Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 61
58%

Capítulo 61

ENVIAR

D os luces blancas y brillantes cortaron el terreno y brillaron en el espejo retrovisor de Drew, erizándole el vello de la nuca. Ya está aquí .

Drew inhaló hasta llenar sus pulmones. El agarre de goma del volante se sentía duro y le magullaba la piel. Mantuvo la vista fija en la silueta negra que se acercaba gradualmente. Poco después, pasó al ralentí y se detuvo delante de él.

Garrison apagó el motor y se bajó del coche. Drew lo observó con atención mientras bajaba la ventanilla del copiloto.

—¿Llevas mucho tiempo esperando? —preguntó Garrison, sonriendo de forma burlona.

—Vete a la mierda.

—¿Te extraña? No tengo más ganas de estar aquí que tú.

—Probablemente yo habría hecho lo mismo. Sobretodo en el turno de noche.

—Creo que Liam me la tiene jurada —dijo Garrison. Apoyó un codo en el marco de la ventanilla y el otro en el techo.

—¿Cómo está? —preguntó Drew, haciendo un esfuerzo por no sorberse los mocos ni frotarse la nariz. Tenía que fingir que estaba sobrio. Tenía que parecer sobrio. Cuando, en realidad, el tiro había sido más fuerte de lo que esperaba y ya sentía que empezaba a perder el control de sus sentidos.

—Borracho.

—¿Otra vez?

Garrison asintió. —Ha desaparecido durante una hora hace un rato. Ni idea de a dónde ha ido. Ahora no puede ni mantenerse derecho. Y el cabrón tampoco es capaz de articular una frase coherente.

—Vaya desastre —dijo Drew, negando con la cabeza, aunque no lo sentía de verdad.

—Creo que la presión le está pasando factura. Y de qué manera. Todo este rollo con Maddison y ahora Clayton… Es solo cuestión de tiempo que se rompa. O eso, o el Cónclave se deshará de él en cuanto se den cuenta de que Liam es un lastre.

Drew vaciló antes de responder. —Sí —dijo, sin comprometerse.

Cuanto más escuchaba el veneno que salía de la boca de Garrison, más se daba cuenta de que lo que estaba a punto de suceder era absolutamente necesario—.

—Liam será el primero en venirse abajo. Pero luego supongo que, tarde o temprano, todos le seguiremos. Y no será nada bonito cuando ocurra.

—¿Cuánto tiempo crees que te queda en este mundillo? —preguntó Garrison.

Drew hizo una pedorreta con los labios mientras sopesaba una respuesta calculada.

—Ni puta idea, tío, si te soy sincero. Todo depende de esa gilipollez de la violación.

Si Tanner hace lo que se le dice y se calla la boca, todo debería ir bien.

Pero si el asunto sigue volviendo… si ella va a la IPCC o algo así, estoy acabado.

Esto me está consumiendo, tío. Preocupado constantemente, asegurándome de haber borrado cada rastro, de no haberme expuesto ni yo, ni tú, ni nadie más.

Es agotador, joder. Llevo meses tan tenso que, si me metieras una almeja por el culo, saldría una perla a los pocos minutos.

No he sido capaz ni de hacerme una paja.

No he tocado a una tía en meses; estoy empezando a olvidar qué se siente.

Estoy casi seguro de que Suze me ha dejado.

No ha vuelto a casa en meses. Sabe Dios a dónde se habrá largado.

Garrison se rió como si realmente encontrara gracia y placer en el dolor de Drew.

—Yo he pasado por eso, tío —dijo—. Créeme. En cuanto todo esto acabe, vamos a tener que llevarte a un club de alterne, ¿eh? Hay que asegurarse de que te fundas la pasta en un tipo de raya diferente.

La cara de Drew cambió por completo. —¿Cómo has…?

—No soy gilipollas, tío. Yo estaba a tu lado cuando empezaste con esto. Conocía las señales entonces y las conozco ahora. ¿Necesitas ayuda con el tema?

