31 Darcy
Escuché cuando Phuong cerró la puerta y sus pasos, junto con los de Darcy, se movieron en dirección a la pequeña sala comedor del lugar. Podía escuchar como sus voces se apagaban a medida que se alejaban.
Otro vistazo al reloj me indicó el poco tiempo que tenía Phuong para llegar a la librería y comenzar su turno a las once. Y yo no sabía cómo podía ayudarlo, pues no me animaba a salir de la habitación y enfrentarme a mi hermana, no podría. Estaba nervioso… y perdido.
Me apoyé en la puerta de la habitación y largos minutos después localicé de vuelta en el pasillo, frente a la puerta principal, a mi hermana.
—Fui a buscar a Finley a la residencia, no estaba, pero me dejaron pasar para que lo esperara en su habitación. De casualidad me fijé en unos apuntes que tiene sobre el calendario de escritorio, vi tu dirección y vine hasta acá.
Un ruido nos alertó, era Daisy que traía pan recién hecho. Phuong hizo las presentaciones, no me preocupó que nuestra amiga hiciera algún comentario sobre mi presencia en el apartamento, pues era discreta.
Darcy se alejó rumbo a la cocina mientras que los otros dos se quedaron en el pasillo.
—¿Tus padres saben que estás aquí, Darcy?
—No, me fui sin decirles, no aguanto a papá. No quiero volver, pienso quedarme aquí con Finley.
Mis peores sospechas se materializaban.
—Eso no estuvo bien, Darcy, lo primero que debes de hacer es llamarlos para decirles dónde estás. Yo tengo que irme a trabajar.
Era evidente que Phuong no pasaría a despedirse, tenía prisa, además, no era prudente, pero igual me molestó muchísimo. Toda la situación estaba amenazando con superarme.
Me pareció oír a Darcy chasquear la lengua a modo de disgusto y soltar un sonoro suspiro.
—Si no me voy ahora llegaré tarde… ve con Daisy, come algo y llama a tus padres. Estoy seguro de que Finn aparecerá por aquí en cualquier momento.
Recuerdo que esperé el mejor momento para salir del cuarto de Phuong e irme a casa, y lo hice cuando me percaté de que Daisy y Darcy salieron del apartamento. Según escuche, al supermercado y a la farmacia.
Una vez en la habitación de la residencia, me di una ducha. Mi compañero, un chico llamado James, fue quien me mencionó sobre la visita de Darcy.
De la residencia, me fui directo a la tienda donde trabajaba Phuong, necesitaba verlo lejos de las miradas de Darcy.
Mi chico no estaba en el piso principal, sino en la trastienda, donde yo tenía prohibido el paso y tuve que esperar por él en el pasillo detrás del edificio, allá donde se encontraba uno de los enormes contenedores de basura que recolectaban los desperdicios de los negocios de la zona.
Los rayos del sol incidían directo sobre aquel depósito y mi humanidad, las moscas revoloteaban por doquier y ese amargo olor que emanaba. Tuve que poner todo de mi parte para esperar con paciencia a que Phuong tuviese la oportunidad de salir.
—Creo que tu hermana está decidida a quedarse, Finn. Ya tiene dieciocho años y probablemente piense en buscar un trabajo —comentó él entre calada y calada a su cigarrillo, en tanto yo trataba de disimular el coraje ante tal imprevisto. Veía cómo todo se complicaba.
—Yo no voy a hacerme cargo de Darcy, ella debe estar con mis padres hasta que decida qué quiere hacer con su vida.
Llegar así, de improviso, no funciona, yo no tengo donde hospedarla, ni siquiera tengo un trabajo real.
—Quizás mi reacción fue exagerada, después de todo Phuong no había tenido nada que ver con la llegada de Darcy, pero no pude evitar el desahogo.
Aunque ambos sabíamos que más importante que todo lo anterior estaba el hecho de que la presencia de mi hermana en Albany amenazaba con tirar una línea divisoria entre Phuong y yo, nos alejaría.
Phuong me pidió calma para pensar y tomar decisiones. Decidí esperarlo para regresar juntos y después de comer algo. Me pasé varias horas sentado en un banco de un parque cercano, a la sombra de un árbol ancestral.
