EPÍLOGO
A la mañana siguiente, todo el mundo sabía que los príncipes habían vuelto, a pesar de que estaban en el hospital. Kyle se encontraba en la cárcel y no le permitían recibir visitas, salvo los guardias que lo vigilaban y quienes le llevaban la comida.
Esperó paciente a que Amadeo acudiese a verlo, confiaba que fuera lo suficientemente listo como para acudir a él y saber cuál sería su próximo paso; por suerte, no tardó mucho en ser quien le bajase la comida, y él aprovechó para enviarle un recado a Krista.
—¿Le diste la nota a Krista cuando estaba en el hospital? —Amadeo asintió—. Estupendo. Que haga lo que dice y que confirme que yo fui uno de los que se llevaron a Vincent.
—¿Estás seguro?
—Sí, es la única forma de que nadie sospeche de ella.
—Te encerrarán para siempre.
—Es posible, sin embargo, ahora lo importante es que a ella no le pase nada. ¿Entendido? —Lo miró amenazante y Amadeo no supo cómo interpretarlo.
—Se lo diré. Aunque es cuestión de tiempo que la descubran; Vins la vio.
—Tienes razón; en ese caso, ínstala a huir en cuanto se haya recuperado.
—De acuerdo, estaré pendiente por si Vins la delata.
Kyle se quedó solo, tenía que encontrar la manera de vengarse de Rebeca por haberlo utilizado y mentido de una forma tan descarada. Él mismo había tenido parte de culpa por bajar la guardia; esa chica lo había atraído y se había dejado llevar al verla tan dolida en el apartamento de su primo.
Esa misma tarde, en la sala de interrogatorios, sabía que su hermana se encontraría detrás del cristal; esperaba que Amadeo hubiese podido darle el mensaje y que Krista obedeciera sus órdenes.
El rey de Baltrium quería estar presente cuando Kleo reconociera a su sobrino como el artífice del secuestro de sus hijos, y confiaba en que su hermano Ángel, al saberlo detenido, haría algún movimiento de rescate y también lo apresarían; solo quedaba por descubrir quién era la persona que los ayudaba desde dentro del castillo.
Krista puso los ojos en blanco cuando le pidieron que entrara en la sala de reconocimiento.
Estaba cansada de que la llamasen Kleo y de trabajar para sus tíos, pero era joven y nadie sospechaba que ella era también sobrina de los reyes de Baltrium, ni que ella ya había intentado hacerse con el trono hacía mucho; sonrió al recordarlo mientras se colocaba detrás del cristal esperando ver a su hermano.
Llevaba años sin verlo en persona, solo por las fotos que le daba Amadeo, y no sabía con seguridad cómo iba a reaccionar. Había cosas que no se podían fingir.
Esperó rodeada de guardias a que Kyle entrase en la habitación que tenía delante y de la cual solo los separaba un cristal y respiró profundamente antes de mentir y señalar a su hermano como el culpable del secuestro de Vins y de enviarla a ella al hospital, aunque en realidad la encargada de secuestrar a Vins había sido ella, con ayuda de Amadeo al no conseguir hacerlo sola.
Aún no sabía cómo cumplir las instrucciones que le había dado en la nota, pero encontraría el modo de que nadie sospechara de ella y de que se creyesen a salvo delatando a la persona que les pasaba información desde dentro del castillo; por fortuna, esa tarde la suerte estaba de su parte.
—Kleo, tienes que mirar y decirnos si reconoces a tu atacante —dijo el capitán de la policía.
Adrián se quedó esperando en una esquina la respuesta de Kleo.
La casa real era la encargada de custodiar al detenido, de modo que fueron un par de guardias del castillo los que, a cada lado de Kyle, entraron con él en la habitación.
Kyle observó el espejo que los separaba. Era la primera vez desde hacía mucho que estaba tan cerca de su hermana y ni siquiera podía verla. Su ira creció y recorrió el cristal con la mirada, sin saber dónde se encontraba, y asintió dándole ánimos para reconocerlo.
Antes de que los guardias salieran de la sala, ella abrió los ojos con sorpresa.
