Baltrium (Saga Reinos 1) Prólogo
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Baltrium (Saga Reinos 1)

Baltrium (Saga Reinos 1)

Por Elizabeth Kaneth

© inepub.com

Prólogo

El cruce entre reinos se llevaba a cabo por los puentes de Maun, portales que se encontraban en distintos lugares.

Los puentes de Maun estaban siempre en zonas naturales y las entradas podían tener cualquier aspecto: cascadas que hacían las veces de barrera; setos altos en los que existía una abertura; árboles cuyas lianas formasen una cortina…

También existían los llamados puentes Maun Reales, que, como su nombre indica, eran de uso exclusivo de las familias monárquicas y llevaban directamente a la capital de cada uno de los reinos. Por esos motivos, eran los más seguros de atravesar y debían abrirse en ambos lados de forma simultánea.

Para crear los puentes entre reinos, era necesario intercambiar algo que se encontrara cerca de donde se abriría el paso para que ambas partes estuvieran conectadas.

Además de los puentes, y como se descubriría muchos años más adelante, también sería necesario creer y confiar en que, al cruzar por esas cortinas naturales, se llegaría a otro reino.

Los habitantes de cuatro de los reinos, con la excepción de Taera, tenían la facultad de convertirse en animales a voluntad; nadie sabía los motivos de aquella diferencia, pero era así y al principio todos la respetaban y aceptaban.

Existían varios tipos de transformaciones.

Estas diferencias se debían a que no cualquier persona podía conseguir la fuerza, el control de la emociones y la concentración necesarios para llevarlas a cabo.

Estaban quienes se convertían en plantas y árboles; los que cambiaban solo la mitad de su cuerpo a animal o quienes lo hacían por entero, incluso en más de uno; un prodigio harto complicado, ya que el nivel de concentración era muy elevado y no a todos les salía bien sin sufrir posteriormente graves secuelas; hasta, y esto era lo más difícil y casi nadie podía hacerlo, era posible cambiar y convertirse en otra persona, para lo que se necesitaba un objeto personal de dicha persona para poder mantener la nueva apariencia.

Los cambios más comunes eran los de personas a animales, para los que se necesitaba conocer muy bien los comportamientos del animal en cuestión.

A pesar de que los cinco reinos vivían en paz, sus líderes realizaban cada pocos años asambleas para compartir experiencias y avances y ayudar a sus vecinos en lo que pudieran; así crecían, de forma que ningún reino tuviera problemas de cualquier tipo.

Durante las asambleas, era habitual que Alena, Baltrium y Seica se mostrasen más unidos, mientras que Faroe solía posicionarse a favor de Taera, ya fuera por compatibilidad o porque ambos tenían una vasta extensión de ecosistemas acuáticos: mares, océanos y ríos.

Al estar cuatro de los reinos tan ligados al ecosistema y al medio ambiente por sus transformaciones en animales, lo cuidaban con mucho mimo; a pesar de que, poco a poco, las ciudades fueron creciendo y se necesitaba más materias primas y recursos, ellos seguían preocupándose de mitigar en la mayor medida posible los daños en sus ecosistemas y biomas.

Por otra parte, Taera, que era el reino de mayor tamaño y que no disfrutaba del don de los otros, empezó a crecer y crecer sin tener en cuenta todo lo que destruía a su paso ni el daño que estaba causando a su reino.

Debido a esto, tuvo lugar por primera vez un distanciamiento entre Taera y los demás reinos en una asamblea.

Durante los siguientes setenta años, las diferencias harían que Faroe dejase de apoyar a Taera, lo que aumentó las rencillas entre este y los «Reinos de Animales», como empezaron a llamarlos los taerienses o taerianos.

No se conoce cuál fue el momento exacto ni las circunstancias por las que los taerianos empezaron a perseguir a los habitantes de los otros reinos; aun así, durante varios años se produjeron desapariciones de habitantes de todos los reinos, incluidos algunos que residían en Taera, pero que poseían la habilidad de cambiar debido a su lugar de procedencia.

La desconfianza aumentaba día a día entre los Reinos Animales y el Reino Humano y cuando se descubrieron por fin los motivos de las desapariciones era demasiado tarde.

Taera, en su búsqueda de conseguir adquirir las capacidades de sus vecinos, había inventado los glubbits, unos artilugios que, al clavarse en la piel, liberaban una toxina que suprimía las habilidades e impedía que pudieran transformarse.

Normalmente, los efectos no eran permanentes, pero en ocasiones provocaron que muchas personas perdieran sus capacidades.

Así estalló la guerra que daría paso a la escisión entre los cuatro reinos y Taera.

En un primer momento, todas las personas de Taera que vivían en los Reinos Animales y viceversa tuvieron que elegir el lugar en el que permanecerían; nadie quería correr el riesgo de otra guerra y, por supuesto, estos sujetos estaban en constante vigilancia para evitar las conspiraciones.

Muchos de los puentes se sellaron y otros tantos se destruyeron por las expansiones de los taerianos a zonas de bosques, mares, montañas e incluso desiertos para garantizar el crecimiento de sus ciudades.

Las ubicaciones de los puentes que seguían activos se eliminaron de los archivos de los dirigentes taerianos para que no pudiesen atravesarlos; de ese modo, se mantuvieron abiertos para que los cuatro reinos pudieran comerciar y mantenerse al tanto de lo que sucedía en el Reino Humano.

Con el paso de los siglos, los taerianos olvidaron que alguna vez convivieron con personas que podían cambiar de forma; sin embargo, muchos relatos que se cuentan como mitos, avistamientos de seres de fantasía, no son sino historias reales que se han transformado en cuentos para divertir y entretener.

Así mismo, ciertas ceremonias y tradiciones se han mantenido hasta la actualidad, aunque ahora en nombre de las religiones para alguno de sus rituales (…).

Víctor bostezó por tercera vez, de modo que cerró el libro y lo metió bajo la almohada; tenía que hablar con sus padres, necesitaba viajar fuera de Baltrium.