Capítulo 27
SINCERÁNDOSE
L iam bajó la tapa de su ordenador portátil despacio, como si eso pudiera retrasar lo inevitable. Estaban a punto de verse con la mierda al cuello, se encontraban en una situación desesperada y no estaban preparados en absoluto.
Tanya. Lo había traicionado al publicar la noticia antes de tiempo.
Él le había dicho explícitamente que esperase a sus instrucciones.
Y ahora había presionado a Liam y a su equipo para que resolvieran el caso rápido, con los ojos de todo el mundo puestos en ellos.
Era demasiado tarde para arrepentirse de habérsela dado en primer lugar, pero era la única emoción que sentía ahora mismo.
Eso y rabia. ¿Cómo había podido ser tan estúpido de confiarle una información tan importante?
La respuesta era sencilla. Hormonas. Ego. Había pensado con el pene. Otra vez.
Liam dejó escapar un hondo gruñido y se pellizcó el puente de la nariz.
Necesitaba una copa. Una fuerte. ¿Una botella de bourbon, quizá? O tal vez algo un poco más potente, como absenta. Tenía una botella escondida para cuando los tiempos se pusieran difíciles de verdad.
Mientras Liam se deslizaba con la silla hacia el archivador que tenía detrás, llamaron a la puerta.
Drew.
—¿Qué quieres? —dijo Liam mientras se impulsaba de vuelta a su escritorio.
—Yo... yo... —Drew se frotó la nariz y sorbió con fuerza—. Yo... solo quería charlar.
Liam se levantó de la silla, dio un paso adelante y se detuvo a medio metro de Drew. Las pupilas del hombre eran como platos. Tenía los poros abiertos, los labios entreabiertos y el pecho subía y bajaba con violencia.
Los síntomas eran los mismos. Siempre los mismos.
—Vacíate los bolsillos —ordenó Liam.
Los ojos de Drew se abrieron aún más. —¿Qué dices?
—No me vengas con esas, tío . He dicho que te vacíes los bolsillos.
Con cautela, Drew metió las manos en los bolsillos delanteros y traseros del pantalón, sacando el móvil, la cartera y una tarjeta de visita suelta que tenía su información de contacto.
—¿A qué viene esto, Liam?
—En todos los bolsillos.
A Drew se le desencajó la cara. Pillado, y lo sabía. Lentamente, metió la mano en el bolsillo interior de la americana.
En cuanto sacó la bolsita de polvo, Liam se la arrebató de la mano y la tiró al suelo. Luego agarró a Drew por la solapa y lo empujó contra la pared, usando su peso corporal para inmovilizarlo, presionando contra él con un brazo apoyado en su clavícula.
—¡Jefe! ¡Relájate! ¿Qué estás...?
—¡Ni se te ocurra! —gruñó Liam en la cara de Drew, enseñando los dientes, manteniéndolos apretados para que su voz no traspasara las paredes—. ¿A qué coño juegas? ¿Estás consumiendo otra vez? Pensé que lo habías dejado.
Drew balbuceó como un bebé, incapaz de articular una frase con sentido.
—Dijiste que lo habías dejado —gruñó Liam.
—¡Lo había hecho!
—Las pruebas sugieren lo contrario. Así que no me mientas, Drew. ¡No me mientas, joder! —Estaba echando humo de rabia—. ¿Por eso no dejas de darme la vara para hablar con Henry? ¿Para poder conseguir tu próxima puta dosis?
Drew asintió con timidez.
—No me lo puedo creer. Yo... —Liam soltó a Drew y lo empujó al suelo antes de pasar por encima de él—. Te he dicho que te alejes de eso, Drew. Esa mierda te destrozará la vida. —Liam señaló la bolsita de polvo en el suelo—. Y créeme, no quieres ir por ese camino. Es muy difícil volver de ahí.
—Yo... yo... —Drew se atragantó mientras se ponía de pie con dificultad—. Lo intentaré, Liam.
Liam apretó el puño. Estaba a punto de darle un puñetazo en la cara una y otra vez —de usarlo como saco de boxeo para desahogar sus frustraciones con Tanya—, pero no quería darle el gusto de que ella siguiera en su cabeza ni un segundo más de lo que se merecía.
—Tienes que parar —ordenó Liam—. De lo contrario, esto no podrá continuar.
—¿Qué no podrá continuar?
—He estado dándole vueltas. A las posibilidades de una asociación. Tú. Yo. Henry.
