Capítulo 62
PERSISTENCIA
J ake había sugerido The Head of the House; era un sitio familiar, acogedor y perfecto para guardar las apariencias.
Charlotte había decidido marcharse antes que él, y él tenía instrucciones estrictas de esperar cinco minutos antes de hacer lo mismo, por si acaso los seguían.
Ella estaba siendo cautelosa y Jake decidió seguir su ejemplo.
Llegó al pub diez minutos después de haberse puesto en marcha.
—Hola —dijo al reunirse con ella junto a la entrada.
—¿Te han seguido?
—Que yo sepa, no.
—¿Estás seguro?
—No. No soy un espía.
—Pero tienes sentido común. ¿Sabes distinguir cuándo algo no parece normal o cuándo alguien podría estar siguiéndote?
—No soy tonto.
—Bien.
Jake le abrió la puerta y le cedió el paso. Ella le dio las gracias y caminaron hasta la barra.
—¿Qué tal, cielo? —dijo Maggie, la camarera y dueña. Tenía un chicle en la boca y mascaba de forma horrible, haciendo ruidos vulgares y repugnantes mientras lo hacía, y enseñando los dientes con cada bocado.
—Buenas noches, Mags —dijo Jake.
—¿Quieres lo de siempre?
—Vaya, ¿conque lo de siempre ? —repitió Charlotte, enarcando una ceja y lanzándole una mirada de reprobación.
Jake la ignoró. —Sí, por favor —asintió, y luego se volvió hacia Charlotte—. ¿Tú qué quieres? Invito yo.
—Un vodka con cola —respondió Charlotte sin dudarlo. Jake apenas podía culparla. Una copa cargada era exactamente lo que ambos necesitaban. Habían estado trabajando sin descanso y se merecían una pequeña recompensa.
Maggie desapareció tras la esquina, regresó con dos vasos y empezó a servir las bebidas.
Primero dejó la cerveza de Jake en el mostrador; las burbujas subían disparadas hacia arriba mientras un chorretón resbalaba por el lateral del vaso.
Unos segundos después, le entregó su bebida a Charlotte. —No te había visto la cara por aquí.
—Acaba de unirse al equipo —respondió Jake.
—Bueno, solo estaré por aquí un tiempo —corrigió Charlotte, cogiendo el vaso de la barra.
—Esta es nuestra iniciación —dijo Jake.
—¿Se van a unir los demás?
—Lamentablemente, todos tenían compromisos previos.
—Bueno, espero que tengas la piel curtida, guapa —le dijo Maggie a Charlotte—. Algunos de estos chicos a veces no se dan cuenta de que están en compañía de mujeres. Pero con este vas bien; es de los buenos. Aunque es una pena que le guste beber meados.
Charlotte soltó una risita nerviosa. Jake aprovechó el momento para cambiar de tema.
—¿Cuánto te debo, Mags?
Maggie levantó una mano al aire. —Esta ronda corre de mi cuenta. Considéralo una bienvenida al equipo.
Encantado, Jake le dio las gracias y guio a Charlotte hacia un asiento a la vuelta de la barra, en el sitio habitual del equipo.
La zona de asientos estaba desierta, a excepción de dos hombres con monos manchados de pintura que estaban sentados en silencio tomando una pinta cada uno.
Jake se acomodó en el cojín de imitación de cuero.
—Estoy impresionada —dijo Charlotte al sentarse con él—. Os llamáis por el nombre. Bebidas gratis. Creo que le gustas. ¿Encantas así a todas las mujeres?
—Solo si me ofrecen algo gratis a cambio —dijo Jake, e instantáneamente deseó no haberlo hecho.
Sin embargo, a Charlotte no pareció importarle; se rió.
—Es bueno salir de allí, del trabajo —dijo ella—. Se vuelve claustrofóbico. Aunque no estemos allí todo el tiempo, parece que sí lo estamos... ¿entiendes lo que quiero decir?
