Capítulo 35
SIN RESPUESTA
J ake hizo el trayecto desde el Farnham Golf Club hasta Mount Browne —la sede central de la policía de Surrey— en estado de shock, con la mente tratando de procesar la infinidad de pensamientos que le daban vueltas en el cerebro.
Una de sus mejores amigas en el cuerpo de policía le había traicionado y se había vuelto corrupta; una más para la lista, que crecía lentamente hasta descontrolarse.
Danika Oblak y él habían estado juntos desde el principio.
Desde que patrullaban como agentes de calle en Croydon, pasando por cuando empezaron su formación juntos, hasta cuando ayudaron a condenar a The Crimsons.
En aquel tiempo, Jake sentía que conocía a Danika mejor que la mayoría. Pero todo había sido una mentira.
Durante el trayecto, Jake sopesó sus motivos, las posibles razones por las que había hecho lo que había hecho, intentando justificarla cuando ni siquiera estaba seguro de que se lo mereciera. Pero no se le ocurría ninguna.
Necesitaba oírlo directamente de su boca antes de que pusiera pies en polvorosa.
Jake frenó frente a Mount Browne y corrió hacia el edificio.
Solo había pasado allí unas pocas semanas durante su etapa en la policía de Surrey y, aun así, conocía el entorno.
En cuanto comprendió que nadie en el MIT prestaría atención a sus acusaciones de que Elliot Bridger y el DS Murphy, otro detective que trabajaba en el caso de The Crimsons, eran corruptos, solicitó el traslado.
Pero lo curioso —si es que podía llamarse así— era que Danika también había señalado a Bridger y a Murphy.
La hipocresía había alcanzado cotas insospechadas.
Jake caminó a buen ritmo hacia la recepción.
El empleado civil sentado tras el mostrador era el mismo con el que Jake se había topado en su primer día en el Equipo de Investigación de Delitos Graves.
A juzgar por la expresión del hombre, reconoció a Jake y no le había perdonado del todo que dejara el vaso de poliestireno sobre la mesa después de que le ordenaran explícitamente que no lo hiciera.
Pero en aquel momento, nada de eso importaba. Lo que importaba era encontrar a Danika.
—¿Sabe dónde podría encontrarla? —preguntó Jake—. No me coge el teléfono.
Justo cuando el empleado iba a responder, las puertas dobles de la esquina de la sala se abrieron y de ellas salió la DCI Nicki Pemberton, la SIO a cargo del MIT. Jake no la había visto, ni había hablado con ella, desde su último día en la policía de Surrey.
—Jake… —dijo ella, sorprendida de verle. Seguía pareciéndole tan atractiva y correcta como recordaba—. ¿Qué haces aquí?
—Danika. ¿La has visto?
—¿No os habéis enterado…?
Le invadió una punzada de miedo.
—¿Ha presentado su dimisión?
Jake abrió la boca pero no fue capaz de articular palabra.
—Pensé que lo sabrías. Lo siento, yo…
—¿Cuándo?
—Su último día es dentro de una semana.
—No, ¿cuándo te la entregó?
—Hace un par de días. Pidió que fuera con efecto inmediato, pero no pudimos concedérselo. Está usando los días de vacaciones que le quedan para compensar.
—¿Sabes si sigue en el país?
Pemberton se encogió de hombros. Si le extrañaba su interrogatorio, no dio muestras de ello. —Imagino que sí. No he oído nada que sugiera lo contrario. Creo que puede haber vuelto al norte para ver a su familia, pero con cómo va el asunto, no me imagino… ya sabes…
Jake lo sabía. Había estado ayudando a Danika con sus problemas matrimoniales desde que empezaron a trabajar juntos.
La relación con su marido pendía de un hilo desde el incidente que le dejó discapacitado, y Jake era muy consciente de que ella ya arrastraba una dependencia del alcohol de antes.
De algún modo, esa información se había pasado por alto durante el proceso de selección y ella se las había arreglado para mantenerlo oculto a todo el mundo.
No fue hasta que Jake encontró por error una botella en su bolso cuando comprendió que algo iba seriamente mal.
Había guardado el secreto por ella, arriesgando su propio puesto de trabajo, ¿y así se lo pagaba?
Jake dio las gracias a Pemberton, regresó a toda prisa a su coche y condujo a toda velocidad hacia la dirección de Danika en Guildford.
Desde que se separó de su marido, ella había decidido dejar atrás aquella vida en Croydon y mudarse allí de forma permanente.
Jake había estado en su casa una vez. No era nada del otro mundo, pero bastaba para una sola persona.
Tenía cama, baño y cocina, y eso era todo lo que necesitaba.
Cinco minutos después, Jake frenó en seco frente a la vivienda. Dejó el coche mal aparcado a un lado de la carretera y se apresuró hacia la puerta principal de Danika.
Llamó. Y llamó. Y llamó.
Nada.
Se preguntó por qué Danika habría dimitido. Quizá el trabajo la estaba superando. Quizá se había enterado de lo que le pasó a Danny. Quizá pensaba que ella sería la siguiente…
Jake volvió a llamar.
Seguía sin haber respuesta.
Justo cuando se disponía a llamar otra vez, le sonó el teléfono.
Respondió sin comprobar la identidad del llamante.
—¿Jake? ¿Estás ahí? Soy Drew. ¿Dónde estás? He intentado llamar a todos los demás, pero nadie me lo coge.
—¿Qué pasa?
—No sabía a quién más acudir.
—¿Dónde estás?
—Estoy frente al piso de Richard Maddison esperando a que llegue a casa, pero creo que The Farmer y su grupo acaban de entrar por la fuerza en su vivienda. ¿Puedes venir cuanto antes?
Jake se tomó un momento para reflexionar. Drew le sacó del presente y le hizo darse cuenta de que tenía otra tarea pendiente.
—Estaré allí lo más rápido que pueda.