Bajo la Tutela de mi Tío CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

CLARISSE

Mi cuerpo está en llamas, mi vientre late con el deseo desenfrenado que mi tío despierta en mí.

—Tito... —mi súplica sale entrecortada cuando él emboca mi intimidad.

La forma en que succiona ese punto sensible y necesitado me hace arquear la espalda.

Quiero empujarme hacia él, forzar al hombre a succionarme con más fuerza para terminar con este deseo que me eriza la piel y me hace gemir enloquecida sobre la camilla.

Pero no me muevo. Dejo que mi tío lo controle todo; soy su buena niña y me gusta cómo suena eso en mi mente.

Dejo que domine mis deseos prohibidos, que toque mi cuerpo, aun sabiendo lo mucho que todo esto está mal.

Es mi tío.

El hermano de mi padre.

Pero aquí, en este consultorio, soy solo su niña, que transpira con cada lambetazo certero.

Siento una presión diferente, algo invadiéndome con cuidado, ensanchando el canal intacto entre mis piernas.

—Tito, eso duele... —rezongo cuando él entra y sale con el dedo.

—Te estoy preparando, niña mía —responde, antes de volver a succionar con ganas mi carne.

Los dedos de mis pies se tensan, siento algo intenso subir por mis piernas, endureciendo mis músculos, y algo denso se concentra en mi vientre.

Siento que puedo estallar de placer sintiendo los labios de mi tío consumiéndome sin pausa.

Sujeto su cabello canoso a la vez que quiero atraerlo hacia mí; siento una necesidad sombría de empujar su cabeza lejos.

El sudor cubre mi piel, mis piernas cobran vida cuando empiezan a cerrarse alrededor de él.

Sus manos pesadas se hunden en mis muslos, manteniéndome en el sitio, mostrando quién manda y controla todo aquí.

—Tito... ahhhhhh —el gemido escapa y mi cuerpo colapsa.

Los temblores reverberan en mí, pequeños puntos de luz parpadean ante mis ojos y una niebla de placer silencia mi mente.

Pierdo la noción del tiempo; mi cuerpo cae en una espiral de placer tan intenso que no soy capaz de controlar los temblores ni los gemidos.

Es todo mágico, tan perfecto que olvido cómo respirar. Dante sigue succionando, lamiendo mi hendidura, incluso después de que me desplomo en la camilla, exhausta y satisfecha.

Dante se levanta, con el rostro marcado por el placer que emana de mí. Sus ojos sombríos y densos recorren mi cuerpo.

Se baja el pantalón y solo entonces veo la erección enorme, gruesa y llena de venas marcadas.

Sé cómo funciona la unión carnal de dos personas y, mirándolo así, tengo la certeza de que no va a caber.

Manipula su pene, su mano sube y baja lentamente mientras me mira con una sonrisa extraña en el rostro.

—Tío Dante... —susurro, despavorida.

—El tito va a cuidar de ti, niña mía.

—Eso no va a caber —rezongo, sin poder desviar los ojos de su erección.

—Te prometo que cabrá. —Da un paso al frente y suelto el aire cuando siento el roce en mi punto sensible—. Al principio será doloroso, pero con el tiempo, implorarás por tenerme dentro de ti.

—¿Cómo? —pregunto en mitad de la niebla de placer que regresa con fuerza.

Él sigue aplastando mi centro, ahora con la cabeza roja e hinchada de su pene. Es tan placentero que ni siquiera consigo prestar atención a lo que dice.

—Eres mía, Clarisse. —Su voz grave llega como un susurro a mi mente—. Voy a garantizar que te vuelvas adicta a mi miembro.

—Tito... ahhhh... así.

El aire se queda atrapado en mi pecho cuando todas las sensaciones maravillosas vuelven a mi vientre.

Sé que va a doler, que esto está mal, pero es tarde para retroceder. Ahora, solo quiero ser la buena niña de mi tito.