CAPÍTULO 6
CLARISSE
Mi cuerpo está ardiendo, cada centímetro de mi piel erizado, pero es el valle entre mis piernas el que late con su proximidad.
Mi tío es un hombre experimentado y lleno de vivencias. Me está examinando, cuidando de mí, mientras yo solo quiero que sus toques continúen, pero no como un médico y su paciente.
Mi respiración es pesada y mi mente grita, afirmando que, si sigo actuando así, pronto mi tío encontrará un lugar muy lejano para que me quede.
Es deliciosa la forma en que me toca; no tengo miedo ni recelo de nada, solo esta necesidad de más.
Sé que pudo ver mi braguita mojada. Mi tío vio la vergüenza que quería esconder bajo la falda corta. Pero no dijo nada. No hubo ningún cambio en su respiración ni una mirada severa hacia mí.
Está actuando de forma tranquila y profesional, mientras yo me estoy derritiendo por el hombre que es el hermano de mi padre y mi tutor por los próximos tres años.
Quiero controlarme, fingir que la forma en que sus dedos pasan por mi piel no me afecta, pero es imposible controlar los pequeños temblores que sacuden mis piernas cuando sus dedos largos presionan mis muslos, manteniéndolos apartados.
—Tus piernas están tan tensas, Clarisse. —Dante ahora sujeta mis muslos y los acaricia; sus dedos están tan cerca de mi intimidad que jadeo—. ¿Sientes algún dolor, cielo?
—Tito... —imploro cuando sus manos apresan mis caderas y la punta de sus dedos llega a mi ingle.
—Sí, cielo, dime qué es lo que sientes.
Las palabras mueren en mi boca. No consigo explicar este torbellino que calienta mi piel y me hace desear que toque mi intimidad.
Él empuja la falda hacia arriba y ahora estoy segura: Dante puede ver la vergüenza que moja mi braguita, denunciando que no soy una buena niña.
—Cielo, ¿es esto lo que te incomoda? —Desliza un dedo por la tela empapada y frota mis pliegues.
Un gemido ahogado sale sin control y, sin darme cuenta, estoy empujando mi cadera hacia delante, embriagada por la sensación que el simple roce provoca en mí.
—Voy a cuidar de esto, cielo —dice con su voz controlada.
Los toques que tanto ansío se detienen abruptamente. Fijo mis ojos en él, en su espalda ancha y en su trasero firme bien dibujado por el pantalón de vestir oscuro.
La carencia de su tacto me duele en el alma y me escuece en la intimidad. Quiero implorar que vuelva, que continúe con las caricias en mi cuerpo y que termine pronto con este calor que me consume.
Se dirige hacia la puerta gruesa y el clic de la llave girando resuena en el ambiente de piedra.
Mi corazón se salta un latido, aprieto con fuerza la tela de la falda y trago saliva cuando mi tío se gira hacia mí.
—Solo me aseguro de que no seamos interrumpidos en tu examen, Clarisse.
Vuelve hacia mí. La camisa formal está tan apretada en su cuerpo que parece lista para estallar en sus brazos fuertes; sus ojos densos están entre mis piernas, que mantuve tal como él las dejó en la camilla.
Una protuberancia enorme marca la parte delantera del pantalón y me aterrorizo ante ello.
Dante se detiene junto a mis pies, tan distante que siento mi cuerpo vibrar de desespero. Necesito sus toques, quiero que termine con este calor que se extiende por mi cuerpo y que silencie mi mente.
—Tito... —rezongo.
—Voy a cuidar de ti, niña mía.