Capítulo 57
CHIVO EXPIATORIO
L iam sabía que nada se podía dar por sentado en este negocio.
Especialmente cuando había tanta gente —al parecer— que estaba en su contra.
Pero, para su sorpresa, Jake y Charlotte habían acatado sus órdenes sin rechistar.
Sin alborotos ni réplicas. Se habían portado como perritos falderos y habían abandonado el despacho para que Drew pudiera ponerse a trabajar en la actualización del perfil de Nigel Clayton.
Y aquello le hizo preguntarse si se equivocaba con ellos. Si se equivocaba con Jake.
No lo sabía.
Lo único que sabía era que el gran tirano de la depresión estaba llamando a la puerta, esperando vía libre para adentrarse más en los recovecos más oscuros de su mente.
Pero antes de dejarla entrar, se entregó a las sensaciones vertiginosas que había empezado a apreciar en los últimos años.
Las paredes que nadaban. Las letras que bailaban en la pantalla.
La verdadera calma antes de la tempestad.
Se sirvió otras dos medidas de Captain Morgan.
De algún modo, casi se había terminado la botella entera.
Era suficiente para tumbar incluso al más fuerte de los hombres, pero no a él.
Su hígado se había acostumbrado con el paso de los años y ahora trataba al alcohol como a un viejo amigo que venía a menudo de visita.
Liam no había querido empezar a beber. Simplemente...
sucedió. El detonante había sido el fallecimiento de su esposa.
Repentino e inesperado. Se la habían arrebatado del mismo modo que le estaban quitando esta investigación de debajo de los pies.
Había sido una época oscura, y entonces se apoyó en la botella igual que se apoyaba ahora.
Y en las drogas. Oh, las drogas. De alguna manera se las había apañado para seguir adelante con todo mientras ocultaba su secreto.
Y pronto se convirtió en el ejemplo del éxito, subido a un pedestal hecho de cien agujas y mil bolsas de estupefacientes de clase A, B y C.
Pero ahora estaba cerca de la cima y estaba haciendo cosas que nunca creyó que haría.
Estaban ocurriendo cosas que jamás estuvieron en su radar cuando empezó...
Su móvil personal vibró, devolviéndolo a la realidad de golpe. Cogió el dispositivo y entornó los ojos hacia la pantalla. Era un mensaje de Drew.
CM
Llámame. La instrucción era sencilla. Liam se tambaleó en su silla y estiró el brazo hacia la parte inferior del armario. Manipuló con torpeza el teléfono prepago mientras intentaba montarlo. Una vez puesta la batería, lo encendió, esperó, esperó, esperó, esperó, esperó, y entonces llamó a Drew.
—¿Qué pasa? —preguntó Drew casi de inmediato—. He estado intentando llamar.
—Apagado —respondió Liam—. Estaba apagado. ¿Está listo?
—Está hecho. Se ha cambiado todo. Nigel Clayton tiene ahora un historial con Jermaine Gordon, Richard Maddison y Danny Cipriano.
—Perfecto.
—¿Necesitas que haga algo más?
—Sí. Pero más tarde. —Tuvo otro hipo, y esta vez no hizo ningún esfuerzo por ocultar que arrastraba las palabras—. El Granjero te visitará. Tú solo... sigue sus instrucciones.
Justo cuando Drew iba a responder, el móvil personal de Liam empezó a sonar. Era Tanya. Joder, iba a necesitar otro trago. Le colgó a Drew sin decir nada y dejó el teléfono sobre la mesa, cambiándolo por el personal.
Luego echó mano a su copa y bebió unos cuantos sorbos antes de responder. Un poco más de valor líquido.
—Hola, tú —dijo ella en tono seductor.
Liam gruñó.
—¿Todo bien?
Liam gruñó de nuevo.
—¿Puedes hablar?
—Contigo no —dijo él, comprobando que las palabras le salían con más claridad y que las enunciaba correctamente.
—¿Y eso qué se supone que significa? —preguntó Tanya.
—Lo sé todo, ¿vale? Así que déjate de gilipolleces.
—¿Qué gilipolleces? Liam, ¿de qué estás hablando?
—No te hagas la tonta. Perra. Te vi subir al coche con Pete. Te vi ir al aparcamiento de varias plantas. Lo vi todo. —Hizo una pausa un momento, más para recobrar el aliento que por otra cosa—. ¿Así que ahí es donde vais vosotros dos, no? ¿Ahí es donde os gusta follar , eh?
Gotitas de saliva salieron despedidas de su boca mientras hablaba.
—Liam...
—¿Cuánto tiempo lleváis así?
—Estás borracho, Liam, ¿verdad? ¿Qué te he dicho sobre esto? Estás diciendo tonterías. ¿Por favor? No sé qué crees que viste, pero puedo explicarlo todo. De verdad, puedo. Nunca te mentiría. Nunca te haría algo así para herirte.
Hubo una larga pausa. Liam deliberó si decir algo o no. Decidió que no.
—¿Esta noche? ¿Puedo verte esta noche? —preguntó Tanya.
—No. Estoy ocupado .
—¿Mañana?
—Debería darte tiempo suficiente para echar un último polvo con Garrison.
—Que te jodan —siseó ella—. Sabes que nunca haría nada de esto intencionadamente para herirte. Por favor. Mañana. ¿En el sitio de siempre? ¿A la hora de siempre?
—Vale.
—Por favor, no bebas hasta matarte. No puedo dejar que le pase a otro hombre en mi vida.
—No es mi problema. No es culpa mía que digan que las mujeres buscan a hombres que les recuerden a su padre. Complejo de Electra .
Un largo suspiro resonó a través del auricular en su oído. ¿Se sentía culpable por su último comentario? Sí. ¿Iba a pedir disculpas? No. Ella no se merecía una disculpa. Todavía no.
—En el sitio de siempre, a la hora de siempre, mañana —dijo antes de colgar.
Su relación con Tanya había sido convulsa desde el principio.
Estaba mal visto y se consideraba un conflicto de intereses que un oficial superior de la policía de alto rango confraternizara y se involucrara con un miembro de la prensa, así que, al principio, su relación había sido clandestina; emocionante.
Solo sexo. Sin ataduras. Sin compromisos.
Sin lealtades. Nada. Era exactamente lo que había necesitado para ayudarle a superar la pérdida de su mujer.
Pero a medida que pasaban más tiempo juntos, y a medida que empezaron a hablar, a conocerse, aquello había cambiado sin que ninguno de los dos se lo propusiera.
Y las cosas que había echado de menos de su esposa habían vuelto a brotar a raudales.
El cariño. El amor. La adoración. El compañerismo.
Alguien con quien estar, con quien hablar; alguien a quien abrazar.
Y ahora ella estaba a punto de tirarlo todo por la borda por un gilipollas llamado Pete Garrison.
Una sonrisa asomó al rostro de Liam.
Estaba impaciente por que llegara esta noche.
Ese hombre por fin iba a tener lo que se merecía.