Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 93
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Capítulo 93

LA CONFESIÓN

A Jake se le cerró la garganta; estaba petrificado. Miraba directamente al hombre que había dejado a un compañero en coma y le había pegado un tiro en la cabeza a otro a sangre fría.

Aquí se acaba todo . Así es como voy a morir.

Jake habló, esperando no sonar tan nervioso como se sentía. —¿Qué… qué haces aquí, Liam?

—He venido a devolver esto. —Liam agitó la Glock 17 en el aire.

—¿Es la que has usado para matar a Drew?

—La usó él mismo contra sí mismo.

—No me mientas. Dime la verdad de una vez. ¿Es esa la que has usado para matar a Drew?

—Sí —dijo Liam con aire desafiante, como si no le importaran las consecuencias de sus actos—. Drew se estaba convirtiendo en un problema para todos nosotros.

—¿En un problema para quién?

—Para mí. Para Georgiy. Para nuestro empleador común…

—¿De qué estás hablando, Liam? ¿Quién es Georgiy? ¿Quién es vuestro empleador común?

Liam ignoró la pregunta. —Drew era un lastre, y estaba harto de limpiar sus desastres. Ahora lo único que tengo que limpiar es su desastre real . —Liam señaló el charco de sangre densa que se había formado junto al rodapié.

—No puedo dejar que hagas eso. No puedo dejar que hagas nada más. Has hecho daño a demasiada gente. —Jake metió la mano en el bolsillo, sacó el móvil y empezó a llamar a Charlotte.

Liam agitó la pistola. —Por favor, no hagas eso. He dicho que tenemos que hablar. —Suspiró—. Tengo una confesión que hacer, Jake.

Jake mantuvo el teléfono pegado a la oreja. Al otro lado, Charlotte respondió. Confundida por el silencio, pronunció su nombre.

—Hablemos entonces —dijo Jake, usando el pulgar para bajar el volumen de la voz de Charlotte.

Liam extendió la otra mano. —Dame el móvil.

—No voy a hacer eso, Liam.

—¿Cuánto más va a hacer falta para que hagas lo que te digo, Jake? Dame el móvil.

En el oído, Jake oyó que Charlotte le indicaba que entendía que estaba bajo coacción, que iba a ayudarle. Con todos los caballos y todos los hombres de la Reina.

Eso era todo lo que necesitaba oír.

—Vale, vale —dijo Jake, alejándose el dispositivo de la cara—. Está bien. Quédatelo. Es todo tuyo.

Jake colgó la llamada y se lo lanzó a Liam. El teléfono quedó suspendido en el aire durante lo que pareció un momento anormalmente largo, pero finalmente Liam lo cogió, lo tiró al suelo y lo pisoteó. El cristal se hizo añicos y se esparció por el suelo de baldosas.

—Podrás comprarte uno nuevo sin duda… con la entrega especial que te he dejado en el cajón.

—¿Has sido tú?

—Nada como un poco de chantaje. Sabes, de verdad quería creer que estabas de nuestra parte.

Cuando Drew me lo dijo, me alegré mucho.

Me puse eufórico, incluso. Pero luego me di cuenta de que eso nunca iba a pasar.

Nunca te ibas a volver corrupto. Así que tuve que hacer que lo pareciera.

Solo hará falta un soplo al DPS para que te detengan por corrupción, blanqueo de dinero, receptación de bienes robados, conducta indebida en cargo público y cualquier otra cosa que puedan echarte encima.

—Nunca habrías podido hacer que esas acusaciones se sostuvieran —protestó Jake.

—Por supuesto que sí. Si a eso le sumas el hecho de que estás endeudado, que tienes dificultades financieras y que tus datos han aparecido en la Dark Web…

podría haber hecho que cualquier cosa se sostuviera.

Por si eso no fuera la guinda del pastel, está esto.

—Liam metió la mano en el bolsillo y sacó su móvil.

Desbloqueó el dispositivo, cargó una imagen y se la mostró a Jake.

Jake dio un paso adelante para verla mejor. Se quedó helado en cuanto se dio cuenta de lo que estaba mirando. Era una imagen de su familia: Elizabeth y las niñas en el parque, sentadas en un banco. Relajadas. Divirtiéndose.

Liam pasó a la siguiente imagen. Esta vez era de un hombre y Elizabeth inmortalizados juntos, intercambiando algo.

—¿Qué es esto? —preguntó Jake.

—Nada alarmante —empezó Liam—. Los estaba observando ayer y a Elizabeth se le cayó algo.

Este hombre la ayudó a recogerlo. Totalmente inocuo.

Pero para alguien que no conoce el contexto…

esto parece un intercambio de drogas de algún tipo.

O quizá es una trabajadora sexual cobrando a su próximo cliente.

Imagínatelo: un oficial de policía profundamente endeudado que usa los beneficios del crimen organizado no para pagar la deuda, sino para alimentar la adicción a las drogas de su mujer.

Auch. No queda muy bien por escrito, ¿verdad?

Y estoy seguro de que mis amigos de los medios de comunicación podrían hacer que pareciera incluso peor de lo que es.

Hoy en día la gente se cree cualquier cosa que lee.

El pecho de Jake subía y bajaba pesadamente, su cuerpo rebosaba de rabia. Liam era un individuo mucho más maligno, manipulador y calculador de lo que Jake había imaginado jamás, y de lo que jamás le había reconocido.

