Capítulo 32
DESESTIMADO
L iam se masajeaba las manos con ansiedad.
Las repercusiones de la noticia de la BBC habían sido inmensas.
Y la prensa no había tardado en presentarse aporreando a su puerta, aullando en busca de respuestas y haciendo jirones cualquier cosa que él dijera...
como los lobos que eran. Para combatir semejante tempestad, Liam decidió organizar una rueda de prensa.
Estaba a punto de comenzar, y casi todos los medios de comunicación de la ciudad se habían congregado en la sala de conferencias más grande de Bow Green.
La estancia rebosaba de gente: reporteros, cámaras, técnicos con micrófonos en el extremo de largas pértigas y también un ejército de personal de apoyo civil que custodiaba el perímetro de la sala, filtrando a todo el mundo hacia el interior de manera organizada y civilizada.
Mientras permanecía sentado allí, esperando a que empezara el acto, Liam esperaba que Drew y Garrison hubieran terminado lo que estuvieran haciendo.
Ante los ojos de El Cónclave, le daría un aire de confianza el poder finalizar la rueda de prensa con la noticia de un arresto.
Sin duda, eso le otorgaría parte de la credibilidad extra por la que tanto había luchado.
No sabía si El Cónclave lo estaba observando o no, pero, dada la presión a la que se veía sometido, parecía probable.
Cuatro focos se encendieron y lo cegaron.
El subcomisario Richard Candy, el hombre en el que Liam había aspirado a convertirse durante tanto tiempo, llegó por una puerta a la derecha y se sentó a su lado.
Iba de uniforme, con la gorra de plato bajo el brazo.
Sus charreteras brillaban bajo la luz artificial y desprendía un aire de autoridad, en parte por su rango y en parte por su propia actitud.
El hombre era afable cuando quería, pero Liam había aprendido que su temperamento solía estallar con facilidad. Y lo había aprendido por las malas.
—Señoras y señores —empezó Candy—. Gracias por asistir esta tarde.
Agradecemos enormemente su presencia. Como bien saben, estamos todos aquí por las misteriosas circunstancias que rodean la muerte de Danny Cipriano.
Su fallecimiento es trágico y estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para resolver el caso y encontrar a la persona o personas responsables lo antes posible.
Candy dejó de hablar de repente y Liam interpretó aquello como su señal para empezar.
Se aclaró la garganta. —En las primeras horas de la madrugada del día veinticinco, Danny Cipriano fue asesinado en el Estadio Olímpico de Londres.
Rellenaron su cuerpo con cemento y, posteriormente, lo enterraron en el mismo material.
Las obras de construcción que se están llevando a cabo actualmente en el enclave se han paralizado mientras continúan nuestras investigaciones.
En este breve espacio de tiempo, estamos siguiendo varias líneas de investigación y confiamos en realizar un arresto de forma inminente.
Por razones de confidencialidad, no puedo revelar ninguna información relativa a los sospechosos en esta investigación en curso.
Hizo una pausa para aclararse la garganta de nuevo.
—Mientras llevamos a cabo nuestras pesquisas, también nos gustaría señalar que, si alguien tiene alguna información sobre este incidente, por favor llame a Crimestoppers a su número habitual.
Me he puesto en contacto con ellos y ofrecen una recompensa de cinco mil libras a cambio de información precisa y relevante.
La sala se iluminó con destellos y furor.
Las ansias de primicia se abrieron paso y las manos se alzaron y se agitaron hacia él, formulando un torrente de preguntas.
Liam estiró el cuello hacia la multitud e inmediatamente deseó no haberlo hecho.
Al fondo, abriéndose paso entre los reporteros y avanzando hacia él y el panel, estaban Lord Penrose y su socio.
Oliver se detuvo y miró fijamente a Liam con los brazos cruzados sobre el pecho.
Los ojos de Liam se movieron de izquierda a derecha, intentando centrarse en los reporteros que aguardaban con impaciencia su aprobación.
Pero no lograba concentrarse, no con el lord clavándole la mirada de esa forma, disparándole balas con los ojos.
Por un momento, Liam buscó a Tanya, esperando que estuviera allí; ella tenía la capacidad de distraerlo con una sola mirada. La encontró sentada, con la mano apoyada en un bloc de notas sobre su rodilla.
Justo cuando abría la boca para elegirla —a pesar de lo que ella había hecho en las últimas horas—, el subcomisario Candy levantó la mano y dio por concluida la entrevista.
—Lamentablemente, no podremos responder preguntas en este momento.
Por favor, si tienen alguna información sobre este incidente, pónganse en contacto con Crimestoppers.
El subcomisario se levantó de su silla y salió de la sala por la derecha de Liam.
Mientras tanto, Penrose le dio la espalda a Liam y salió por donde había venido, dejándolo a él a cargo de las consecuencias.
Tras apagarse las luces de las cámaras, los reporteros y periodistas se apresuraron hacia él, poniéndole los micrófonos bajo la barbilla.
—¡Nada de preguntas, por favor! —gritó mientras se apresuraba tras el subcomisario—. No tenemos nada más que añadir, señores, por favor.
Se abrió paso entre el aluvión de gente y exhaló un profundo suspiro de alivio en cuanto cruzó la puerta y salió al pasillo. Su breve momento de respiro no duró mucho; lo que vio ante sí le aceleró el pulso al máximo.
Oliver y Candy. Hablando en voz baja.
Oliver fue el primero en notar la presencia de Liam, seguido de Candy, que sostenía su gorra de policía bajo la axila y dejaba el brazo libre colgando a su costado. Al verlo, Oliver se acercó rápidamente.
—Creía que le habíamos dicho que mantuviera esto fuera de los medios de comunicación. Ya estamos lidiando con la filtración de hace un rato. No necesitamos que trascienda más información sobre esto.
—Con todo el respeto, señor —respondió Liam—, esta es una operación activa. No podemos elegir cuándo informar según nos convenga. O mejor dicho, según le convenga a usted . ¿Ha trabajado alguna vez en el cuerpo de policía, señor?
Oliver mantuvo los labios apretados.
—Entonces quizás comprenda que no tiene ni puta idea de lo que está hablando.
—¡Inspector jefe! —bramó el subcomisario Candy, y su voz llenó el pasillo—. ¿Cómo se atreve a hablarle así a Lord Penrose?
Candy se volvió hacia Penrose. —Oliver, por favor, perdone a mi colega. Como podrá imaginar, se siente un poco presionado en este momento. No solo recibe presión externa, sino también interna... por mi parte.
Candy le lanzó a Liam una última mirada fulminante.
—Es comprensible, pero imperdonable. Espero haberme explicado con claridad, inspector. —La expresión de Oliver era severa. Tenía el ceño fruncido, revelando unas líneas gruesas y profundas en la frente.
A regañadientes, Liam inclinó la cabeza. Sabía cuándo elegir sus batallas, y esta no valía la pena el disgusto. —Entendido, señor.
—Esto no ha terminado todavía. Quiero a más agentes en la investigación trabajando para resolver esto lo antes posible —replicó Oliver.
—Veré qué puedo hacer —dijo el subcomisario Candy.
—Bien. Ahora, inspector jefe Greene, si me disculpa, tengo que volver a mis asuntos, al igual que usted, estoy seguro. Y, si no le importa, necesito hablar unas palabras más con su jefe.