—Más o menos... —dijo Jake, dando un sorbo a su bebida.
—Aquí fuera siento que puedo ser yo misma, hasta cierto punto. Pero nunca sabes cuándo vas a tener que volver al modo infiltrada.
—Debe de ser difícil.
—Lo es.
—¿Qué porcentaje de la verdadera Charlotte llegamos a ver?
Charlotte dio un trago largo. —Cerca de un diez por ciento. No puedo permitirme ponerme demasiado cómoda. De lo contrario, la gente empieza a notar cosas.
—Parecías cómoda hace un rato...
—¿Perdona?
—Con Liam. Dándole esa información. Además, lo estabas disfrutando —Jake se aclaró la garganta para empezar su imitación de Liam—. «¡Oh, Charlotte, estoy tan impresionado! Todos los demás deberían seguir tu estándar excepcionalmente alto. ¡Pronto ocuparás mi puesto!».
Charlotte no le vio la gracia. —¿Te das cuenta de que estaba haciendo mi trabajo, verdad? Se llama ganárselo. Al principio del día, antes de recibir tu llamada de emergencia, intenté sacarle información. No funcionó, así que ahora estoy...
—¿Matándolo a base de amabilidad?
—Algo así. Le estoy diciendo lo que quiere oír. A los hombres les encanta eso.
Jake dio otro sorbo a su cerveza. —Estaría bien que se me mantuviera al tanto de las cosas.
—No puede ser, Jake. No puedo. No tanto como te gustaría. Sería demasiado obvio para ambos y entonces se descubriría mi tapadera. Tendrás que confiar en que sé hacer mi trabajo. Y yo confiaré en que tú hagas el tuyo.
Jake hizo una breve pausa antes de cambiar de conversación. —¿Cuánto tiempo llevas en esto de la infiltración?
—Lo suficiente para saber que quiero un cambio.
—¿Qué te gustaría hacer en su lugar? —preguntó Jake, esperando que ella desviara la conversación del trabajo. Al menos por el momento. Quería que Charlotte se sintiera cómoda con él, que estuviera a gusto, que sintiera que podía confiar en él. Quedaba mucha noche por delante para hablar de trabajo.
—Me gustan los caballos —dijo Charlotte.
—Los caballos...
—Ya sabes, ¿unicornios sin el cuerno?
—Estoy familiarizado con el animal.
—Crecí con ellos. Mi padre solía criarlos y los llevaba a carreras. Se le daba bastante bien, la verdad.
Jake asintió, absorbiendo todo lo que ella le contaba. —¿Tú corrías?
—Entrenaba, pero nunca fui lo bastante buena para ser jockey o competir.
—A mí no me gustan los caballos —dijo Jake—. Nunca he disfrutado estando cerca de ellos. No me fío.
—¿Por qué?
Jake se encogió de hombros. —Sin más. Son demasiado grandes.
Charlotte estalló en carcajadas, entornando los ojos. Golpeó la mesa con la palma de la mano y puso la otra sobre la de él con picardía. Jake no se sentía cómodo con su mano ahí arriba, pero no hizo nada al respecto, aunque ella la dejó apoyada demasiado tiempo.
—No puedes culparlos por tener el tamaño que tienen —respondió ella, con una voz que alcanzó un crescendo que molestó a otros clientes. Era una risa fea, pero a Jake no le importó; le resultó entrañable.
—Entonces, ¿cómo acaba una chica que domaba caballos siendo policía infiltrada?
La risa de Charlotte se apagó y dio otro sorbo a su bebida. —Pasan cosas en la vida. Los planes cambian. No siempre sale todo como uno quiere.
—¿Cuánto de lo que me estás contando es verdad?
—Jake, rico, mi trabajo consiste en mentir a la gente. Es una de las cosas que se me dan bien. Dejaré que tú decidas cuánto quieres creerte —Charlotte se terminó la bebida, dejó el vaso sobre la mesa con fuerza y preguntó: Y ahora... ¿te apetece otra?