—Son ellos —dijo refiriéndose a Kyle y a Amadeo, que fue uno de los encargados de dejarlo en la sala.
—¿Cómo que ellos? —se adelantó el rey.
En ese momento, los guardias dejaron solo a Kyle, que miraba hacia delante.
—¡Que los guardias regresen enseguida! —gritó Adrián. Justo cuando el capitán iba a salir y dar la orden, lo detuvo—. Que entren, pero que no sospechen nada.
El capitán de la policía salió y ordenó a los guardias que se habían encargado de conducir a Kyle a la sala de reconocimiento que entrasen y que se asegurasen de que no hacía nada extraño. Ambos se miraron desconcertados, aunque obedecieron y se colocaron en cada flanco del prisionero.
Cuando el capitán volvió a la sala donde lo esperaban Kleo y el rey, señaló a los tres hombres que ahora se encontraban al otro lado.
—¿Podrías señalar a los responsables? —preguntó observando de reojo al rey, ya que sabía que esos guardias trabajaban dentro del castillo.
—Sí, son ellos —señaló—. El que está en el centro y el de su derecha, el moreno, Amadeo —concretó—. Trabaja en el castillo. —Miró a sus acompañantes.
—Kleo, ¿estás segura? —la cuestionó el rey, y ella asintió fingiendo nerviosismo—. ¡Que sus hombres entren y lo detengan! —dijo al capitán de policía, que dio la orden.
Tras la detención, el rey fue al hospital para dar la noticia a su familia y encontró a su esposa en la habitación de Vins.
La salud de ambos estaba fuera de peligro y se recuperaban favorablemente, aunque tardarían un tiempo en sanar del todo.
Ambos fueron a ver a Víctor y hallaron a Verónica hablando con él de lo que había pasado antes de encontrarlos y lo bien que había llevado la situación Rebeca, que la había convencido incluso a ella de su supuesta traición hacia Víctor.
—¿Cómo os encontráis? —preguntó el rey a sus hijos, que se giraron al oírlos llegar.
—Bien. ¿Y Rebeca? ¿Cómo está? Me gustaría verla.
—Tal vez luego, ahora queremos hablar con vosotros. —Cerraron la puerta—. Acabo de venir de la rueda de reconocimiento y Kleo ha identificado a las dos personas que atacaron a Vincent. —Todos se sorprendieron—. Teníais razón, había alguien cerca de nosotros que los mantenía informados.
Nadie dijo nada esperando que continuara.
Por lo que le había contado Verónica, Vins también estaba prisionero de Kyle, por lo que estaba fuera de sospecha, ya que se encontraba en peor estado que él mismo; seguramente era la persona que se encontraba en la celda contigua a la suya en aquella caverna. Miró a su padre.
—Se trataba de Amadeo, nunca nos dimos cuenta de lo cerca que siempre ha estado, pero al parecer ha sido él quien nos ha traicionado. Ya está bajo arresto, de modo que ahora solo tenemos que preocuparnos por Ángel.
Hablaron un poco más, pero Víctor quería ver a Rebeca; en ese momento entró Erik para ver cómo se encontraba y le dijo que aún no podía moverse.
—Te prometo que está mejor; bastante magullada, aunque recuperándose. Me estoy haciendo cargo personalmente.
—Nosotros iremos a verla, no te preocupes —dijo su madre y su padre asintió saliendo de la habitación.
Siguieron a Erik al lugar en el que se encontraba Rebeca y la encontraron vestida con una bata de hospital.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó Erik al verla sentada al borde de la cama.
—Me duele casi todo el cuerpo, sobre todo al respirar. —Se tocó el costado—. ¿Cómo he vuelto a ser yo?
—Te sedamos y tu organismo hizo el resto, ahora tenemos que hacerte una radiografía por si con el cambio hay astillas sueltas de los huesos fracturados en tu cuerpo. —Ella asintió y miró a los reyes, que estaban detrás de Erik.
—¿Cómo está Víctor? ¿Y Vins? ¿Verónica sigue enfadada? ¡Ay! —se quejó al final.
—Todos están bien, gracias a ti —respondió la reina, y Erik abandonó la habitación.
—Rebeca, gracias —dijo el rey, acercándose y tomando su mano—.