En mis recuerdos ese día ocupaba un lugar importante, pesado, repleto de incertidumbre y mucho coraje, eso último no sabía hacia quién dirigirlo, si a Darcy y su intempestiva llegada, o a mí, por no tener las pelotas de mostrar mis verdaderos sentimientos ante ella.
Darcy me recibió efusiva, con un apretado abrazo que me hizo sentir incómodo, pues nunca antes, en tiempos cercanos, tuvimos esa cercanía. Siempre me pareció que a mi hermana no le gustaba el contacto físico… y mucho menos conmigo.
—No soporto vivir un día más con papá. Es un ser opresivo y controlador —manifestó con tono lastimoso en cuanto nos miramos de frente, antes de movernos hacia el área de la sala comedor.
El ambiente estaba saturado con los ricos olores de la cena que preparaba Daisy.
En el apartamento también se encontraba Barry, el novio de la chica.
Después de la rara demostración de cariño hacia mí, Darcy se desplazó hasta sentarse sobre el estrecho sofá, junto a Phuong. Me encontré sin saber donde sentarme o qué hacer, le dirigí rápidas miradas a mi hermana, que no dejaba de coquetear con mi chico.
Esa noche recuerdo que me fui a la cocina y, desde allí, llamé a mamá para decirle que Darcy estaba conmigo. Ella reaccionó aliviada de comprobar lo que ya sospechaba.
—Supuse que iría a buscarte, Finley, y así se lo dije a Eoin. Tu padre está hecho una furia, ahora mismo se encuentra encerrado en la iglesia… lleva allí desde esta mañana, orando no solo porque Dios le brinde claridad de pensamientos a tu hermana… sino a ti.
Ante aquello último sentí enojo y vergüenza a partes iguales; sin embargo, preferí no entrar en detalles, me limité a asegurarle a mamá que Darcy se encontraba bien y que me encargaría de hablar con ella y convencerla de regresar a Seven Hills.
—Ojalá puedas hacerla entender que su lugar es aquí con su familia, hijo. —Mamá no podía saber cuan decidido estaba en enviarla de vuelta a casa.
Después de cenar, traté de iniciar una conversación con mi hermana con el fin de hacerla entender que tenía que regresar a Seven Hills por varias razones, la más importante: la falta de alojamiento.
No obstante, mi hermanita ya había hablado con Daisy para convencerla de que la hospedara en el apartamento.
—Puedo quedarme contigo, Daisy, en tu habitación… —sugirió Darcy y, más tarde, supe que nuestra amiga se vio comprometida, pues Darcy le había suplicado y, entre llanto, le narró lo desesperada que se sentía bajo el yugo de mi padre. Me habló de lo perdida y triste que sintió a Darcy.
Darcy se salió con la suya. Daisy y Phuong me convencieron de que lo mejor era darle unos días de tregua, para que se tranquilizara y pensara mejor las cosas. Luego, me encargaría de volver a hablar sobre su regreso a casa.
Así que mi hermanita pasaría esos días en el apartamento de los chicos, dormiría con Daisy, una idea que no le gustó mucho al novio de mi amiga.
Aún así, ni él ni yo pudimos hacer nada por cambiar la sucesión de cosas.
Unos días pasaron a ser dos semanas, y Darcy no parecía tener intenciones de tomar un autobús con destino a Seven Hills.
Por esas fechas, Daisy y Barry tenían un viaje fuera de la ciudad, por lo que Darcy se quedó sola con Phuong en el apartamento, en el cuarto de nuestra amiga. Aquello no me dio buena espina, pero no quería verme como un loco paranoico al ver cosas donde no las había.
El día siguiente a que los novios se fueron de viaje, Phuong me sorprendió con una visita a la residencia.
—Finley, abajo hay un chico que pregunta por ti…
Levanté la cabeza de la almohada antes de abrir los párpados, apenas entendí lo que decía James, mi compañero de habitación.
Traté de enfocar la vista sobre el chico y me dejé llevar por el sonido de su voz tan bruscamente que, por poco, caigo al suelo desde el colchón.
Logré enfocarme, a duras penas, dejé la cama y me puse de pie.
—Está abajo en el vestíbulo, su nombre es… no recuerdo... algún nombre raro, pero creo que es el chico chino con el que siempre estás en la uni.
No lo dejé terminar y escuché aquello último cuando ya estaba fuera de la habitación en dirección a las escaleras. En cuanto mi mirada se encontró con la de Phuong supe dos cosas, la primera: mi chico estaba realmente enojado, pocas veces lo había visto así…
La segunda, que la causante de ese mal humor era Darcy.
