Bajo la Tutela de mi Tío CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

DANTE MORETTI

Es hermoso ver mi miembro macizo abriendo sus pliegues, tan turgentes y delicados.

Sujeto mi base con fuerza y me froto contra Clarisse. Ha nacido para ser follada, para recibir un miembro grueso y largo en sus entrañas.

Sus gemidos reverberan por la sala; su voz dulce y suave implorando por su tito es lo que revienta mi cordura.

Muevo mi cuerpo en un vaivén placentero; imagino que me estoy hundiendo en ella cuando, en realidad, solo estoy masturbando a mi niña con mi miembro.

Se vuelve cada vez más oral; los sonidos ahogados escapan de su boquita carnosa y apoyo mi otra mano sobre su vientre.

Clarisse está completamente entregada, implorando por más, pidiendo que la tome por completo, pero quiero ver a la chica corriendose una vez más.

Necesito ver su rostro encendido de placer y observo sus pechos balanceándose con el movimiento de nuestros cuerpos.

Su sexo está cada vez más mojado, lubricando naturalmente mi extensión. Una gota escapa de mi punta, denunciando que estoy en mi límite.

Ella se deshace en placer, su cuerpo lleno de curvas vibra en la camilla y solo entonces presiono mi cabeza ancha en su pequeña entrada.

Mi carne suave entra lenta y su apretón es como mi puño, aplastándolo todo.

—Qué delicia... —suelto y ella se tensa.

—Tito, es muy grande...

—Sí, niña mía —rebato y vuelvo a frotar mi miembro por sus pliegues—. Eres tan estrechita.

Vuelvo a empujar y aprieto mi mano en su vientre, manteniendo a la mujer quieta. Fuerzo mi entrada y un bramido escapa de mi garganta por el placer que siento.

Voy ganando espacio, centímetro a centímetro, hasta que encuentro su barrera. Gime descontrolada; mi muchachita está a punto de tener su tercer orgasmo.

Estiro mi pulgar hasta que queda sobre su clítoris sensible; estimulo a la chica mientras continúo con el vaivén placentero en su sexo, sin forzar, sin tomar todavía la virginidad de mi sobrina.

—Oh... —grita ella, corriéndose deliciosamente en mi miembro y es en ese momento cuando rompo la barrera y la tomo como mía.

Golpeo el fondo, con parte de mi miembro todavía fuera, y siento su apretón a mi alrededor.

Clarisse vibra en una mezcla de placer intenso y el dolor que mi invasión provoca.

Mantengo el movimiento de mi dedo, prolongo el orgasmo de mi sobrina hasta que se desploma en la camilla.

Sujeto con firmeza sus piernas y las apoyo en mis brazos. Es imposible contenerme. Embisto fuerte y duro, con las paredes internas apretándome tanto que no puedo controlarlo.

Mi semen asciende denso por mi canal. Mis venas se hinchan y mis testículos se tensan.

Eyaculo profundamente en mi muchachita. Marco su sexo como mío mientras continúo embistiendo, sin poder parar.

Mi miembro sigue firme y mantengo la cadencia, loco y extasiado con el sexo de mi sobrina.

Grita y gime, desorientada, recibiendo mi miembro hasta el fondo, siendo la buena niña para su tío, hasta que me vengo de nuevo, delirando con la suavidad de su cuerpo en mis manos y el apretón delicioso de la ninfeta alrededor de mi erección.

Bajo la mirada de Freud, he marcado a la chica. He hecho de ella mi mayor secreto y mi mayor obsesión.

Clarisse ya no es una mujer abandonada.

Es la mujer de Dante Moretti.

Su tío.

Su tutor.

El único hombre que tiene el poder sobre la mente, el cuerpo y el corazón de la ninfeta que invadió un hospital psiquiátrico con sus ropas indecentes y despertó lo peor de un psiquiatra.

Vino en busca de un tutor y encontró a su dueño, y ahora, no tiene escapatoria.

Es mi buena niña, hasta que la muerte nos separe.