—Ya tenemos una asociación... —Drew se sacudió la ropa y se aclaró la garganta.
—Es algo de poca monta. Insignificante. Nada comparado con lo que podría ser.
Piénsalo, ese barrio de mierda —con Archie y el resto— es de aficionados.
Nosotros queremos las grandes ligas. Como cuando Milner se fue al City.
Nadie lo vio venir, y mira ahora. Teniendo en cuenta que somos nosotros los que permitimos que Matheson meta la mercancía en el país, deberíamos llevarnos una tajada mayor.
Solo tenemos que descubrir cómo. ¿Alguna sugerencia?
Drew negó con la cabeza.
—Quizá cuando se te pase el colocón —dijo Liam.
Drew no respondió, y durante un rato ninguno de los dos dijo nada. Aunque se había desahogado con el tema de la adicción de Drew, todavía había un elefante en la habitación. Aquel parecía el momento perfecto para ventilarlo. Liam tragó saliva ruidosamente. —Hay algo más.
—¿Ah, sí?
—Necesito que seas sincero conmigo. No me enfadaré si me dices la verdad.
—¿De qué se trata, jefe?
—Solo tú sabes qué es lo que tienes que contarme. Hannah Bryant.
Al oír el nombre de Hannah, Drew se quedó inmóvil, plácido; el rápido ascenso y descenso de su pecho era la única parte visible de su cuerpo que se movía, y toda su cara quedó empañada por el miedo.
—¿Cómo sabes eso?
—Mi trabajo es saberlo. Y supongo que Jake también lo sabe. ¿Por eso le diste el dinero?
Drew suspiró. Bajó la mirada al suelo y la mantuvo allí mientras hablaba. —Se enteró cuando tomó su declaración como testigo. No tenía ni idea de que ella iba a estar allí. No la he visto desde entonces. Casi ni la reconocí. Fue hace quince años.
—¿Qué pasó?
—Yo acababa de... acababa de empezar, con Pete.
Ella era una niñata problemática, que causaba jaleo en las calles.
Temas de vandalismo. Cosas menores. No valía la pena el lío de tramitarlo como es debido.
Pero era guapa, muy guapa. Así que seguí con el tema.
Le prometí que, si hacía un par de cosas por mí, yo podría hacer un par de cosas por ella y hacer que los cargos desaparecieran.
—¿Cosas sexuales?
—¡No! Nada de eso. Le pedía que me comprara alcohol, comida, tabaco, drogas y esas cosas.
¡Ella fue quien me descubrió los cigarrillos Embassy!
Quería que pensara que yo era uno de los buenos, y que no solo la estaba usando para mis recados.
Una noche la invité a casa. Me había metido un poco de coca antes; ya sabes, para calmar los nervios, para relajarme.
Pero cuando vino estaba inquieta. Nerviosa. Así que le ofrecí un poco.
—¿Aceptó?
—Sí. Pero no mucha. No tanta como yo. Y entonces empezamos a hablar. A conocernos. Pedimos comida a domicilio, tomamos unas copas y, antes de que nos diéramos cuenta, estábamos en mi habitación, teniendo sexo.
—¿Estaba ella consciente?
—Yo... yo...
—¿Drew?
—No lo sé. No me acuerdo. Fue todo un poco confuso. Estaba drogado hasta las cejas.
—¿Así que seguiste adelante de todos modos?
—Se sentía bien. Hacía tanto tiempo desde la última vez que... ya sabes.
Liam exhaló profundamente, manteniendo sus niveles de estrés lo más bajos posible. Había prometido que no se enfadaría y pensaba cumplirlo.
—Vale... Vale... —dijo Liam, mientras su mente empezaba a considerar los siguientes pasos—. ¿Quién más sabe esto? ¿Garrison?
—Sí. Él fue quien lo investigó. Conseguimos que todo cuadrara de tal forma que nadie supiera que estábamos en el mismo departamento. Se hizo pasar por alguien de la Autoridad de Quejas de la Policía. Por aquel entonces todo era tan laxo que nadie le dio un segundo vistazo.
—¿Y qué hay de las pruebas?
Drew sorbió por la nariz y se la limpió con el dorso de la manga.
—Los forenses encontraron algo en su cuerpo. Pero él se las apañó para deshacerse de ello.
—¿Estás seguro?
—Sí. Me lo prometió. ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que Jake pueda hacer algo con ello?
—No creo que sea de Jake de quien tengas que preocuparte esta vez.