Apenas pude contener los deseos de abrazarlo para borrar de su lindo rostro aquel gesto amargado y devolverle su hermosa sonrisa.
Con un gesto, le indiqué que me siguiera y dirigí mis pasos hacia el área de estudios, aunque esperaba que estuviese vacía, pues la mayoría de los estudiantes ya habían dejado la residencia en pos de un verano con su familia, pero me lleve un fiasco al encontrarme con varios chicos, algunos leyendo,
otros tan solo reunidos pasando el tiempo frente al televisor.
—Tienes que hacer algo con Darcy, hermoso —murmuró Phuong, ambos nos habíamos desplazado hasta una de las esquinas al fondo del salón—. No aguanto un minuto más con ella en el apartamento…
A pesar de esa última frase, Phuong parecía no querer abundar en el asunto, me dio la impresión de que cambió de idea en cuanto me vio, su enojado se había desvanecido y ahora lucía apenado.
—Es tu hermana, amor, pero…
—¿Qué fue lo que pasó, Phuong? Y no me ocultes nada…
Mi chico rehuyó mi mirada y la paseó por el suelo, mientras yo inclinaba la cabeza para atraparla con un gesto intrigado en la expresión. Estiré el brazo y llevé la mano sobre su antebrazo para darle un rápido toque con los dedos.
Recuerdo que una oleada de frustración volvió a barrerme de pies a cabeza. Anhelaba poder asir su mano y traerlo hacia mí.
—Esto es bastante incómodo y hay que ponerle un alto, Finn. Mientras Daisy estaba en el apartamento, Darcy no traspasó los… tes… coqueteaba y tonteaba conmigo, pero era algo a lo que yo no le daba importancia.
—Pero…
Nos miramos directo y lo vi hacer una mueca de disgusto.
—Esta mañana aprovechó que yo estaba en la ducha para meterse a la habitación y esperarme… estaba en ropa interior sentada sobre la cama, con la absurda idea de que podía seducirme.
Imaginarme algo así me costó, pero, a la misma vez, sabía que Darcy daba para eso y mucho más. Por un momento no supe si echarme a reír ante su osadía, que sabía no la llevaría a nada, no con Phuong, o compartir el enojo de mi chico.
Eso sí, no dije nada por segundos, mientras me pareció que él pasó de estar avergonzado a mirarme con incredulidad.
—¿No me crees?
Su pregunta me sacudió, jamás dudaría de sus palabras. No lo pensé para tomar una de sus manos con la mía y lo sentí rígido, antes de deslizar sus dedos lejos de los míos y mirarme a los ojos con una de sus cejas arqueadas.
Segundos después me fijé que deslizaba su mirada a nuestro alrededor, gesto que yo evité hacer.
—Jamás dudaría de lo que me dices.
Su mirada se suavizó y pareció aliviado, esbozó una débil sonrisa a la que yo correspondí.
—¿Qué podemos hacer? Traté de hablar con ella, ante mi rechazo se mostró triste y hasta un poco molesta, luego se disculpó, pero después de esto ya no sé qué esperar.
—Déjame darme una ducha y cambiarme, espérame aquí, voy a ser claro con Darcy, no solo con el tema de su «extendida visita». —Hice un gesto de comillas con las manos—. También le hablaré de lo que sucedió hoy, está actuando de forma precipitada.
Precipitada era una palabra bastante suave para definir su comportamiento.
Mis pensamientos se dispersaron mientras subía la escalera y ya no estaba seguro de nada que tuviese que ver con mi hermana.
La conocía y sabía que a Darcy no le importaba mi opinión, solo el hecho de que suponía a Phuong mi mejor amigo y deseaba agradar la frenaba de ser grosera, o de desplegar sus burlas y malos tratos hacia mí.
Darcy quería darle una buena impresión a Phuong.
Mientras me bañaba, pensaba en lo difícil que sería hacerla cambiar de opinión y volver al pueblo. Phuong me había comentado sobre sus planes de buscar trabajo y un cuarto en alguna casa de familia para alquilar.
Cuando me reuní con Phuong afuera de la residencia, mis ideas se enlazaban unas con otras y me dije que solo algo extraordinario alejaría a Darcy de Albany.