Bajo mi piel Dieciséis #5
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Dieciséis #5

Acababa de quedarse dormido cuando notó que una mano le sacudía el hombro.

Abrió los ojos.

Art roncaba junto a él.

Alex estaba de pie al otro lado, mirándolo desde arriba.

Se incorporó como un resorte.

—¿Qué...?

El otro se llevó el dedo a los labios.

Nate guardó silencio.

Alex señaló la escalera con un movimiento de la cabeza.

Nate asintió y se puso de pie despacio, procurando no mover mucho el colchón. Art chasqueó los labios y siguió roncando.

Nate siguió a Alex escalera abajo, contemplando en la penumbra cómo se le contraían y relajaban los músculos de la espalda bajo la camiseta. Tenía calor y le pesaban los párpados.

Alex no lo guio hasta la ventana de la noche anterior.

En vez de eso, cuando llegaron a la planta baja del granero, tomó a Nate de la mano y lo condujo hacia el fondo del edificio.

Rodearon unas pacas de heno hasta llegar a un rincón oscuro, resguardado de la mirada de cualquiera que entrase.

Estaban envueltos en sombras. Nate apenas distinguió las facciones de Alex cuando se volvió, con los ojos brillando tenuemente en la oscuridad.

—¿Qué ocurre? —preguntó.

Alex lo empujó con suavidad contra la pared. La madera crujió tras su espalda. Un grueso muslo se introdujo entre las piernas, y un pie se las separó más. Se le escapó un grito ahogado cuando Alex le apretó la ingle, y notó que el calor se le acumulaba en el vientre.

Echó la cabeza hacia atrás contra el fondo del granero.

Unos labios y unos dientes le recorrieron el cuello. Hacía varios días que Alex no se afeitaba, y Art iba a deducir lo sucedido más pronto que tarde, pues sentía que le estaba raspando la piel hasta dejársela en carne viva.

—Tienes que estarte callado —le susurró Alex al oído—. ¿Crees que serás capaz?

—¿Por qué? —preguntó Nate—. ¿Qué crees que vas a hacer?

Notó que Alex sonreía contra su mejilla.

—¿A ti qué te parece?

—Pero Art...

—Está durmiendo y seguirá así mientras no hagas ruido.

—Pues sí que estás seguro de ti mismo —musitó Nate, reprimiendo un gemido cuando el muslo le apretó la polla y los huevos con más fuerza—. Joder con el chusquero. Te crees muy machote, ¿no?

Alex lo besó de forma más apasionada que la noche anterior. Aquel beso frente a la ventana, bajo las estrellas, había sido tentativo, vacilante, casi tímido. Nada que ver con este.

Ahora había dientes, lengua y una mano grande rodeándole el cuello con delicadeza, sujetándole la cabeza mientras Alex le comía la boca.

Nate se sintió pequeño y frágil, consciente de que aquel hombretón seguramente podría partirlo en dos si quisiera.

No se resistió al sentir la presión de un pulgar en la barbilla antes de que Alex interrumpiera el beso y le girara la cabeza para hincarle los dientes suavemente en los tendones del cuello.

No podía creer que estuvieran haciendo eso en ese momento, justo en ese lugar, rodeados de la gente más rara que había conocido en su vida. No sabía qué mosca le había picado a Alex.

Pero ni de coña pensaba quejarse, sobre todo cuando la presión entre ellos disminuyó ligeramente, lo suficiente para que Alex pudiera meter la mano libre entre ambos.

Le agarró el miembro a Nate por encima de los tejanos, provocándole un ansia casi insoportable.

Este soltó otro gemido, y Alex le siseó que no hiciera ruido.

Nate se disponía a replicarle con un comentario sarcástico, a decirle que se fuera a la mierda y no parase, pero de pronto tenía dos dedos en la boca y una voz le ordenó que chupara.

Eso hizo. Deslizó la lengua sobre la piel de Alex, que tenía un leve sabor salado.

Sus dedos casi le tocaban la garganta, y a Nate se le pusieron los ojos casi en blanco.

Alex le abrió la bragueta de los tejanos de golpe, y una mano cálida lo toqueteó con brusquedad.

Con sus dedos aún en la boca, intentó decirle que iba bien, que podía darle más caña, pero solo consiguió que le resbalara baba por el mentón.

Alex le bajó los tejanos hasta los muslos, lo que, a efectos prácticos, le inmovilizó las piernas. Se apretó de nuevo contra Nate, aún vestido del todo, y le presionó la lengua hacia abajo con los dedos. Meneó las caderas contra él. El roce de la piel con la tela vaquera puso a Nate en llamas.

Nate mordisqueó la carne de Alex con suavidad.

—No llevo nada —le gruñó este al oído—. Nada que sea eficaz y no te haga daño. Pero vamos a hacer una cosa. ¿Confías en mí?

Nate asintió, balbuciendo incoherencias con los dedos de Alex metidos en la boca.

—Bien —dijo este—. Voy a sacarte los dedos. Quiero que me mojes la mano lo máximo posible. Si lo haces, te prometo que no te arrepentirás. ¿Te seduce la idea?

«Sí —dijo Nate con los ojos, muy abiertos y lacrimosos—. Sí, sí, sí».

Alex extrajo los dedos con un chasquido húmedo y le acercó la palma a la cara.

