Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 45
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Capítulo 45

CONVERSACIONES

E l despacho de Liam estaba sumergido en la oscuridad.

Las persianas estaban bajadas y solo contaba con la luz de la pantalla de su ordenador portátil para iluminar la estancia.

Se hallaba en una misión —y lo había estado durante la última hora—: sumergirse de lleno en la vida de Charlotte Grayson.

Había algo que seguía sin cuadrarle. Por supuesto, el subcomisario Richard Candy le había dicho que la habían enviado desde Croydon para ayudar con la investigación solo para apaciguar a Oliver Penrose, ¿pero y si no era así?

¿Y si trabajaba para las altas esferas de la organización de El Cónclave y la habían enviado para informarles?

Peor aún, ¿y si trabajaba para el Departamento de Estándares Profesionales o para la Comisión Independiente de Quejas a la Policía?

No lo sabía, pero iba a tener que saciar su paranoia. No importaba el tiempo que le llevase.

Y de momento: nada.

Todo lo referente a ella parecía estar en regla.

Toda su documentación era legítima y se había tramitado por los cauces oficiales.

Su expediente era impecable. Era una buena detective y lo había sido durante toda su carrera.

Casi diez años en el cuerpo. Había visto y hecho de todo.

Había logrado el ascenso a inspectora hacía solo unos meses.

Trabajadora, ambiciosa. Todos los adjetivos habituales.

Había recibido grandes elogios del comisario e incluso constaba una solicitud de traslado a la Policía del Gran Manchester, como si fuera una jugadora de un equipo de la Premier League.

Todo era demasiado bueno para ser verdad.

Pero seguía habiendo algo que no encajaba, un detalle que le reconcomía en la nuca.

Todo lo que necesitaba era el acceso adecuado. Seguir el rastro documental, encontrar las firmas de quienes lo habían autorizado. Y lo iba a conseguir.

Liam cargó sus correos electrónicos. Había varios cientos de mensajes sin leer en su bandeja de entrada; algunos importantes, la mayoría requerían su atención y todos ellos le hacían perder el tiempo.

Escribió el nombre de Charlotte en la barra de búsqueda del filtro de su correo, pulsó la tecla de retorno y esperó.

El sistema operativo vaciló mientras procesaba los resultados.

En la parte superior aparecía el correo más reciente. Tenía la marca de tiempo de la madrugada de aquel mismo día, presumiblemente cuando se había tomado la decisión de notificarle su llegada.

Bingo.

El correo estaba lleno de las formalidades habituales. Espero que se encuentre bien, etc. Qué pérdida de tiempo. “Di lo que tengas que decir y acaba de una vez”, pensó.

Sus ojos recorrieron el texto, sin sacar nada en claro. Lo que realmente quería era el archivo adjunto, donde encontraría a los firmantes del nombramiento de Charlotte.

Allí estaba, al final de la cadena de correos.

Abrió el adjunto y leyó. Tras unos segundos absorbiendo la información, obtuvo el nombre, el rango y el departamento de la persona de la comisaría de Croydon que lo había autorizado todo.

—Comisaria jefa Phillipa Marston —dijo la mujer después de que él localizara sus datos de contacto y marcara. Hablaba con un marcado acento de Yorkshire.

—Soy el inspector jefe Liam Greene, de Bow Green. —Liam no tenía intención de andarse con formalidades ni cortesías. Di lo que tengas que decir y acaba de una vez—. Tenía una pregunta sobre la inspectora Charlotte Grayson, si no le importa... ¿Tiene unos minutos?

—Eh, sí... Claro. Un segundo. —Marston desapareció un momento y luego regresó—. ¿Hay algún problema, Liam?

—No, en absoluto. Solo quería aclarar un par de cosas.

—De acuerdo. Claro.

Liam cogió un bolígrafo y garabateó tonterías en un trozo de papel mientras mantenía los ojos clavados en la pantalla. —¿Fue usted quien autorizó el traslado?

—Sí.

—¿Había tratado antes con la inspectora Grayson?

—Oh, sí. Durante varios meses. Ha formado parte del equipo desde que llegó a mi departamento. Una inspectora fantástica.

—¿Y de dónde partió la solicitud? ¿Puede decírmelo?

Marston vaciló un momento. —Por lo que sé, vino de fuera del cuerpo. Creo que hubo una solicitud externa para que se enviara a alguien a su equipo para ayudar con una investigación en curso.

—¿Sabe quién hizo la solicitud?

—Yo... yo... lo siento, Liam. No sé si me corresponde a mí decirlo.

—No pasa nada. Estoy seguro de que lo comprenderá, teniendo en cuenta que usted también dirige su propio equipo: cuando alguien solicita traer a otra persona porque cree que no se está haciendo un trabajo lo bastante bueno, eso puede ser un golpe bajo. ¿No está de acuerdo?

No hubo vacilación en su respuesta. —Totalmente.

