Bajo nuestra lluvia de estrellas 33 Confesiones
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33 Confesiones

Quizás por quinta vez busqué una mejor posición sobre la incómoda silla en el área de espera del principal hospital de Albany por aquellos años.

Mi padre descansaba detrás de unas cortinas, en un cubículo privado, se encontraba sedado y dormía, yo había preferido no imponerle mi presencia y esperar por la llegada de mi madre en la sala de espera.

Levanté la vista y recuperé la postura anterior mientras alargaba la mano derecha para tomar el vaso con café recién hecho que Phuong me ofrecía. La tibieza que emanaba del envase me entibiaba un poco la piel.

Mi chico se sentó a mi lado. La sala de espera a esa temprana hora de la mañana lucía despejada y tranquila, nada que ver con el drama de horas antes.

Entre sorbo y sorbo de café, recreé en mi mente lo sucedido en el apartamento después de que se me ocurrió abrir la boca y antes de que papá terminara en el suelo con una de las manos al pecho.

Todo sucedió muy rápido, de estar de pie cerca de mí con el rostro cargado de rabia, por la acusación de Darcy, pasó a agarrarse el pecho mientras sus rodillas se doblaban y se inclinó sobre el suelo alfombrado.

Su expresión cambió de enojada a atónita, su mirada fija en mí hasta que ya no pudo y sucumbió a mis pies.

—¡Padre!

Escuché mi propio grito, justo antes de dejarme caer de rodillas con los brazos extendidos para detener el golpe de su cabeza contra el suelo. El peso de su cuerpo, laxo, me arrastró y terminé de costado a su lado.

Enseguida sentí a Phuong casi sobre mi, llevando los dedos índice y medio al cuello de papá.

—Hay que llamar una ambulancia, Finn… hay que llevarlo al hospital. —Mientras Phuong se mantenía activo, a mí me costaba moverme y, mucho más, pensar.

Mi chico agarró a papá por debajo de uno de sus brazos.

—¡Finley! ¡Hay que subirlo al mueble!

Su tono firme y fuerte logró captar mi atención y me sacó de la especie de letargo en la que había caído. Juntos, trasladamos a mi padre, que respiraba pesado y seguía inconsciente en el sofá.

Los recuerdos de ese día se esconden entre bruma y caos, apenas tengo una idea cuando llegaron los paramédicos.

Me fui en la ambulancia junto a papá, que recuperaba la conciencia por segundos y luego se volvía a desvanecer.

Phuong me aseguró que llegaría al hospital antes de apretarme el hombro con empatía.

Yo comenzaba a sentirme aislado y, a pesar de que intuía que la vida de mi padre no estaba comprometida, el temor a las secuelas de su desvanecimiento no me abandonaba.

Jamás había pensado en Eoin como una persona débil o fácil de impresionar, sin embargo, lo cierto era que mi declaración fue bastante chocante y capaz de trastocarle la mente y la salud física.

El sonido de unos zapatos pisando fuerte sobre el piso de linóleo fue el marco para las siguientes interrogantes.

—Finley, hijo, ¿qué fue lo que pasó? ¿Cómo está tu padre?

Mamá estaba allí, acompañada de los padres de Deirdre. Su arribo me devolvió a la realidad. Me puse de pie, con Phuong a mi lado.

Ella no esperó por mis respuestas, pues realmente lo que necesitaba era ver a su esposo. En apariencia, parecía tranquila, pero yo noté que la ansiedad por constatar de primera mano la situación de papá le carcomía.

—Necesito verlo, Finley —murmuró con angustia mientras me apretaba las manos e intercambiaba miradas entre Phuong y yo.

Los padres de Deirdre se mantuvieron un poco aparte, me dije que tenía que darles las gracias por traer a mamá con premura. Más tarde supe que habían hecho arreglos para pasar la noche en la ciudad y que estarían con ella hasta que fuera necesario.

★ ★ ★ ★

Desde su apresurada llegada, mamá no se había separado del lado de mi padre.

Mientras tanto, yo me mantuve lejos, pues no deseaba mortificarlo.

Con el pasar de los días, la salud de Eoin se restableció y lo que sucedió en el apartamento no pasó de ser un susto propiciado por una súbita elevación de su presión arterial.

