Capítulo 16
Para: [email protected]
Asunto: ¿Un experimento epistolar?
Estimado Sr. Beltrán:
P. D.: Agradezco su sinceridad. No todos los hombres reconocen tan pronto que tienden a exagerar considerablemente sus habilidades.
P. D.: No suelo imaginar cómo sería mi vida si el hotel no existiera. Forma parte de mí y yo de él. Así que siento no poder ayudarle mucho con esa pregunta.
Pero tengo una pregunta con respecto a su sueño de ser crítico gastronómico. ¿Se trata de una vocación secreta o una excusa elegante para comer gratis?
P. D.: No sea modesto, señor Beltrán. Estoy segura de que vive rodeado de halagos.
Aitana Casamayor
Para: [email protected]
Asunto: ¿No le gusta este asunto? Podemos buscar otro. Estoy abierto a opciones (para que vea que soy una persona muy flexible)
Estimada Srta. Casamayor:
P. D.: Agradezco su comprensión. Reconocer las propias limitaciones es una habilidad infravalorada. Además, si uno va a exagerar sus capacidades, lo mínimo es hacerlo con cierta elegancia (aunque he de decirle también que yo no suelo exagerar las mías. Al menos, no todas).
P. D.: Espero que no se ofenda, señorita Casamayor, pero no la tenía yo por una mentirosa. No me creo que jamás se haya imaginado cómo sería su vida si trabajara en otra cosa. ¿Ni siquiera cuando era joven? No se lo diré a nadie. Será nuestro secreto.
Y para que vea que puede confiar en mí, le contaré yo uno. Con seis años me imaginaba siendo astronauta, pero me mareo con bastante facilidad. Jamás he podido subirme a una noria. Y me dan vértigo las alturas.
Vaya, tres secretos en uno (cuatro si contamos lo de la noria).
Venga, no me deje así. ¿Botánica? ¿Catadora de vinos? ¿Editora? ¿Meteoróloga? ¿Fotógrafa de viajes? Esta última pega mucho con crítico gastronómico. Yo pruebo los menús y usted los fotografía.
P. D.: Creo que confunde halago con adulación. De eso último voy servido, sobre todo cuando quieren algo de mí o están a punto de pedirlo.
Leandro Beltrán
Para: [email protected]
Asunto: He de reconocer que su flexibilidad es admirable, aunque sospecho que si seguimos así los asuntos de los correos terminarán siendo más largos que el propio mensaje
Estimado Sr. Beltrán:
P. D.: Creo que este tema lo voy a dejar aquí. Por el bien de los dos (y su ego).
P. D.: Su lista de profesiones es interesante, pero debo confesar que me preocupa que incluya meteoróloga. No estoy segura de querer un trabajo que implique equivocarse con total impunidad y seguir teniendo credibilidad.
Su propuesta de colaboración gastronómica y fotográfica tiene cierto encanto, aunque sospecho que el reparto del trabajo no es tan justo como usted cree. Usted comería. Yo trabajaría.
¿Nunca se ha subido a una noria? ¿Qué infancia ha tenido usted, señor Beltrán? Subirse a la noria, mirar hacia abajo, ver la distancia a la que estás del suelo y ponerte a llorar del miedo forma parte de la vida de cualquier niño. Le aconsejo que le ponga remedio pronto.
P. D.: Lo siento mucho por usted, señor Beltrán. En ese caso, supongo que me alegro de no pertenecer a ese grupo.
Aitana Casamayor
P. D.: No sé si deberíamos llamarlo quid pro quo o enajenación transitoria, pero aquí va una pequeña confesión. Jamás podría ser botánica porque odio las flores y las plantas. Pero adoro el agua. Si alguna vez me pierdo, ahí es donde deberían buscarme.
Para: [email protected]
Asunto: Reconozco que el asunto se me ha ido un poco de las manos. ¿Lo dejamos como experimento epistolar?
Estimada Srta. Casamayor:
P. D.: Es una lástima. Me lo estaba pasando realmente bien. Pero haciendo alarde de esa flexibilidad de la que antes hablaba acepto. Podemos dar el tema por zanjado.
P. D.: ¡Gracias! Admiro profundamente a los meteorólogos.
Yo meto la pata y poco más y me ahorcan en la plaza del pueblo.
Mario Picazo dice que lloverá y todos le creemos sin opción a réplica, aunque las últimas diez veces se haya equivocado y vayamos a todos los sitios cargados con un paraguas que no necesitamos.
¿Por quién me toma? Le dejaría probar la comida después de fotografiarla.
Mi infancia consistía en cenas formales donde tenía que sentarme derecho y no hablar. Clases de piano, visitas a museos y exposiciones. Recitales de verano y eventos benéficos, entre otras muchas cosas divertidísimas.
P. D.: Yo también.
Leandro Beltrán
P. D.: Vale, lo admito. Estoy sorprendido.
Es la primera vez que escucho a alguien declararle la guerra al reino vegetal.
Supongo que es hora de llamar a mi ayudante y pedirle que cancele el envío de flores que tenía previsto para mañana.
En su defecto, le enviaré una caja de bombones.
A menos que ahora me diga que también odia el chocolate.
En ese caso, perdería la fe en la humanidad, pues es lo mejor que hay.
Eso y el café (por favor, no me diga que odia el café. Eso sí que no podría soportarlo).
Gracias por la información, señorita Casamayor. Ya sé dónde buscarla si la pierdo.