—Entonces, ¿le importaría compartir esa información conmigo? No hace falta que me dé nombres...

—Le seré sincera, Liam. No me acuerdo, y tampoco creo que me convenga recordarlo.

Hay... Todo fue un poco sospechoso, si me pregunta a mí.

Sé que el LOCOG estuvo implicado, pero creo que también pasaba algo más.

Me sentí muy presionada para enviarle a la inspectora Grayson en comisión de servicio durante el futuro previsible. Siento no poder darle más detalles.

—No —dijo Liam con una sonrisa en el rostro—. Ha sido de gran ayuda.

Liam colgó y dejó el teléfono sobre la mesa con delicadeza.

Cogió su bebida y dio dos tragos largos; el alcohol le escoció en la garganta.

Estaba decidido; sus preguntas tenían respuesta.

Todo el asunto apestaba a El Cónclave. El secretismo, la presión, el chivo expiatorio de Oliver Penrose y el LOCOG.

El Cónclave, a través de sus interminables tentáculos de persuasión, intentaba socavarlo a cada paso. Lo llevaba haciendo desde...

Llamaron a la puerta del despacho. Liam enroscó la tapa de su vaso frenéticamente y lo ocultó de la vista.

—Está abierto —gritó, agarrando un montón de formularios que le faltaban por firmar y fingiendo que lo hacía.

—Siento interrumpirlo, jefe —dijo Charlotte al entrar—, pero había algo que quería comentar con usted.

—¿Ah, sí?

—Es sobre Maddison, señor.

—¿Ah, sí?

En la mano llevaba una carpeta. Atravesó el despacho y se la entregó. Al cogerla, los escalofríos por la espalda de Liam empezaron a multiplicarse.

—Han llegado algunos análisis forenses del piso de Maddison. Hay una coincidencia entre el cemento utilizado para matar a Danny Cipriano y el cemento hallado en la ropa de Maddison. Pero hay algo más.

—¿Ah, sí?

—En la escena del crimen se encontraron huellas de calzado y dactilares distintas a las de Maddison.

Mierda .

—Las huellas dactilares se hallaron en las paredes y en el marco de la puerta. No hay forma de que Maddison pudiera haberse suicidado y luego haber llegado tan lejos.

Mierda, mierda, mierda .

—No creo que Maddison se suicidara, jefe. Creo que deberíamos convertir esto en una investigación por asesinato.

Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda.

Liam la miró fijamente, con la mente en blanco.

En unas breves frases, ella había logrado varias cosas.

Y todas le provocaban náuseas de miedo. Primero, le había demostrado que era legal, y la estimación que él había hecho hacía unos momentos sobre que era una corrupta era errónea.

Segundo, ella sola había reabierto el caso y los había devuelto al punto de partida.

Se suponía que iba a ser un caso fácil, de abrir y cerrar.

Y ahora parecía que iba a estar abierto mucho más tiempo.

Tercero, acababa de volver su futuro muy incierto.

—Excelente trabajo —mintió Liam—. Quizá haya sido un pequeño descuido de parte del equipo, pero supongo que para eso está usted aquí. —Le dedicó una sonrisa falsa—. Quiero que centre sus esfuerzos en esto, por favor. Haré que algunos de los otros la ayuden también.

Charlotte asintió, le dio las gracias y se marchó. Liam se quedó mirando la puerta mucho después de que se cerrara. Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda. Si quería mantener a Charlotte alejada de cualquier cosa que no debiera ver, necesitaba una solución rápido. Y era su trabajo dar con ella.

Liam agarró su bebida, se terminó el resto del whisky y estampó el vaso contra la mesa. Necesitaba otro. Pero todavía no.

Sacó su teléfono de prepago y llamó a Drew.

—Ah, jefe —respondió Drew—. Estaba a punto de llamarlo.

—Tenemos un problema. Charlotte ha convertido el suicidio de Maddison en una investigación por asesinato.

—Joder.

—Necesito que trabajes en ello y que busques conmigo una solución para despistarla.

—Lo haré en cuanto vuelva —dijo Drew.

Liam se levantó de la silla con dificultad, ignorando el dolor en las articulaciones de las rodillas, y se acercó a la ventana que daba a la calle.

—Y... ¿qué hay de... Garrison?

Hubo una pausa.

—No creo que le vaya a gustar.

—Dímelo.

—Lo seguí hasta la sede de la BBC. Recogió a Tanya y la llevó a un aparcamiento de varias plantas. No sé de qué estaban hablando, pero al final de la conversación, ella... ella...

—Suéltalo de una vez.

—Se la chupó.

El cuerpo de Liam se quedó gélido.

—¿Jefe...? ¿Jefe...? ¿Jefe?

—Vuelve a la comisaría. Trabaja en ese asunto por mí. Deja a Garrison y a Tanya de mi cuenta. Esto ha ido ya demasiado lejos.