Drew cerró la boca y negó con la cabeza. —Lo estoy dejando.

—Más te vale. De lo contrario, tendré que intervenir de nuevo. Igual que la última vez. Y si es algo parecido a aquello, sabes que no te va a gustar nada.

Aquello era cierto: no le gustaría. Diez años atrás, cuando Drew empezó a esnifar coca en el trabajo, Garrison se había involucrado.

Para ayudar a combatir el problema, Garrison obligó a Drew a quedarse en su habitación de invitados para poder vigilarlo de cerca.

Allí, Garrison lo encerró y consiguió que dejara las drogas por las malas, a pelo.

Fue una forma drástica y brutal de gestionarlo, pero había sido lo mejor.

Después de todo, Garrison había ayudado a que la acusación de violación desapareciera, así que Drew no podía estar enfadado. Para su sorpresa, había funcionado.

—Oye —dijo Drew mientras alejaba forzosamente su mente de todo el bien que su colega le había hecho. Señaló el coche de Garrison—. —¿Qué tal va?

—Pata negra. Motor de cinco litros. Quinientos caballos de potencia. Cinco mil libras menos del precio de venta. Esta joyita corre como un puto cohete.

—Echemos un vistazo —dijo Drew mientras salía del coche y se dirigía al Jag.

Garrison rodeó la parte trasera del coche y se sentó delante.

Cuando Drew estaba a punto de unirse a él, los nervios le hicieron temblar.

Era el momento de hacer exactamente lo que Liam le había dicho.

Distraerlo y mantenerlo allí el mayor tiempo posible hasta que llegara la ayuda, porque Liam estaba paranoico con que, en cuanto Drew se marchara, Garrison haría lo mismo.

Se subió al asiento del acompañante y dejó que el cuero absorbiera su cuerpo. Sin darse cuenta, dejó escapar un pequeño gemido.

—Mola, ¿eh? —preguntó Garrison.

Drew lo ignoró, buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó su paquete nuevo de cigarrillos. Justo cuando iba a sacar uno, Garrison le dio un manotazo al paquete, haciendo que el contenido se desparramara por el suelo del coche y sobre la grava exterior.

—¡Qué coño crees que haces! No puedes fumar aquí dentro. Ni de puta coña. ¡Solo lo tengo desde hace unas horas!

Drew levantó las manos al aire y luego se apresuró a recogerlos todos. —Lo siento, Pete. No… no quería…

—¡Recógelos! ¡Todos!

Garrison saltó del coche y corrió al lado de Drew, abriendo más la puerta; luego se agachó y empezó a rebuscar entre la grava y la suciedad los cigarrillos que quedaban. Una vez que Drew hubo encontrado todos los que pudo en el hueco de los pies, salió del coche.

—¿Están todos? —preguntó Garrison.

Justo cuando lo dijo, a Drew se le escaparon un par y se le cayeron al suelo. Garrison soltó un juramento mientras ayudaba a recogerlos.

—Cógelos y lárgate de una puta vez —siseó, y se los estampó contra el pecho a Drew.

—Pero, Pete… vamos, tío. ¡Solo era una broma!

Garrison no quería oír nada. Pasó de largo empujando a Drew, cerró la puerta de un portazo y volvió a toda prisa al lado del conductor.

—Vete a casa, tío. Date el gusto de hacerte una paja, y a lo mejor, mientras estás en ello, puedes meterte un par de esos por el culo también —Garrison señaló el revoltijo de cigarrillos que Drew tenía en la mano.

Drew no supo qué decir, así que regresó a su coche, arrancó el motor y se alejó hasta que la silueta de Garrison se hizo cada vez más pequeña. En cuanto estuvo fuera de vista, se detuvo a un lado y escribió un mensaje de texto.

Todo tuyo .

Pulsó enviar. Y esperó.

Unos minutos más tarde, una furgoneta negra pasó por su lado.