Capítulo 30
POR EL NEGOCIO
—¿ D ónde estás? —preguntó Garrison por teléfono. Estaba sentado dentro de su coche, todavía con las llaves en el contacto.
—Estoy llegando ahora mismo.
—¿Dónde? No te veo...
Garrison se tragó sus palabras. Una figura apareció a lo lejos, con una mano pegada a la cabeza y la otra en el bolsillo de su chaleco.
Vestido con vaqueros y un jersey verde bosque, el hombre parecía recién salido de una granja.
Caminaba con determinación y Garrison lo vio dirigirse hacia la cafetería en la que habían quedado.
—Estaré allí en un minuto. Busca una mesa. Me tomaré un café. Pagas tú.
Garrison se sacudió la ropa y se subió el cuello de la gabardina por encima de las orejas.
Con las manos en los bolsillos, se dirigió a la cafetería.
Para cuando entró, ya había un café esperándole en la mesa.
Había otra pareja sentada en el rincón más alejado del local.
Tras una evaluación rápida —y, según su experiencia, precisa—, no los consideró un riesgo.
—Qué hay, Phil —saludó Garrison al hombre tras el mostrador con un gesto de cabeza.
—Hola, Pete, cómo va eso —respondió el dueño.
Garrison no respondió. En su lugar, centró su atención en el hombre de la mesa.
Era bajo y de complexión fuerte, con el pelo corto y negro azabache y una barba descuidada.
Unos puntos de sutura le adornaban la barbilla y otro raspón le decoraba la mejilla.
Pero lo que más sorprendió a Garrison fue que mostraba el semblante de un hombre que no tenía nada de qué preocuparse cuando, en realidad, Garrison sabía que debería estar más inquieto de lo que aparentaba.
El hombre se llamaba Isaac y había sido elegido muy pronto en el proceso.
—¡Pete! —dijo Isaac, levantándose de la silla y estrechando la mano de Garrison. El apretón fue como él recordaba: firme, como si se la pelara demasiado.
—Me alegro de verte.
Ambos se sentaron y Garrison tomó un sorbo de su café.
—Me alegro de verte —repitió Isaac, echándose hacia delante en el asiento. Estaba encorvado y sus hombros parecían dos cabezas independientes naciéndole de la espalda—. Me alegro de que hayas llamado. He estado cagado de miedo desde la otra noche.
—No lo parece —comentó Garrison y bajó la vista hacia el Rolex del hombre, que brillaba bajo la luz—. ¿Ya te has pegado un capricho con el dinero?
Isaac se miró la muñeca. —Oye, ya sabes lo que dicen: si no tienes nada que ocultar, actúa como si así fuera.
Nadie ha dicho eso nunca . En ese momento recordó por qué no le gustaba Isaac. No era más que un bocazas. Pero para guardar las formas y atraer a Isaac hacia una falsa sensación de seguridad, Garrison soltó una risita, aunque otra parte de él no quería dignificar el comentario con una respuesta.
—Es la primera vez que alguien se pone en contacto conmigo —continuó Isaac.
—¿Qué pensabas que iba a pasar? ¿Que íbamos a ir a tu casa para ver si estabas bien y darte un abrazo? ¿Qué te dije cuando te puse al tanto?
Isaac vaciló mientras rebuscaba en su memoria. —¿Que tenía que quedarme quietecito?
—Sí. ¿Y qué más?
—Que... que...
De vez en cuando se oía el sonido de un coche pasando por delante de la cafetería.
Garrison suspiró. —Te dije que, si necesitaba hablar contigo, era porque había un problema.
Isaac entrecerró los ojos. —¿Qué pasa? He hecho todo lo que me dijiste.
No les he dicho nada a mis jefes. Les dije que un grupo de matones me tendió una emboscada en mitad de la calle.
La IPCC no ha dejado de acosarme con esto desde entonces.
Como es lógico, no les he contado nada. —Señaló los puntos de la barbilla—.
Incluso les he dicho que los secuestradores de Danny me hicieron esto.
—¿Seguro que no sospechan nada de ti?
Isaac asintió.
—Bien. Pero no es de ese problema del que hablo.
—¿Entonces de cuál?
—Puede que necesitemos usarte para algo. —Garrison hablaba con absoluta frialdad. Supuso que, en otra vida, podría haber sido un empresario de éxito sentado en una sala de juntas repartiendo despidos. Quizá incluso político.
—¿Qué has dicho?
—Vamos a usarte como prueba.
—¿Qué prueba?
—Necesitamos que cargues con la culpa. Hay un tipo al que le estamos encasquetando el asesinato. De momento tenemos algunas pruebas acumuladas contra él. Pero se supone que actúa solo.
—Ya...
—Así que surge la pregunta: ¿cómo se las arregló una sola persona para sacar a Danny Cipriano de su dispositivo de alta seguridad la misma noche en que lo trasladaban a una nueva ubicación?
—Él... él...
—No balbucees, Isaac. Te daré algo de tiempo para que lo asimiles. —Garrison estaba disfrutando. Se terminó el café y dejó la taza sobre la mesa.
El rostro de Isaac se contorsionó mientras sopesaba lo que Garrison le había dicho. Garrison perdió la paciencia.
—Te lo explicaré de forma sencilla, Isaac.