Era la primera vez que mi padre experimentaba tal cosa y un fuerte disgusto.

No obstante, su estadía en el hospital se prolongó más de una semana, y los padres de Deirdre regresaron a Seven Hills, aunque con planes de volver a Albany cuando Eoin y Aine estuviesen listos.

Continué lejos del hospital, aunque siempre llamaba para estar al tanto de la salud de papá. Phuong me animaba a visitarlo, pero yo preferí evitarle más disgustos.

—En algún momento deberás enfrentar la situación. Lo que le dijiste a tu padre no es algo fácil de pasar por alto, Finn —manifestaba mi chico y, como casi siempre, tenía razón.

Sin embargo, no fue con mi padre, sino con mamá, con quien tuve que hablar de lo sucedido. Ella tenía una vaga idea, aunque muy vaga, pues papá, al parecer, no se animó a contarle a detalle el motivo de su gran disgusto, pero si le mencionó a Phuong.

Ella ya tenía la distorsionada versión de Darcy, esa que dejaba a Phuong como un enfermo agresor de mujeres indefensas, entonces yo, al igual que hice con papá, me di a la tarea de aclarar lo sucedido.

Mamá no era una persona impulsiva, tampoco dada a creer cualquier acusación sin brindar el beneficio de la duda, ella era una mujer pausada con la virtud de la paciencia y la suficiente empatía como para escuchar y entender.

Esa tarde nos encontrábamos reunidos en la sala del apartamento, mi madre recién se había duchado y necesitaba una siesta, su rostro mostraba marcadas señales de cansancio, pero me pidió hablar de lo sucedido antes de irse a descansar. Yo esperaba que mi confesión no le quitara el sueño.

Phuong se puso de pie, sus intenciones eran encargarse de un almuerzo que ya estaba hecho, él mismo había metido el pollo al horno, puesto a hervir unas papas para majarlas con mantequilla y había lavado y cortado las verduras para la ensalada que tenía en el refrigerador.

No obstante, no tuve que mirar a mi chico a los ojos para saber que su afán era dejarnos solos, quizás pensaba que de esa manera me resultaría más sencillo, cuando era todo lo contrario. Necesitaba a Phuong a mi lado, aunque tampoco quería que se sintiera presionado.

—Me encantaría que pudieras quedarte —mencioné y, entonces, busqué su mirada para afianzar lo que decía.

Mi chico parecía algo nervioso, con una sonrisita vacilante que iba y venía sobre sus labios. Finalmente, volvió a sentarse en la butaca que ocupaba minutos antes.

Noté que mamá no se molestó en disimular su escrutinio sobre él.

—Cuando Darcy estuvo aquí las cosas no sucedieron como les contó. —Fue con lo primero que me animé a comenzar y, automáticamente, mi madre puso toda la atención sobre mí.

Le dirigí un vistazo a Phuong que, para ese momento, mantenía la mirada baja y las manos algo crispadas sobre su regazo. Ninguno de nosotros podía adivinar la reacción de mamá a lo que escucharía, pero al menos yo, tenia fe en su comprensión.

Ella dejó salir un suspiro.

—Me alegra confirmar lo que supuse. Me negaba a creer en los dichos de tu hermana, me imaginé que era otra de sus rabietas y falsas alegaciones. —Darcy tenía fama de inventar cosas para cumplir sus caprichos, pero jamás había llegado tan lejos.

Mantuvo la mirada sobre mi chico mientras él no se animaba a devolvérsela.

—Al parecer, papá no dudó ni un segundo y llegó aquí muy exaltado, furioso. Entró gritando y dando golpes —dije y recuperé su atención, incluso Phuong se animó a levantar la mirada.

—Últimamente a Eoin se le hace muy difícil controlar ese mal carácter.

Yo hubiese podido añadir que, tratándose de Phuong, seguramente no ayudaba.

—Papá perdió el control y lo agredió, mamá.

No solo eso, sin pedir explicaciones, entró gritándole improperios y acusaciones.

Demás está decirte que no quería escuchar, y amenazó con ir con la policía a denunciar a Phuong por las falsas alegaciones de Darcy.

—Phuong no estaba totalmente de acuerdo con que le hablara a mamá sobre nuestra relación, él tenía sus reservas, después supe que era debido al temor al rechazo, que viniendo de ella le afectaría, pues ellos se llevaban muy bien.

