Capítulo 100
NOMbrES
Despachó las formalidades lo más rápido posible. Ya estaban bien entradas las primeras horas de la madrugada, él todavía no había dormido y no parecía que fueran a terminar pronto; tendrían suerte si conseguían presentar el caso ante el Servicio de Fiscalía de la Corona antes de que acabara el día.
—Dime, Georgiy —empezó Jake—, ¿qué sabes de Danny y Michael Cipriano?
—Sin comentarios.
—¿Y cuál es tu relación con Pete Garrison?
—Sin comentarios.
—¿Drew Richmond?
—Sin comentarios.
—Liam Greene.
—Sin comentarios.
—¿Acaso conoces a alguien?
—Sin comentarios.
—¿Te contrataron para matar a alguno de estos individuos?
—Sin comentarios.
—Ya veo.
Jake se volvió hacia Charlotte. Esto iba a ser más difícil de lo que había pensado en un principio.
Resultaba evidente que la táctica de silencio de Haversham estaba dando resultado.
Tanto él como Charlotte le habían permitido un tiempo para hablar con Georgiy antes del interrogatorio; se veían obligados a hacerlo todo estrictamente según la ley cuando se trataba de Rupert.
La reputación del hombre lo precedía; era capaz de encontrar el más mínimo resquicio en la verdad, el agujero más insignificante en el procedimiento que pudiera haber pasado desapercibido.
—Georgiy... —comenzó Charlotte—. Tenemos pruebas de llamadas telefónicas realizadas desde y hacia tu móvil por un número no registrado que utilizaba el inspector jefe Liam Greene.
También tenemos las grabaciones de esas llamadas.
Además, hemos rastreado el número de móvil sin registrar que has estado usando, y te sitúa en el lugar exacto de las muertes de Danny Cipriano y Richard Maddison. ¿Qué tienes que decir al respecto?
—Sin comentarios.
—¿Vas a responder hoy a alguna de nuestras preguntas? —preguntó Jake.
—Las está respondiendo —terció Rupert—. Solo que no os está dando las respuestas que queréis oír.
Jake le dedicó una sonrisa forzada a Haversham. —Bien. De acuerdo. Creo que eso es todo por ahora.
Jake alargó la mano sobre la mesa para dar por terminado el interrogatorio, pero entonces dejó el dedo suspendido sobre el botón. Se le había ocurrido una idea. —Me... Me preguntaba si podrías responderme a esto. ¿Te suena de algo el nombre de «La Cábala»?
Georgiy reaccionó de la manera que Jake esperaba: obstinado, desafiante, del mismo modo en que había reaccionado ante todos los demás nombres.
Pero lo que Jake buscaba en realidad era la expresión de Rupert.
El hombre podía ser un abogado penalista de gran éxito con la habilidad de abrirse paso en el tribunal a base de mentiras, pero no era un buen jugador de póquer.
Y eso le dijo a Jake todo lo que necesitaba saber.
Jake terminó el interrogatorio y se levantó para irse.
—Gracias a los dos por su tiempo. —Asintió a Haversham y luego centró su atención en Georgiy—. Estoy seguro de que volveremos a vernos muy pronto.
Salieron de la sala de interrogatorios en silencio. En cuanto la puerta se cerró tras él, Jake apretó el puño y lo golpeó contra la pared en un arrebato de ira.
—¿Qué haces? —preguntó Charlotte.
—Es una pérdida de tiempo. No creo que vaya a decirnos nada.
—Al menos está al otro lado de ese muro en lugar de estar ahí fuera, donde pueda hacer daño a alguien más.
Jake se encogió de hombros. —Dale el giro positivo que quieras. Seguimos sin estar más cerca de descubrir quién es La Cábala.
—Llegaremos a ello. Créeme, llegaremos.
—¿Cómo?
Charlotte miró a ambos lados del pasillo, abrió la puerta más cercana y lo empujó dentro. Estaban en los aseos de hombres y, antes de hablar, Charlotte revisó todos los cubículos. Una vez que consideró que estaban solos, habló.
—He estado pensando últimamente.
—¿Ah, sí?
—En mi carrera. Quizá sea hora de cambiar.
¿Qué te parece si me uno al MIT? Vas a necesitar una reconstrucción bastante grande.
He hecho cosas importantes con el DPS, no me malinterpretes.
Y me encanta la gente con la que trabajo.
Pero ya no puedo seguir haciendo lo que hago allí.
Es demasiado agotador. Es demasiado horrible.
Me gusta pensar que todavía quedan algunos de los buenos por ahí fuera.
—¿No da más satisfacción atrapar a los malos?
—¿Tú crees? Quiero decir, aquí estamos, acabamos de arrestar a alguien contratado para matar por dinero y a otro por ser un corrupto... y tú estás preocupado por el panorama general. ¿De verdad resulta tan satisfactorio? Siempre habrá un pez más gordo.
—Castillos de naipes —susurró Jake—. Han caído algunas cartas, pero la estructura sigue en pie. Voy a reducirla a cenizas. Hasta que no quede nada.
La puerta se abrió y entró un agente uniformado. El hombre se quedó petrificado, atónito ante la presencia femenina en el baño de hombres. Antes de que la puerta se cerrara, Jake le dijo que saliera. El hombre lo hizo, a toda prisa.
—¿Un café? —preguntó Charlotte—. Invito yo.
—Mataría por uno —respondió Jake—. Supongo que quizá podría acostumbrarme a tenerte por la oficina más a menudo.
—Si ese va a ser el caso, entonces hay algo más que probablemente deberías saber.
—¿Qué es?
—Mi nombre real. No es Charlotte. Es Stephanie.