Estás herida por salvar a mis hijos y al reino de unas personas que ni siquiera conoces y que nos han hecho daño…
—Los ojos del rey empezaron a brillar con la amenaza de las lágrimas—.
Has sido muy valiente, sin embargo, me gustaría que conocieras los motivos que nos han traído a esta situación, para que sepas la gravedad del peligro del que nos has librado.
»Kyle es mi sobrino, fue desterrado a Taera hace muchos años junto a sus padres.
En su momento, Ángel, mi hermano, quiso hacerse con el trono de Baltrium; para ello, conspiró con su esposa, mintiendo y creando discordia en la familia.
—Le costaba continuar, pues estaba recordando una etapa muy dolorosa de su pasado—.
Ángel conoció a su mujer en Faroe, era una mujer fuerte, pero peligrosa por sus convicciones.
Ambos se marcharon a estudiar a Taera y, a su vuelta, algo había cambiado.
Él empezó a desear el trono, a pesar de que sabía que no podía ser suyo, ya que era el segundo hijo; de modo que urdieron un plan para…
—Las palabras se trabaron, tenía un nudo en la garganta al recordarlo y no pudo terminar el relato, ya que era demasiado doloroso—.
Los reyes de todos los reinos se reunieron para decidir su destino y se dictaminó exiliarlos a Taera, pues de ahí provenían las ideas de usurpación del trono que los habían movido a actuar así.
Mi madre estuvo de acuerdo; no quería ver morir a su nieto…
Aunque ella no tardó en fallecer por la pena que tenía en el corazón.
Rebeca era consciente de que el rey le estaba confiando una información muy personal y privada del reino y no sabía cómo responder. Una lágrima que no pudo controlar rodaba por la mejilla del rey, mientras el corazón de Rebeca se encogía al sentir la pena y la pérdida del rey de Baltrium.
La reina limpió las lágrimas de su marido y lo consoló en silencio.
—Siento mucho su pérdida. —No sabía qué más podía decir.
—Quería que lo supieras, para que entendieras lo importante que ha sido tu ayuda —concluyó Adrián, apretándole las manos como agradecimiento.
—Gracias por preocuparte por mi hijo y por arriesgarte al salvarlo. Eres muy valiente —dijo Idaira—. Ahora tienes que irte. He ido a ver a tu hermano, estaba muy angustiado; le he dicho que volverías hoy para que se tranquilizara, así que será mejor que vuelvas a Taera lo antes posible.
—Entiendo —aceptó con una sonrisa triste.
—No te estamos echando de Baltrium —respondió Adrián al verla afligida—, podrás regresar cuando gustes, ya eres oficialmente parte de la familia, pero ahora mismo tienes que volver a tu casa y, por el momento, nadie debe saber de tu enlace con Víctor.
—Yo… —No sabía qué decir—. Lo siento. Espero no haberlos molestado con nuestra unión… No lo pensé en ese momento.
—No te preocupes, está todo bien. —La tomó de la mano—.
Ve a casa, descansa y cuídate. Estaremos en contacto por el teléfono dornia que te dio Víctor.
Tenemos que convocar a los otros reyes para contarles lo sucedido y tendrás que volver para presentarte oficialmente como la futura reina de Baltrium.
—¿Que soy qué? —exclamó alterada, soltando las manos de la reina y alejándose por la sorpresa.
—La próxima reina. ¿Víctor no te dijo que era el heredero al trono? —Negó con la cabeza.
—Él nunca… —Recordó entonces que le había contado que se estaba preparando para continuar con el negocio, sin embargo, hasta ese momento no se había dado cuenta—.
Pero sus hermanos… —El rey negaba—. Cierto, al ser mellizos, el «negocio familiar» pasaba a él para que no hubiera disputas.
—Empezó a hiperventilar a pesar del dolor de costillas.
—Tranquila, respira —dijo Idaira, preocupada por si volvía a cambiar sin querer—. Ten cuidado, no es buen momento para que te transformes.
Rebeca no sabía qué decir, ya no había marcha atrás. La quisieran o no en Baltrium, ahora era la futura reina y debía empezar a comportarse como tal.