Sería increíblemente difícil —pero no imposible— que una sola persona detuviera vuestro furgón de seguridad en pleno trayecto, entrara y luego se llevara a Danny Cipriano exactamente de la misma forma en que El Granjero y su equipo lo hicieron en realidad. Habría necesitado ayuda desde dentro.
—Podría haberlo hecho solo...
Garrison sacudió la cabeza. —He dicho que era increíblemente difícil, pero no imposible. Y eso es apurar demasiado para nosotros. En nuestro negocio, no nos gustan ese tipo de márgenes.
Garrison se inclinó hacia delante. —Así que lo que quiero que pase es esto: Richard y tú estabais compinchados, él te propuso una gran suma de dinero —la misma suma que te dimos nosotros para que dejaras que El Granjero se llevara a Danny— y tú aceptaste.
Y ahora vas a aceptar la otra gran suma de dinero que vamos a darte por estar de acuerdo con esto.
Isaac golpeó la mesa con el puño, sin asustar a nadie.
—Podría ir a la cárcel... podría perder mi trabajo...
—¿Qué tal tu vida amorosa, Isaac? ¿Va bien? Por lo que he visto en un repaso rápido a tus redes sociales, parece que tu mujer te acaba de dejar. No he visto su cara en ninguna foto reciente.
—Tú ni siquiera sabes usar las redes sociales.
—Sé lo suficiente —espetó Garrison. No le gustaba nada que le ofendieran. ¿Y cuándo fue la última vez que hablaste con tu madre?
—Está... —Isaac tragó saliva y desvió la mirada—. Está en el hospital.
—Trágico —respondió Garrison—. ¿No dijiste que para eso ibas a usar el dinero?
—Sí.
—Excepto lo del reloj, claro. Pero al menos ahora ella recibirá el doble de donación benéfica. ¿Va a sobrevivir?
Isaac empezó a mover la pierna de arriba abajo, haciendo que el resto de su cuerpo temblara. —Puede. Los médicos no lo saben con seguridad.
—Bueno, espero que sí. Pero quizá quieras considerar usar el dinero para ti cuando salgas.
—Tú...
Garrison le cortó con un gesto de la mano. —Aún no he terminado. Como decía, ¿dirías que es justo afirmar que no tienes a nadie? En estas circunstancias, tu madre no cuenta.
Isaac no respondió. Una lágrima asomó en su ojo izquierdo y se la limpió con el pulgar. Garrison observó los movimientos del hombre, sin remordimientos.
—¿No? ¿Nadie que dependa de ti? Pues bien.
Entonces tiene todo el sentido. Mira, esto es un negocio, Isaac.
Y tú eres un producto de ese negocio. Y a veces los productos salen malos, así que tenemos que deshacernos de ellos por el bien de la empresa...
por el bien del negocio . De lo contrario, el resto de la empresa sufre las consecuencias.
No es nada personal, espero que lo entiendas.
Pero ya conocías los riesgos cuando te apuntaste a esto.
Lo que pase a continuación depende de ti.
—¡No puedes! —protestó Isaac—. Dijiste que no me pasaría nada.
—Y no mentía. No ha pasado nada todavía . Solo necesito saber que eres consciente de lo que podría pasarte después.
—No quiero.
Garrison soltó una carcajada. —Qué gracioso.
Porque no recuerdo haber mencionado que tuvieras voz ni voto en el asunto.
No hay nada que puedas hacer. Solo tienes que prepararte.
Nosotros estamos trabajando en el caso, así que es probable que ni siquiera te necesitemos.
Y si puedes resultar útil mientras tanto, eso solo ayudará a tu situación.
Garrison vaciló un momento mientras una idea florecía en su cabeza, como una flor en primavera. Aún no había terminado de jugar con las emociones de Isaac.
—A menos que... —comenzó Garrison—. Quizá pueda arreglar algo.
—Dime —dijo Isaac con impaciencia.
—No puedo prometer nada, pero te dejará en buen lugar.
—¿De qué se trata?
—Dime el nombre de la persona con la que hablaba Danny Cipriano. ¿Quién es el periodista?
Isaac ni siquiera dudó; como si estuviera respondiendo a una ronda de preguntas rápidas en un concurso televisivo.
—Tanya Smile. La mujer de BBC News. Ella es la reportera que se vio con Danny.
Interesante.
—¿Y quién es el contacto que los puso en comunicación?
—Danika. La detective Danika Oblak. De la policía de Surrey. Es la única que conocía el paradero de Danny que podría haberlo filtrado.
En ese momento, el dueño de la cafetería se les acercó y dejó sobre la mesa una bandeja metálica con el tique.
La conversación había llegado a su fin y Phil se había dado cuenta.
Garrison disfrutó al no tener que hacerle ninguna señal.
Tras años de experiencia, por fin le estaba cogiendo el truco a las cosas.
—Aquí tenéis, chicos.
Garrison miró el tique y luego a Isaac.
—¿Ni siquiera habías pagado?
—Yo... yo...
Garrison se levantó de la silla. Tenía todo lo que necesitaba. Y más.
—Gracias por el café, Isaac. Me alegro de que hayamos tenido esta charla. Ah, y si quieres mi consejo, no hagas ninguna idiotez. Recuerda lo que he dicho. Sabemos dónde estás tú y también dónde están tus seres más cercanos. Yo mismo o uno de mis hombres nos pondremos en contacto contigo.