—Adelante.

Nate acumuló saliva en la boca y le escupió en la mano antes de lamérsela, esparciendo la baba lo mejor posible. Con un quejido leve, Alex le retorció un pezón por encima de la camiseta. Las caderas de Nate dieron una sacudida ante la oleada de placerdolor que lo recorrió.

—Te gusta, ¿eh? —susurró Alex. Lo hizo de nuevo, y Nate gimió contra su mano—. Sí. Te gusta mucho, ¿verdad? No estoy lo bastante mojado. Más.

Nate obedeció.

Al cabo de solo un minuto, Alex apartó la mano y retrocedió un paso.

Nate sintió un frío intenso en la piel acalorada.

Observó a Alex mientras este se desabrochaba los vaqueros y se los bajaba hasta los muslos.

Se sacó la verga con la mano seca. Aunque Nate apenas la vislumbraba en la oscuridad, vio la cabeza, que sobresalía del puño de Alex.

Miró cómo este enganchaba el bajo de la camiseta con un dedo y se la levantaba hasta las axilas, dejando al descubierto su peludo torso.

Soltó un escupitajo que le cayó en la polla.

Usó la mano que Nate había humedecido para distribuir la saliva a lo largo de todo el miembro.

—Date la vuelta —gruñó.

Nate así lo hizo y giró la cabeza, de modo que su mejilla quedó apretada contra la áspera pared del granero.

—Saca el culo.

Nate experimentó una punzada de vergüenza o algo muy parecido.

Se sentía expuesto, más expuesto de lo que se había sentido nunca.

Hizo lo que Alex le pidió. Notó que unos dedos se deslizaban por la raja de su culo y le rozaban el agujero.

Echó el culo atrás hacia los dedos, que continuaron bajando y pasándole por entre las piernas hasta los cojones.

Alex le tiró primero de uno y luego del otro.

Continuó así durante un largo minuto, tironeándole y estirándole los huevos.

Nate estaba sudoroso y más empalmado que nunca.

—Echa los huevos hacia delante —le indicó Alex.

Eso hizo. Apoyando el pulgar en la base del pene, se agarró los testículos y tiró de ellos hacia delante.

—Junta los muslos y aprieta fuerte.

Entonces lo entendió. Y estaba muy a favor, sí, señor. Hizo fuerza con los muslos, dejando que las bolas le colgaran por delante de las piernas. Su pito se meció por delante, y la punta chocó con la pared. Desplazó las caderas hacia atrás un poco más. Solo le faltaba clavarse una puta astilla.

Notó que Alex apretaba la verga contra la parte de atrás de sus muslos. Tras unos instantes de resistencia, entró cuan larga era y quedó aprisionada entre las piernas de Nate. La cabeza del miembro topó con la parte trasera de los huevos de Nate.

La sensación les arrancó un gemido a los dos.

Alex dio un empujón con las caderas, a modo de experimento, y luego otro, y Nate, al sentir los tirones del vello de las piernas, puso los ojos en blanco.

Notó que Alex sacaba el miembro casi del todo y lo oyó escupir de nuevo.

La saliva cayó en el canalillo de su trasero y resbaló hacia abajo.

Un dedo lo frotó hasta introducirse entre los muslos, por encima del pene de Alex, que se humedeció aún más.

—Ahí está —jadeó este, empujando de nuevo hasta que sus caderas toparon con el culo de Nate—. Eso es. —Se echó hacia atrás y empujó de nuevo, deslizando la verga a lo largo del perineo de Nate.

Este apretó más los muslos y oyó que a Alex se le escapaba un quejido a su espalda. Nate, con las manos pegadas a la pared del granero, pugnaba por mantenerse en pie. Alex, que lo tenía agarrado por las caderas, puntuaba el golpeteo de piel contra piel con bruscas exhalaciones.

Lo rodeó con el brazo hasta ponerle la mano en el abdomen y atraerlo contra su pecho.

Nate estaba de puntillas para mantener el ángulo correcto.

Apoyó la cabeza en el hombro de Alex, que le chupaba el cuello.

Cerró los ojos cuando los dedos de este se cerraron en torno a su polla y comenzaron a pajearlo al compás de cada acometida.

Nate llevó el brazo hacia atrás y le ciñó el cuello a Alex, de modo que él cargara con el peso.

Alex lo mordió en el momento en que se corrió, y Nate sintió el chorro caliente en la parte de atrás de los huevos.

Dejó de menear las caderas y se quedó jadeando contra el cuello de Nate, temblando después de su orgasmo.

—Por favor —consiguió decir este—. Por favor.

Alex soltó una risita ronca antes de deslizar el pulgar por la punta del pene de Nate. Se lo apretó y empezó a masturbarlo de nuevo, agarrándolo con fuerza. Nate se folló el puño de Alex hasta que se le estremecieron los muslos. Se corrió con un gemido, salpicando la pared del granero, frente a él.

Permanecieron así, de pie, Nate aferrando a Alex. El primero volvió la cabeza hasta que sus labios se encontraron con la barbilla del marine. Pese a lo incómodo de la postura, Alex bajó la boca hasta juntarla con la suya.

—Joder —murmuró Nate tras interrumpir el beso—. Madre mía, ¿dónde aprendiste a hacer eso?