—También he ido a verla esta mañana, a tu preciosa mujer. Realmente es hermosa. Sigo sin entender cómo te las has apañado para conseguir algo así —dijo Liam—. Nadie lo entiende.

—¿Qué has hecho? —preguntó Jake entre dientes.

—Solo le he enseñado un par de fotos. Le he hablado del dinero de tu cajón. Se preguntaba dónde te habías metido la otra noche… cuando llegaste tan tarde después de estar tomando copas con Charlotte…

Al oír el nombre de Charlotte, Jake entreabrió los labios.

—Sí, lo sé todo sobre eso —continuó Liam—.

Yo estaba allí. Iba a tomarme un par de copas, a darme un capricho.

Pero cuando os vi a los dos, me di cuenta de que me habíais dado un capricho aún mayor.

Aunque no creo que a Elizabeth le hiciera mucha gracia ver las fotos que logré sacaros a los dos.

Charlotte es muy cariñosa , ¿verdad? De mucho contacto físico.

¿Por qué has tenido que involucrarla, Jake?

Nunca pensé que fueras de los que se rinden y delatan a sus compañeros.

¿Para quién trabaja? ¿Para el DPS? ¿Para el IPCC?

Nosotros te cuidamos. Te acogimos. No sabes cuántas veces te salvamos.

Alguien te quería muerto. Alguien todavía te quiere muerto. Estás vivo gracias a mí .

Liam vaciló un momento para recuperar el aliento.

—No me quedé lo suficiente para saber qué pensaba Elizabeth de todo esto.

Pero todavía tiene las fotos como prueba, así que supongo que se pasará el día mirándolas, tramando algún tipo de venganza, pensando qué va a hacer con los niños y sus cosas.

¿Quién sabe? Puede que esté haciendo las maletas mientras hablamos.

Pero eso son conjeturas. Al fin y al cabo, es tu mujer. Tú la conoces mejor que nadie.

La mente de Jake se aceleró con una miríada de pensamientos. No sabía por dónde empezar. Debería haber estado pensando en su mujer y en el daño que Liam había causado a su relación. Pero no lo hacía; no podía. No cuando había preguntas más importantes que necesitaban respuesta.

—¿Quién me quiere muerto?

—La Cábala —respondió Liam—. Ya habrás oído ese nombre a estas alturas. De hecho, sé que lo has oído.

Jake miró a Liam, atónito. —Pensaba que tú eras la Cábala.

Liam soltó una risita. —¿Qué te ha dado esa impresión?

—Michael Cipriano. Dijo que la única persona que había conocido, el único que trataba con él y con los Crimsons, solía llamarlo «buena pieza». Pensé…

—Me temo que no, chaval. Yo solo ayudé a formar a los Crimsons.

Fui quien los descubrió… en nombre de la Cábala.

Hice de ellos lo que fueron, los ayudé a evadir la justicia durante tanto tiempo.

Pero en cuanto a la Cábala… es más grande de lo que puedes imaginar.

Y, por cierto, todavía quieren tu cabeza.

—¿Por qué?

—Porque queremos que te apartes de una puta vez y nos dejes seguir con lo nuestro. Están pasando muchas cosas entre bastidores que no conoces. Hay muchas facetas en esta organización. Todavía nos queda mucho dinero por ganar en este negocio y la Cábala no quiere que tú lo arruines.

—¿Cómo me has salvado entonces?

—¿No me estás escuchando? La Cábala te quería muerto. Yo dije que no.

—¿También quería muertos a Garrison y a Drew?

—Lo de Garrison y Drew fue distinto —respondió Liam—. Se habían pasado años jodiéndolo todo. La cosa solo llegó a un punto crítico después de que muriera Danny.

—¿Cómo?

—A Garrison se le estaban subiendo los humos. Iba a mis espaldas. Le contaba a la Cábala cada cagada que yo cometía. Creo que quería ganarse unos puntos extra antes de jubilarse.

—¿Así que intentaste matarlo?

Liam levantó las manos en señal de falsa rendición. —Yo no tuve nada que ver con eso. No toqué nada. Solo lo orquesté. Drew y Georgiy simplemente siguieron mis órdenes.

—¿Quién es Georgiy?

Sin respuesta.

—¿Es Georgiy «el Granjero», Liam?

Seguía sin haber respuesta. Jake probó con otro ángulo. —¿Cómo ocurrió? —preguntó—. ¿Qué le pasó a Garrison?

—Solo hay dos personas que pueden contártelo. Una de ellas está muerta al otro lado de esta pared.

—Y la otra es Georgiy…

—Si puedes encontrarlo. Tiene la costumbre de no querer que lo encuentren.

—No puede huir para siempre.

—La Cábala lleva haciéndolo desde que empezó todo esto. Nadie sabe quiénes son ni dónde coño están. Ni siquiera yo. ¿Y crees que Georgiy no puede hacer lo mismo?

—Puedes decirme dónde está —negoció Jake.

—Mi cabeza será la siguiente en una estaca si hago eso.

—¿Quién más trabaja para él? ¿Dónde están?

Liam se quitó el sudor de la frente con el dorso de la manga. En ese milisegundo, mientras Liam perdía la concentración, Jake sopesó lanzarse sobre el hombre y detenerlo, pero para cuando se decidió, el foco de Liam estaba de nuevo en él.

Jake hizo avanzar la conversación. Quería averiguar todo lo que pudiera antes de que llegara Charlotte. No se sabía cuánto compartiría Liam en un entorno policial.

—¿Y qué hay de Drew? —preguntó—. ¿Por qué merecía morir?