué tienes, pero me he enganchado a ti. Y te aseguro que he intentado buscarle una explicación lógica porque me dedico precisamente a eso: a analizar cosas, ponerlas en orden, entender cómo funcionan y encontrarles sentido.

Contigo no lo consigo.

No sé en qué momento exacto pasó. Puede que cuando me pusiste en mi sitio con ese primer correo.

O cuando me rechazaste por quinta vez. O cuando me hiciste sonreír al seguirme el rollo con lo de ser crítico gastronómico.

O cuando pinché la rueda y me miraste como si fuese idiota.

O cuando me llamabas de usted y yo simulaba que no me gustaba.

O cuando me gritaste por ayudarte con el lavabo.

O cuando me dejaste entrar en un lago habitado por pingüinos y por un segundo creí que moriría de hipotermia.

O cuando me dejaste ver a la Aitana que se esconde tras la directora del hotel.

La que me enseñó que un negocio no son solo números.

Que la familia es mucho más que un simple apellido.

O puede que fuese cuando dejaste que te besara.

No lo sé, pero tampoco quiero saberlo. Porque me gustan todos esos momentos y todas esas Aitanas.

Me gustas tú. Muchísimo. Y creía que se me pasaría con el tiempo, pero no es así y, la verdad, tengo miedo de que lo haga.

Porque, si algún día se me pasa, volveré a ser el hombre metódico, eficiente, absurdamente aburrido y vacío que he sido hasta ahora, y odio a ese hombre. Me cae bastante mal.

Leo

P. D.: Con treinta segundos me conformo. Veinticinco para que me escuches y cinco para que me mandes a la mierda si es lo que quieres.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: ¿Me he pasado? ¿He sido demasiado intenso? Gael dice que sí, pero a mi hermano le encanta verme sufrir y disfruta demasiado cuando tiene razón. No me gustaría tener que dársela porque luego se vuelve insoportable. Pero, si me dices que sí, lo haré

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Gael tiene razón

Tienes treinta segundos.

Cinco para explicarte y veinticinco para que te mande a la mierda.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: Os vais a caer demasiado bien

P. D.: Abre la puerta.