Lo sentí moverse sobre la butaca, pero no lo mire, mi atención estaba puesta sobre mi progenitora.

—Puedo imaginar el estado de tu padre, Finley. El mal rato fue lo que hizo que se le disparara la presión arterial, nunca antes había sucedido algo así…

—Estaba muy alterado, pero hay algo más…

—dije—. Yo no podía permitir que papá fuera con la policía a hacer acusaciones falsas.

Probablemente al final todo se hubiese aclarado, pero no podía permitir que Phuong pasara por toda esa humillación, así que le confesé la verdadera razón por la que Darcy se inventó toda esa historia…

Fue entonces que me puse de pie para detenerme al lado de Phuong, que permaneció sentado. Coloqué la mano derecha sobre uno de sus hombros y le di un suave apretón.

—Darcy se hizo ilusiones con Phuong. Ilusiones románticas que él nunca compartió, porque… estamos enamorados, mamá. Nos amamos y eso fue algo que papá no toleró escuchar.

Justo en ese momento me pregunté qué habría pasado si mi padre no se estuviera recuperando, si hacerlo partícipe de aquella verdad lo hubiese matado.

—¡Finley!

Mi nombre abandonó su garganta en un agudo grito y la miré persignarse con fervor mientras su asustada mirada iba de mi a Phuong, y de vuelta a mi.

—Lamento mucho lo que ocurrió con papá…

—Ahora entiendo el silencio de tu padre…

Phuong se puso de pie y movió la cabeza en negación, incapaz de decir algo, mientras mamá rehuía mi mirada y estrujaba sus manos frente a ella.

—No sé qué decir, es una situación que nunca esperé afrontar, quiero decir…

tu vida estaba tan organizada, planes perfectos hechos por Eoin…

tu vida junto a Deirdre, la familia que tendrían, los nietos que nos darías.

Esto es algo que jamás se pensó, Finley.

Esto lo cambia todo. —Por primera vez en mucho tiempo mamá busco la mirada de Phuong y una tenue y tensa sonrisa afloró en sus labios.

—¿Estás seguro de que lo amas? ¿Estás seguro de lo que sientes, Finley? Y de lo que tu decisión significará para muchos aspectos de tu vida —preguntó con reticencia.

—Segurísimo, mamá. Amo a Phuong y quiero pasar el resto de mi vida con él. —Mamá parecía pensativa, esa tarde no comió, se fue a la habitación de Daisy murmurando por lo bajo y la vi volver a persignarse.

Sospechaba que su mayor preocupación se centraba en mi relación con Dios, además de con papá, y seguramente para ella ambas se verían afectadas por mi elección de vida, una fuera de lo común.

Recuerdo que a Phuong le costó bastante tranquilizarse y esa noche prefirió mantenerse en su habitación mientras mamá y yo hablábamos. Es difícil olvidar lo aprensivo que estaba mi chico, y la dedicación que le mostré para aplacar sus emociones, entre besos y caricias.

—Te amo, Phuong y nada ni nadie me hará dudar de mis sentimientos —murmuré cerca de su oído mientras lo mantenía abrazado muy cerca de mí, su piel tibia acariciaba la mía.

—Yo te amo más, hermoso. Perdóname, pero me ganaron los nervios frente a tu madre —dijo mientras giraba el rostro lo suficiente para dirigirme una mirada de reojo y sus labios se distendían en una sonrisa relajada.

Mi respuesta fue apretarlo más contra mi y dejar un reguero de besos sobre la piel de su espalda.

★ ★ ★ ★

No diré que, entre Phuong y mamá, hubo cercanía, pienso incluso que fue lo contrario, pues cada uno se mostraba dubitativo ante la presencia del otro, y algo incómodos, pero yo no perdía la esperanza de que, con el pasar del tiempo,

pudiese volver aquella amable convivencia que nació cuando Phuong visitó la casa.

Y estaba seguro de que mi madre jamás ofendería a mi chico, contrario a lo que podría hacer papá.

Poco más de una semana después, mis padres volvieron a Seven Hills y yo respiré aliviado seguro de que, por lo menos durante un tiempo, el drama cesaría; sin embargo, no me imaginé lo que equivocado que estaba.