Capítulo 70
ESCÁNERES
E l cálido aroma del café dio la bienvenida a Liam como un viejo amigo y le recordó lo que se sentía al beber de la taza reutilizable que tenía en ese momento en su despacho.
Se sentía bien, era la respuesta, antes de que el alcohol empezara a anular el sabor.
Se encontraba en una cafetería de la zona, a cinco minutos del lugar del accidente; estaba sediento y necesitaba beber algo.
Le daba un poco de vueltas la cabeza por lo de la noche anterior, pero más que nada tenía hambre; no había comido nada en más de catorce horas y empezaba a temblar.
La dueña estaba ocupada trabajando tras el mostrador, atendiendo a otro cliente y, al parecer, gestionando los pedidos de todos los demás en el local. Liam esperó en la cola mientras echaba un vistazo al menú.
Tras un minuto de espera, la mujer que tenía delante recibió su bebida y se marchó.
—Siguiente, por favor.
—Buenos días —dijo Liam alegremente—. ¿Me pone un café expreso doble y un cruasán, por favor?
La dueña sonrió y preguntó:
—¿Uno de esos días?
—Ahora que lo dices, que sea triple.
—Marchando.
Mientras la veía preparar el café, Liam no pudo evitar quedarse mirándola.
Le resultaba extrañamente familiar, como si la conociera de otra vida.
En cierto modo, le recordaba a Charlotte: el pelo rubio y las gafas gigantescas que se tragaban su cara y disimulaban el tamaño de su frente.
De pronto se dio cuenta de que, cuanto más la miraba, más raro parecía.
—Aquí tiene —dijo ella finalmente, dejando la taza de IKEA sobre el mostrador—. En un momento le llevo el cruasán a la mesa.
Liam pagó y buscó un asiento junto a la ventana.
Se quedó allí sentado un rato, pensando en el sindiós con el que tenía que lidiar.
Danny. Michael. Richard. Nigel. Jermaine.
Garrison. El accidente. El hospital. La lista iba en aumento.
El accidente no había salido según lo previsto.
Garrison no estaba muerto. Cierto, existía la posibilidad de que su amigo no despertara.
Pero el riesgo de que lo hiciera era demasiado grande.
¿Y qué pasaría entonces? ¿Lo recordaría todo o habría sufrido un daño cerebral irreversible y pérdida de memoria?
Liam esperaba lo segundo. Garrison se había convertido rápidamente en un problema al que había que silenciar, pero en estos momentos era intocable: iba en la parte trasera de una ambulancia camino al hospital sin forma de saber cuándo podría volver a verlo nadie.
No había nada que Liam pudiera hacer salvo esperar a que Garrison despertara.
Entonces podría silenciarlo de nuevo. La dinámica de su relación había cambiado y cruzado el punto de no retorno.
Con suerte, Garrison se llevaría sus secretos a la tumba.
Aunque, pensándolo bien, había un secreto al que Liam deseaba acceder por encima de todos: la identidad de La Cábala.
Tenía claro que Garrison y La Cábala eran cercanos, lo habían sido en los últimos meses, así que era posible que conociera la verdadera identidad de esa persona.
Su teléfono sonó, sacándolo de su ensimismamiento. Suspiró profundamente antes de responder.
—Justo estaba pensando en ti.
—No me hagas la pelota —dijo la voz.
—Ya está todo hecho. Está solucionado. Richard. Danny. Michael. Incluso atraparemos pronto a Jermaine. Eso debería ayudar con todo lo que tienes entre manos con Henry. Ahora quiero mi parte. Cien mil, tal como acordamos.
—Aún no has terminado.
—Sí, he terminado. Me he encargado tanto de Danny como de Michael. Y hasta he metido a Garrison en el lote.
—¿A qué te refieres con... Garrison? —preguntó La Cábala—. ¿Qué le has hecho a Garrison?
—También me he encargado de él. Se estaba convirtiendo en una amenaza excesiva. Estaba a punto de jubilarse; quién sabe qué se le escaparía de la boca una vez que estuviera fuera de todo esto.
Hubo una larga pausa.
—Idiota. Nunca habría estado fuera. Habría vuelto arrastrándose.
Claro, eso es lo que tú dirías.
—Tú nunca tuviste que trabajar con él. Se estaba volviendo complaciente. Se había rendido. No podía permitirme que cometiera errores. No olvides que yo soy el líder de este equipo.
La mujer llegó y dejó un plato sobre la mesa. Su llegada sobresaltó a Liam y, al retirar el teléfono de la cara, colgó sin querer.
—Aquí tiene —dijo ella, sonriéndole. Sabía que probablemente sería su sonrisa de atención al cliente, pero aquello lo excitó.
—Gracias —respondió él, devolviéndole la sonrisa. Dios, necesitaba sexo. Un desahogo. Algo.
En cuanto Liam volvió a coger el teléfono, empezó a sonar.
—¿Dígame? —respondió, pensando que era La Cábala.
—¿Hablo con el inspector jefe Liam Greene?
—Al habla.
—Hola, soy Patricia, le llamo del Hospital Comunitario de Thurrock, en nombre de nuestro paciente, Pete Garrison. Tengo entendido que usted pidió a nuestros paramédicos que le mantuviéramos informado de todo lo relacionado con el señor Garrison...
—Sí —dijo él, con la voz cargada de una mezcla de inquietud y expectación.
—Solo le llamo para comunicarle que lo están operando en este momento. Sus piernas y tobillos resultaron gravemente heridos en la colisión.
—¿Volverá a caminar?
—Es difícil de decir. No conoceremos el alcance total de sus lesiones hasta que hayamos terminado la cirugía.
—¿Va a despertar?
Hubo una pausa.
—Lo siento, señor, pero los primeros escáneres cerebrales del señor Garrison indican que podría estar en coma.