Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 103
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Capítulo 103

brILLANTE

T reinta minutos después, llegó la hora de irse a casa.

Al menos para Jake. Dremel le había permitido marcharse con su mujer y sus hijas mientras el resto de los inspectores continuaban trabajando en la Operación Jackknife.

Después de lo que había sido un día sorprendentemente productivo y feliz, dadas las circunstancias, Elliot Bridger le había dado un bajonazo considerable.

Pero Jake estaba decidido a asegurarse de que el resto del día transcurriera sin sobresaltos, así que expulsó de su mente cualquier pensamiento sobre Bridger.

Fuera, el cielo estaba cubierto por un manto negro, y las estrellas empezaban a atravesar el tejido como faros que irrumpen en la niebla.

La astronomía nunca le había interesado a Jake, pero de vez en cuando disfrutaba mirando hacia arriba, contemplando la vida más allá de la Tierra, más allá del universo, más allá de todo: qué habría ahí fuera; cómo sería pasar tiempo en el espacio.

A veces la idea lo asustaba; otras, le ayudaba a poner las cosas en perspectiva.

Que, por muy mal que le fuesen las cosas —con Elizabeth, las niñas, el trabajo—, no era tan malo como salir disparado por el espacio.

Sentía que su mundo entero empezaba a encarrilarse de nuevo.

Y no podía esperar a ver qué le deparaba el futuro.

Se acercaba un breve descanso. Dos días de vacaciones lejos de todo.

Solo él, Elizabeth y las niñas, desconectados del resto de la sociedad en mitad de los Cotswolds.

Patrocinado por Martha y Alan, por supuesto.

Solo que esta vez Jake había sido el primero en aceptar el dinero para pagarlo.

Incluso había dejado a un lado sus diferencias y les había preguntado si querían unirse a ellos, pero Martha no había podido pedirse los días en el trabajo.

En eso habían tenido suerte, pensó Jake.

Esperaba que, en el campo, pudiera pasar más tiempo contemplando el cielo, imaginando escenarios en su cabeza, fabricando vidas e historias.

Quizá incluso podría contarles algunas a las niñas.

Algo que le hacía ilusión.

Y mientras cruzaba el aparcamiento a paso ligero, se dio cuenta de que había algo más que le apetecía. Cena para llevar. Comida china, su favorita. Esta vez la recogería Elizabeth, vistos sus antecedentes.

Una sonrisa asomó a su rostro mientras abría la puerta del coche y se sentaba al volante. Pero en cuanto se acomodó, notó que algo no iba bien. Había algo raro. Era algo mínimo, minúsculo, pero algo parecía estar fuera de lugar.

Olfateó el aire y se relajó al comprobar que no había ningún olor abrumador a perfume o a sudor. Luego echó un vistazo a la parte delantera y a la trasera. Todo estaba como debía.

Por un segundo se preguntó si se lo habría imaginado. Pero ese pensamiento desapareció en cuanto su mirada se posó en la guantera. Con el cuerpo en tensión y la mente conjurando imágenes de lo que podría encontrar —una mano cortada, una bomba, una pistola—, estiró el brazo y la abrió.

La realidad era mucho, mucho peor.

Envuelto apretadamente en film transparente había un fajo de billetes y otro paquete de polvo blanco. Drogas.

Sobre el dinero había una nota. Jake se inclinó y la leyó.

LE AGRADECEMOS SU SILENCIO.

Por alguna razón, las estrellas en el cielo nocturno ya no parecían tan brillantes.